«Todavía resuenan en nuestros oídos las palabras de unos cracks de la comunicación. Efectivamente, el lunes 17 de noviembre, José, Luis, Manu, Jorge (Javi al mando del ordenador y agazapado en la sombra José Luis) nos dieron testimonio de su experiencia como miembros de un equipo línea cliente de la empresa de motores de ascensor Lancor. Vista la fuerza de su testimonio no es de extrañar que las cifras de negocio, de resultados y de energía suban de manera continua.
»Empezó Jabi Salcedo en su condición de coordinador general a poner el tema en contexto pero apenas habló, porque todo el protagonismo les correspondía a las personas de la línea. Y allí empezó José a explicar como antes todas las órdenes venían desde arriba, mientras que ahora, con el nuevo modelo de relaciones, los equipos se autoorganizan: desde elegir cada 6 meses al líder hasta coordinarse con el equipo de pilotaje, pasando por organizarse los tiempos, los acopios, definir los objetivos…
»Y a partir de ahí alternándose en la palabra Luis, Manu y Jorge fueron destacando aquellos aspectos que a cada uno les había parecido especialmente significativos. De hecho de las 4 personas que llevaron la explicación, 3 de ellas ya han pasado por el puesto de líder, así que bien podemos decir que todas ellas eran líderes.
»Se habló mucho de compromiso, de responsabilidad, de capacidad de decisión, de solidaridad y… de tensión.
»Pusieron todo tipo de ejemplos. La flexibilidad que supone alcanzar los objetivos e irte a casa antes de tiempo. Los marrones que a veces se tienen que comer por problemas logísticos que implican pringar más de lo previsto.
»Las discusiones que a veces se dan por el distinto grado de compromiso que las personas asumen en la consecución de los objetivos.
»Se acepta el principio de que no todos hacen lo mismo, se fomenta la polivalencia a través de la formación interna, se procura que nadie sea imprescindible, se esfuerzan por aprender a trabajar en equipo…
»Destacaban el buen ambiente entre los compañeros de la línea y a veces el inconveniente de tener que poner encima de la mesa actitudes insolidarias.
»Comentaron que existe una total transparencia informativa y que se sienten protagonistas de su trabajo y participes de la cosecha. Ahora nadie les dice lo que tienen que hacer, fijan sus propios objetivos, trabajan contra pedido, se responsabilizan de todas las actividades de la producción, los viernes cuando la semana ha ido bien alargan “el rato del bocadillo” para celebrar el éxito.
»Comentaron también que ha habido que espabilar. Les ha costado dos años llegar a alcanzar objetivos, al principio las cosas iban mal, luego regular y ahora están al 100% de garantía de servicio.
»Luego vinieron las preguntas y se les notaba en su salsa. Todo el público vivamente interesado en su experiencia, que ellos narraban con mucha espontaneidad, contando mil y una anécdotas que evidenciaban que hacer las cosas bien es tan sencillo como vivirlas en primera persona, sin obviar problemas y dificultades pero con ánimo constructivo.
»Más que de los QUÉs se habló de los CÓMOs. Se habló de compromiso, transparencia, confianza, trabajo en equipo, paciencia, presión, cosas que no gustan, el trabajo como relación, compromiso, disfrute… y al final de todo PERSONAS creciendo, disfrutando y comprometiéndose.»
Borja Lastra,
«¡Testimonios espectaculares!» Servicio de Innovación 2.0 (Blog de las personas del Servicio de Innovación del Departamento de Promoción Económica de la Diputación Foral de Bizkaia. Bizkaiko Foru Aldundiko Ekonomi Sustapen Sailaren Berrikuntza Zerbitzuko Gizon-Emakumeen bloga)
■
Equipos autogestionados nos propone el ner (Nuevo Estilo de Relaciones) para conseguir una organización basada en las personas, un proyecto. Autogestionado significa que funciona por sí mismo. Y un equipo autogestionado en un proyecto basado en las personas ―el elemento del ner que tratábamos en la página anterior― significa que sus metas y su actuación se orientan a las metas del proyecto común, las impulsan y las hacen realidad. En otras palabras, la misión del equipo es lograr que, en lo que respecta a su responsabilidad, el proyecto de todos salga adelante. Cada equipo autogestionado tiene en sus manos, por así decir, una parte del éxito de todos los demás equipos, del proyecto.
Esta forma de trabajar en equipos autogestionados nos sumerge directamente y al mismo tiempo en dos realidades inéditas en lo que hasta hoy se llama «empresa»: en relacionarnos y en asumir responsabilidades. Frente al mínimo porcentaje de personas que ejercitan ambas acciones en la empresa jerárquica, el ner involucra a todos y a todas. Así, nos encontramos que las personas alrededor son nuestros compañeros y compañeras, y que las metas del proyecto son nuestras metas, nuestro proyecto, que hemos de sacar adelante nosotros. Podemos recurrir al manual, al asesoramiento o al aprendizaje que deseemos, pero el momento de la realización nos corresponde solo a nosotros.
En las relaciones de equipo y en el reto de las responsabilidades, tenemos la oportunidad de asumir valores propios del nuevo estilo de relaciones, como dar espacios de libertad, que hemos tratado aquí no hace mucho, y experimentar satisfacciones como la de lograr objetivos juntos, de la que también hemos tratado hace poco como motor de unión con los demás. Todo ello vivido en primera persona, de manera que nos afecta directa y personalmente; no es una historia que nos cuentan, sino nuestra propia trayectoria laboral y profesional. De esta forma, dejamos de ser títeres y números, y somos personas, con voz, con voto y con un papel insustituible en el éxito común.
El trabajo en equipo no es corriente en la empresa, pero tampoco fuera de ella. Desde edades tempranas, el compañerismo no es un valor. El impulso de juzgar, clasificar, discriminar, dominar, tener prejuicios… llega a ser muy fuerte en este contexto de falta el espíritu de equipo, de solidaridad. Tenemos la muestra en la cultura corriente del «trepar», como se dice coloquialmente, «dejando cadáveres en el camino», otra expresión coloquial y gráfica. No se acostumbran el compañerismo y el trabajo en equipo como valores organizacionales ―y no ya solo personales pues, evidentemente, en todas partes hay personas que se tienden la mano unas a otras―.
Como son una práctica desacostumbrada, quizá encontremos que tenemos dormida nuestra capacidad de realizarla. Y como tampoco forma parte de la cultura imperante, más de una vez nos sentiremos pioneros construyendo una nueva cultura donde todas las personas importan. No podemos permitirnos actitudes destructivas hacia las personas con las que compartimos el mismo «techo» laboral, pues estaríamos minando nuestro propio futuro. El trabajo en equipo nos permite desarrollar emociones positivas hacia las personas, conocer qué hay detrás de esos compartimentos (departamentos) donde la cultura jerárquica aísla a quienes integran una organización ―y que, curiosamente, a veces se llaman entre sí «compañeros», «compañeras», sin apenas conocerse ni haber trabajado realmente «juntos»―.
Gracias al trabajo en equipo, la palabra «juntos» llega a ser un gran sinónimo de dos buenas realidades, bienestar y eficiencia.