«Para sentirse cómodo en un proyecto basado en las personas, es necesario creer en las mismas de verdad. Hay que desterrar los modelos basados en el control y hay que crear espacios de libertad y confianza. Hay que aprender de los errores, hay que dejar de juzgar permanentemente y tomar lo mejor que cada componente pueda aportar.
»Mi idea de organización es, ante todo, un proyecto basado en las personas y en unas nuevas relaciones. Soy un soñador nato de unas nuevas formas de relacionamos, pero no estoy hablando de utopía, sino de realidades desarrolladas en muchas empresas.
»Nuestra propuesta va contra la cultura empresarial y organizativa establecida porque lo que proponemos es que la gente trabaje en equipo de verdad, que se comunique, tenga confianza, que sea generosa y acepte y participe en un proyecto común.
»El sistema jerárquico piramidal vigente procede de 1913 y tiene su origen en la organización militar, y seguimos igual.
»La mayoría de los ejecutivos quieren herramientas, incluso cuando quieren hablar o tratar de las emociones de las personas quieren procesos y procedimientos. Por eso, desde hace décadas soy antiprocesos y antiprocedimientos, porque estas herramientas matan siempre la creatividad de las personas. Debemos dejar espacios de libertad que motiven la creatividad innata de las personas.»
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Egun on!, ¡buenos días! Empezamos la semana con un gran tema, que es además el elemento con el que comienza el ner. No se comprende que hoy en día siga habiendo «empresas». Una entidad con tantos males endémicos y tan paralizada en su organización, en su esqueleto, que ya vemos en lo que han desembocado, en este durísimo tiempo de prueba, muchas «empresas»: «en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada», como dice el verso del cordobés Góngora.
El citado verso es el último de un soneto que, allá en los siglos en los que se liberaron de la rigidez medieval, invita a gozar de la vida, de la plenitud de la juventud, pues se terminan antes de que nos demos cuenta. Así pueden pensar en muchas empresas sus propietarios, sus directivos, sus grupos de poder, viendo que a ellos les llega la cosecha, la comodidad, etc., y no se preguntan por el origen de todo ello ni por su destino. Por esto, desde el ner hablan de valores, porque la vida empresarial no es poder y dinero, ni, por extensión, lo son la vida personal y la vida social.
La opinión pública en general vemos ahora como un fracaso el cierre de empresas y el consecuente desempleo. Y al contrario, vemos como un éxito el hecho de que una empresa, del tipo que sea ―desde empresarios individuales a grandes multinacionales―, continúe adelante y mantenga los puestos de trabajo. ¿Por qué no se ha pensado antes en preservar y aumentar el éxito empresarial que es el empleo? Quizá porque no hemos pensado en «personas».
Aun las empresas que hoy, en este momento, generan desempleo para simplemente generar mayor ganancia ―lo cual es aplaudido desde determinadas posturas― son igualmente víctimas de su fracaso, pues deben recurrir al despido por su incapacidad de encontrar un lugar en el mercado. De haber logrado esto segundo, las ganancias serían muy superiores a la de simplemente evitar lo que se considera un coste: las personas.
En las sociedades actuales, se van terminando los regímenes totalitarios, independientemente de la ideología que los impulse, y que evolucionamos hacia relaciones democráticas, que también deseamos perfeccionar, pues aún son jóvenes. ¿Qué formas de relación y existencia elegiremos en esta nueva era que se anuncia de más oportunidades para más personas? En el ner lo tenemos muy claro: el futuro es de los «proyectos basados en las personas» porque lo que importa de las personas no es su belleza, fuerza, juventud, madurez, etc., sino su conocimiento, y este aumenta siempre con las oportunidades que se encuentran en los proyectos participativos.
Aunque existe la historia, nuestro pasado, nuestra trayectoria de errores y aciertos, cada día y cada momento están por hacer, son una página que estrenar. Así que, amigos y amigas, vamos a contar con las personas, a dar a cada una su espacio para que pueda llenarlo de aportaciones y relaciones. Es hora de reciclarnos, salir del individualismo, de dejar de encastillarnos en el «yo, yo, yo» y vivir la aventura apasionante de «nosotros». Eso sí, con paciencia mientras se nos colocan los respectivos espacios personales, como en los puzles ―el famoso «caos organizado» del ner―. Con paciencia y espíritu de ponernos de acuerdo, partiendo de la base de que en un «proyecto basado en las personas» hay, y debe haber, lugar para todos. Será un lugar diferente del pasado y, ¿mejor?, eso dependerá en buena medida de nosotros y de nuestra capacidad personal de evolucionar.



