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Óscar García |
Desde el estallido de la crisis actual, una infinidad de libros y estudios sobre el tema han hecho su aparición, enfatizando en la mayoría de las ocasiones, sobre sus efectos negativos. Términos como «desempleo», «recorte del gasto social», «restricción del crédito»... han irrumpido en nuestras vidas monopolizando la totalidad de las conversaciones.
Siendo cierto que nuestro nivel de vida ha retrocedido considerablemente desde el comienzo de la crisis, no tenemos nada más que echar un vistazo a las estadísticas sobre los índices de pobreza para comprobarlo; de igual manera, podemos afirmar que no todas las consecuencias de la crisis están siendo negativas.
Hasta el año 2008, la aspiración de la mayoría de las personas se centraba en mejorar continuamente su nivel de vida, supeditando a este logro la propia felicidad. (Un mejor coche, un aumento de salario, una casa más grande...) Todo nos parecía insuficiente, encontrándonos en un estado de continua insatisfacción. Tras varios años de lidiar con los rigores de la crisis, esta filosofía de vida ha comenzado a resquebrajarse. Hoy, a comienzos del año 2012, hemos comenzado a valorar en su justa medida todo aquello que habíamos conseguido, reemplazando ese objetivo de continuo crecimiento por el de conservar lo alcanzado.
Aun reconociendo que el cambio ha sido importante, si queremos construir una nueva sociedad, más justa y solidaria, por cierto la única vía con ciertas garantías de éxito para dejar atrás de forma definitiva la omnipresente crisis que estamos padeciendo, debemos seguir avanzando por esta senda, dando paso a nuevas ideas como vivir con menos, reparto equitativo de los recursos, cooperación, bien común, etc. No me gustaría pecar de pesimista, pero o mucho me equivoco o este tipo de planteamientos no van a emerger en nuestra sociedad de forma natural. Por lo tanto, todo parece indicar que se hace necesario seguir soportando durante algo más de tiempo los severos efectos de la situación actual, para que la escala de valores predominante hasta el día de hoy, la verdadera desencadenante a mi entender de la crisis, quiebre de forma definitiva. Todo parece indicar que al final vamos a poder afirmar que esto de la crisis nos ha venido bien. Lo que tradicionalmente expresamos como:
«No hay mal que por bien no venga o hacer de la necesidad una virtud.»
Para terminar os dejo un enlace donde se muestra que algo está cambiando en la sociedad. A ver si somos capaces de aprovechar el momento y construir un mundo mejor.
http://www.publico.es/actualidad/dimite-director-goldman-sachs-bancarrota.html
Mucho ánimo a todos.


