Como hemos empezado el día con el despertador de la confianza, nos hemos dado cuenta de que el deseo de confianza es intenso y compartido en todas las esferas de la vida de las personas: las instituciones desean la confianza de los ciudadanos, los mercados desean la confianza del consumidor, los padres desean la confianza de los hijos, los hijos la de los padres, las parejas y las amistades duran lo que dura la confianza, un medio de comunicación desea la confianza de su público... Esto es lo que encontramos nada más asomarnos al tema por la gran ventana de Internet. No es cuestión pequeña, pues.
Así que tenemos que dar la razón a Koldo Saratxaga —aunque sea por intuición, si no tenemos tanta ciencia y experiencia como él—, cuando afirma sobre esta crisis: «Es posible que no hubiéramos llegado a esta situación, si la confianza hubiera sido un valor en alza». Te lo repetimos en euskera: «Konfiantza goranzko balioa izan balitz, agian ez ginatekeen egoera honetan egongo». Puedes leer estas declaraciones de Koldo en Euskonews, en euskera y en castellano.
La confianza se genera en gran parte con credibilidad: de una persona, una institución... Las personas y las instituciones pueden reunir en su forma de ser y actuar todos los motivos y fundamentos para que se les dé credibilidad y, sin embargo, no recibirla.
Si vamos a analizar estos casos, podemos encontrar las malas hierbas de la calumnia o de la minusvaloración procedente o bien de prejuicios mentales o bien del desconocimiento o bien de un propósito preconcebido en busca de un beneficio, etc.
Por este motivo, a menudo las empresas no se ocupan tanto del ser como del parecer. ¿Para qué construir una realidad que exigirá esfuerzo y tiempo si no será apreciada? Mejor es crear la ilusión de que existe esa realidad, venderla...
En esta línea encontramos incontables libros, conferencias, seminarios, titulaciones, etc. etc. que pretenden transmitir «nuevas estrategias de comunicación para aumentar nuestra credibilidad», o capacitar para «comunicarse con diplomacia, tacto y credibilidad», etc. Poner más ejemplos sería repetirnos inútilmente. Puedes hacer tu búsqueda personal en este campo.
Nuestra apuesta en confianza y en credibilidad y comunicación es Koldo Saratxaga y lo decimos porque no es sólo nuestra apuesta, sino la de muchas personas, o si dijéramos miles, más exacto sería. Son, por ejemplo, las personas que le tuvieron como líder en Irizar y le renovaron su confianza a lo largo de 14 años.
«A Koldo Saratxaga le hicieron una cena despedida más de 300 personas en Ormaiztegi, y tuvo que aguantar una cola de más de una hora porque todos querían darle un abrazo para despedirse.
¿Alguien hará cola en esta empresa cuando los jefes se jubilen?. Eso suponiendo que la empresa aguante tanto...
Cada uno que saque sus conclusiones, que yo tengo las mías.»
Hoy es buen momento para visualizar esta situación que conocemos por un anónimo comentarista. También podemos leer el número de Irizar Berriak dedicado a Koldo: «Koldo Saratxaga: 14 urtetako historioa. Koldo Saratxaga: 14 años de historia»; en sus páginas, comprobaremos que Koldo se había preocupado de todas las personas de Irizar, incluidas las señoras que atienden los fogones, los proveedores en otros países, los máximos ejecutivos...
Koldo Saratxaga cuenta además con el reconocimiento como uno de los «gestores de empresas vascas con mejor reputación». Lo indica un merecido premio RECOR Euskadi 2005, otorgado tras una consulta a 90 líderes de opinión de diferentes sectores empresariales vascos, realizada por la consultora de comunicación Citigate Sanchis.
Estos pocos ejemplos de la credibilidad de Koldo Saratxaga son lo suficientemente significativos como para comprender que un termómetro de la confianza con el que pueden contar líderes y directivos es el retorno en cariño que reciben de las personas de la organización.
El cariño que se recibe es la cosecha de una siembra continua de comunicación y transparencia. Así nos lo explica Koldo:
«Si no hay confianza no hay proyecto común, ningún trabajador apuesta por la empresa, se limita a cumplir sus ocho horas y se va.
Para que haya confianza se necesita comunicación y transparencia y así los trabajadores además de la fuerza pondrán su ilusión, su pasión y su cerebro en su labor diaria.»
Entendemos entonces cómo construyen la confianza Koldo Saratxaga y K2K emocionando, tanto en una gran multinacional como en una empresa de 10 ó 15 personas: con comunicación de puertas afuera y de puertas adentro.
No es lo que se lleva, dice Koldo en su charla en Nazaret Zentroa, ni tampoco la sinceridad, pero el compromiso con un proyecto común de futuro requiere comunicación para salir adelante, nos insiste.
Su insistencia es adecuada ya que la comunicación no se impone, sino que fluye. Gracias a esta insistencia de Koldo, vamos oyendo, luego escuchando y por fin comprendiendo. Con esta misma paciencia y constancia, Koldo transmitió el modelo Irizar en la lejana China a las personas de la planta de Irizar Tianjin: «Primero lo oyeron, después lo escucharon y, al final, lo comprendieron cada vez más y mejor», escribe en NER.
Si queremos asumir la confianza, es posible que nos encontremos con que tenemos que crear una organización desde cero, desde la página en blanco, afirma con pasión Koldo Saratxaga: «Hay que crear organizaciones sin miedos y sin temores».
A nosotros nos gusta además el margen de comodidad que crea la confianza en las relaciones, es todo lo contrario del estrés y de las malas prácticas de pisar, intrigar, etc. que lamentan muchas personas como desgracias en su vida laboral. Así que por la parte del bienestar, y no sólo por la financiera, la confianza es un negocio espléndido.
Aunque la parte financiera, a fin de cuentas, depende mucho del bienestar de las personas, que nos lleva a sentirnos más dueños del proyecto común, más libres, estimula nuestra creatividad y nos aporta la energía para lograr los retos.
«Los datos indican que las organizaciones que más ganan son aquellas donde las personas más a gusto están.
Liderar el entusiasmo es más rentable que gestionar el control y la obediencia, generando miedo.»
(Koldo Saratxaga, La innovación como cosecha. ¿Y la siembra?)

