La «perspectiva de futuro» que propone el Nuevo Estilo de Relaciones, el NER, al igual que la «continua sensación de siembra», facilita entender a Koldo Saratxaga cuando nos dice que el NER hay que sentirlo, tenerlo en las tripas o en las entrañas.
Si nos paramos a pensar, nos daremos cuenta de que sostener la perspectiva hacia el futuro mientras vamos viviendo en el presente indica unas raíces, en contraste con estar orientados al momento. Sería una contraposición comparable a tener una perspectiva o distancia respecto a un panorama, en lugar de tener una foto del mismo.
Vemos que el NER es una forma de vivir, una realidad. No podríamos tenerlo como referencia constante si no fuera así. Si se tratara de una receta, herramienta o conocimiento teórico lo tendríamos «aparcado» en la mente o en un libro. Lo mismo sucedería si fuera creación de un momento, como es una moda, que puede dejar obras de arte, pero que nace, se desarrolla y caduca. Por el contrario, cada vez somos más en la familia del NER.
Cuando encontramos un mensaje o a una persona que nos hablan de futuro, de largo plazo, nos hacemos a la idea de que estamos ante una realidad consistente, no improvisada y que, por ello, va a reclamarnos energías y cuidados constantes.
Sin duda Oscar García habrá hablado de la «perspectiva de futuro» a los empresarios y empresarias en el seminario que ha impartido esta pasada semana, invitado por la Cámara de Comercio de Burgos y Cajacírculo. Hablando de charlas, dentro de unos días Oscar y Pablo Aretxabala estarán dando otro curso-seminario, esta vez en el programa Kirolbide. También la entrada es libre y el plazo de inscripción acaba el día 6 de junio. La charla es en Bilbao, el 9 de junio.
¿Qué propone el NER de cara al futuro? Que hay que cambiar, y los motivos nos los muestra en la realidad que nos rodea: el fracaso del sistema educativo —cuando paradójicamente estamos adormecidos desde hace tiempo con el estribillo de la generación mejor preparada de la historia—, la falta de competitividad, la grave crisis organizativa y empresarial... Para conocer estos motivos, despertar y tomar impulso de cambio nos viene muy bien leer a Koldo en su artículo reeditado y ampliado «¡Despierta, sociedad!».
El «diagnóstico» de la necesidad de cambio lo estamos oyendo y leyendo con gran intensidad desde que comenzó esta gravísima crisis. Ayer lo hemos leído en el El Correo, dicho por Emilio Titos, director de los centros industriales de Mercedes España: «En Euskadi percibo inquietud en las empresas porque todo cambia rápidamente y se necesitan, asimismo, cambios estructurales».
A título individual, a título conjunto en un proyecto empresarial o de otro tipo, la supervivencia requiere movimiento. La propia naturaleza nos da ejemplo cada día, hasta a quienes vivimos en ciudades, por ejemplo, en el agua que siempre encuentra una salida cuando se rompen sus cauces o conductos.
De modo que si la formación recibida o los proyectos se estancan y nos llevan a una situación en la que parece que no hay futuro, hay que cambiar, no mejorar: cambiar, y «cambiar es cambiar».
También hay que cambiar cuando las cosas van bien, y esto solemos hacerlo cuando nos comportamos de forma previsora, reaccionando a los síntomas de cambio y a los cambios que a cada minuto ocurren a nuestro lado. Porque todo cambio tiene consecuencias, como sabremos reconocer si tenemos una perspectiva de futuro.
Por todas partes se habla de cambio. Con escritos como el citado de Koldo vamos entendiendo las causas de esta situación que tenemos que cambiar, los errores que debemos evitar repetir de cara al futuro. El NER es uno de los caminos de cambio que tenemos abiertos hacia el futuro.
Con estas ideas que hemos estado cosechando te dejamos por hoy y hasta el miércoles: pensando en que ir al futuro, tener perspectiva de futuro, nos pide cambio continuo. Vamos a ver lo que necesitamos cambiar hoy por nuestra parte.

