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sábado, 7 de noviembre de 2015

Orgullo de pertenencia – Koldo Saratxaga*




El orgullo es una fuente de energía y compromiso emocional, en los proyectos que sobresalen del resto, que es necesario cultivar y motivar activamente.

En definitiva, la cuestión consiste en cómo hacer para que esas personas que se reúnen todos los días tengan algo en común que les haga sentirse orgullosos. Y la solución no es otra que contar con un proyecto común, solo en eso y en todo eso: un proyecto común. Y para ello se deberán desarrollar permanentemente aspectos tales como la comunicación, la responsabilidad y la interactuación libre. Permanentemente hay que estar haciéndolos realidad, facilitándolos.



Me parece que el dinero tiene una evidente importancia para las personas, pero no logra arrancar o extraer lo mejor de ellas de forma permanente. En cambio, la participación en equipos de alto rendimiento, con retos claros y exigentes, lo consigue. Como también la extraordinaria satisfacción que se siente por el éxito compartido y el orgullo profesional.

Está claro que, con el paso del tiempo, el trabajo conjunto da mejores resultados que el que se conseguía trabajando de forma individualizada. Al conseguir mejores resultados se sienten orgullosos de lo que hacen y de cómo lo hacen. Pero no podemos conseguir que todas las personas hagan exactamente lo mismo. Y eso es palpable en la vida real, pues ni todos corremos lo mismo, ni saltamos lo mismo, ni a todos nos gusta el mismo monte, ni la misma música, ni la misma comida... Cada uno tenemos nuestras propias y únicas experiencias, nuestras sensibilidades, emociones, sentimientos... y en eso reside la riqueza humana, en toda esa diversidad de gustos, costumbres y de formas de hacer y sentir.



Me pregunto de qué podemos sentirnos orgullosos, en nuestra actividad profesional, y me surgen algunas ideas, tales como:

Del resultado del trabajo y de lo que haces por los demás.

De las habilidades y destrezas que hemos aprendido.

De la gente que nos respeta por lo que hacemos y no por lo que ganamos.

De la imagen lograda con nuestro esfuerzo compartido.

De las personas que se nos acercan por lo que hacemos.

De los logros de otros como consecuencia de nuestro apoyo.

... ... ...



Aquí surge la duda al comprobar que organizaciones con modelos y jerarquías tradicionales tienen buenos e incluso excelentes resultados. Esto no se puede discutir. Sin embargo, ¿qué garantía, qué confianza tienen estas organizaciones cuando piensan en el futuro de esos buenos resultados?

Entiendo que existen y existirán trabajos en los que, posiblemente, la mejor forma de realizarlos sea lo que entendemos como trabajo en cadena. Pero tenemos dos formas de hacerlo: una consiste en contratar operarios cuando no puedes sustituirlos por robots; como me contestó el director de personal de una gran empresa, en una conferencia en la que ambos intervenimos, a mi afirmación de que en mi opinión era un error contratar solo brazos y no cerebros con brazos: «Koldo, yo si pudiera, contrataría solo dedos»; la otra, en hacer participar en el diseño de la cadena y el producto a las personas que van a dedicar parte de su vida a trabajar en ella.

A algunos altos ejecutivos, expertos en I+D y en procesos les parecerá un sacrilegio lo que estoy diciendo: ¿los obreros participando en el diseño y en el proceso?, ¡qué locura! Pero quizás la única locura resida en no haberlo intentado y, por tanto, en ignorar de qué estamos hablando. Porque «sus» «obreros» seguro que sabrán de lo que se les habla si los directivos lo intentan.

La cuestión es si ponemos la tecnología, la cadena, por delante o por detrás de las personas. ¿Es la cadena para las personas, o las personas para la cadena?

Cuando hablo de personas integradas en el proyecto, me refiero a todas las personas, a todas aquellas que piensan en la tecnología y que la compran, que la implementan y que la utilizarán en el futuro, puesto que todas ellas, antes de adquirirla, lo han decidido juntas, convencidas, de común acuerdo. De esta manera será más rentable a corto plazo, pero mucho más a largo plazo, puesto que todas esas personas cada vez cuentan con más conocimientos compartidos, con más orgullo compartido, con más creatividad y éxito compartidos.

Además, insisto, porque seguro que lo he repetido varias veces, la tecnología se compra y la cultura que impregna a esas personas que actúan de esa manera no, sencillamente, solo se crea.



* ¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar. Un modelo basado en las personas, Barcelona, Editorial Granica.










jueves, 5 de noviembre de 2015

Parte izatearen harrotasuna, orgullo de pertenencia | ¿De qué podemos sentirnos orgullosos, en nuestra actividad profesional? – Energía y compromiso emocional – ¡A trabajar... en proyecto común! – Trabajo de personas, en cadena, con I+D... con orgullo compartido




¿De qué podemos sentirnos orgullosos, en nuestra actividad profesional?

Me pregunto de qué podemos sentirnos orgullosos, en nuestra actividad profesional, y me surgen algunas ideas, tales como:

Del resultado del trabajo y de lo que haces por los demás.

De las habilidades y destrezas que hemos aprendido.

De la gente que nos respeta por lo que hacemos y no por lo que ganamos.

De la imagen lograda con nuestro esfuerzo compartido.

De las personas que se nos acercan por lo que hacemos.

De los logros de otros como consecuencia de nuestro apoyo.

... ... ...



Energía y compromiso emocional

El orgullo es una fuente de energía y compromiso emocional en los proyectos que sobresalen del resto, que es necesario cultivar y motivar activamente.

En definitiva la cuestión consiste en cómo hacer para que esas personas que se reúnen todos los días tengan algo en común que les haga sentirse orgullosos. Y la solución no es otra que contar con un proyecto común, solo en eso y en todo eso: un proyecto común. Y para ello se deberán desarrollar permanentemente aspectos tales como la comunicación, la responsabilidad y la interactuación libre. Permanentemente hay que estar haciéndolos realidad, facilitándolos.



¡A trabajar... en proyecto común!

Me parece que el dinero tiene una evidente importancia para las personas, pero no logra arrancar o extraer lo mejor de ellas de forma permanente. En cambio, la participación en equipos de alto rendimiento, con retos claros y exigentes, lo consigue. Como también la extraordinaria satisfacción que se siente por el éxito compartido y el orgullo profesional.

Está claro que, con el paso del tiempo, el trabajo conjunto da mejores resultados que el que se conseguía trabajando de forma individualizada. Al conseguir mejores resultados se sienten orgullosos de lo que hacen y de cómo lo hacen. Pero no podemos conseguir que todas las personas hagan exactamente lo mismo. Y eso es palpable en la vida real, pues ni todos corremos lo mismo, ni saltamos lo mismo, ni a todos nos gusta el mismo monte, ni la misma música, ni la misma comida... Cada uno tenemos nuestras propias y únicas experiencias, nuestras sensibilidades, emociones, sentimientos... y en eso reside la riqueza humana, en toda esa diversidad de gustos, costumbres y de formas de hacer y sentir.



Trabajo de personas en cadena con orgullo compartido

Aquí surge la duda al comprobar que organizaciones con modelos y jerarquías tradicionales tienen buenos e incluso excelentes resultados. Esto no se puede discutir. Sin embargo, ¿qué garantía, qué confianza tienen estas organizaciones cuando piensan en el futuro de esos buenos resultados?

Entiendo que existen y existirán trabajos en los que, posiblemente, la mejor forma de realizarlos sea lo que entendemos como trabajo en cadena. Pero tenemos dos formas de hacerlo: una consiste en contratar operarios cuando no puedes sustituirlos por robots; como me contestó el director de personal de una gran empresa, en una conferencia en la que ambos intervenimos, a mi afirmación de que en mi opinión era un error contratar solo brazos y no cerebros con brazos: «Koldo, yo si pudiera, contrataría solo dedos»; la otra, en hacer participar en el diseño de la cadena y el producto a las personas que van a dedicar parte de su vida a trabajar en ella.

A algunos altos ejecutivos, expertos en I+D y en procesos les parecerá un sacrilegio lo que estoy diciendo: ¿los obreros participando en el diseño y en el proceso?, ¡qué locura! Pero quizás la única locura resida en no haberlo intentado y, por tanto, en ignorar de qué estamos hablando. Porque «sus» «obreros» seguro que sabrán de lo que se les habla si los directivos lo intentan.

La cuestión es si ponemos la tecnología, la cadena, por delante o por detrás de las personas. ¿Es la cadena para las personas, o las personas para la cadena?

Cuando hablo de personas integradas en el proyecto, me refiero a todas las personas, a todas aquellas que piensan en la tecnología y que la compran, que la implementan y que la utilizarán en el futuro, puesto que todas ellas, antes de adquirirla, lo han decidido juntas, convencidas, de común acuerdo. De esta manera será más rentable a corto plazo, pero mucho más a largo plazo, puesto que todas esas personas cada vez cuentan con más conocimientos compartidos, con más orgullo compartido, con más creatividad y éxito compartidos.

Además, insisto, porque seguro que lo he repetido varias veces, la tecnología se compra y la cultura que impregna a esas personas que actúan de esa manera no, sencillamente, solo se crea.



Koldo Saratxaga
¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar. Un modelo basado en las personas










jueves, 22 de octubre de 2015

El futuro y la perspectiva – Koldo Saratxaga*




Sin beneficios no hay futuro. Sin la eficiencia y el cliente, no hay beneficios.

Hay cosas que son contradictorias: ya he comentado ―y las encuestas lo avalan―que la mayoría de las organizaciones están infectadas del virus de lo urgente. Muchas de las decisiones y maneras de hacer son válidas sólo para salvar la cosecha del día, pero no para que la tierra sea eficiente y fértil para las cosechas futuras.

En esta situación de achique continuo, de presión diaria, de orientación a la cosecha a corto plazo, ¿cómo se pretende tener alguna idea de futuro válida?, es imposible tener unos cimientos y generar un crecimiento que nos garantice el futuro.

Una organización orientada al futuro es una organización que «tiene» ideas, que «quiere» ponerlas en marcha y que lo «hace» con ilusión, que tiene capacidad de acción y riesgo.

A todos los empresarios y ejecutivos les gustaría saber qué pasará en el futuro. Sin embargo, son muy pocos los que tienen una visión y una perspectiva lo suficientemente claras como para sentirse seguros y transmitirlas a su entorno.

Si visualizamos qué futuro queremos para nuestra organización y este es compartido, las posibilidades de encontrarnos con él aumentan considerablemente.

Claro está, si unos pocos dicen lo que hay que hacer y predicen el resultado, te dirán, «hazlo tú, pues tú lo has dicho, no yo». Pero cuando el resultado no se logra te tirarán a la cara un «¡mira el listo!». Y si se consigue, «¡para eso estás!».

Esto no es compartir el éxito; si se logra, es mi éxito, y si llega el fracaso, es relativamente fácil buscarle justificaciones. Y eso no vale.

Un buen líder no se mete en la recogida del fruto. Sabe que vendrá el fruto y también que hay muchos capaces de mimarlo y hacer que resulte una cosecha eficiente, tal y como habían compartido. Lo que diferencia en muchos casos a los líderes de los ejecutivos es esta capacidad de visión a largo plazo.

El líder crea una organización y una cultura orientadas al futuro gracias a la confianza en las personas que la componen y con la dedicación de una parte muy importante de su tiempo a comunicar y hacer comprender a todos esa idea del proyecto común.

En el fondo es sencillo, lo que sucede es que implica muchas horas de comunicación y de tratar de lograr que cada uno entienda qué es lo que se quiere hacer.

En mis primeros años en Irizar, dedicaba más del ochenta por ciento (80%) de mi tiempo a estar con las personas, ya fuera de manera formal o informal. Creo que, a lo largo de los años siguientes, nunca ha sido menos del cuarenta por ciento (40%) de mi tiempo. Tiempo dedicado a que todos comprendieran claramente el porqué y el para qué de lo que hacíamos. Por este motivo, en todos los encuentros informales, las preguntas que se me hacían siempre tenían que ver con temas de largo alcance. Habían interiorizado el largo plazo. Formaba parte de nuestra cultura. Los resultados son una consecuencia del hacer con ilusión. Lo que se trata es de compartir el resultado entre todos.

Siempre estoy hablando de proyecto compartido. El proyecto compartido es algo esencial. Considero que es necesario trasmitir ilusión, dar a conocer que existe un proyecto y que entre todos podemos conseguir llevarlo a buen puerto. Que no esperen el milagro, el acierto del director, el éxito del producto o una buena campaña de ventas... porque todo eso puede ser pan para hoy y hambre para mañana si detrás sigue sin existir un proyecto consolidado.

La cuestión no es el presente, sino el futuro. El presente puede ilusionar a corto. Con pronunciamientos como «ya tenemos para tres meses», «parece que hemos acertado», ¿qué ha cambiado?, ¡nada! En el fondo, es así, no se ha producido ningún cambio.

La cuestión es cómo asentamos el proyecto de cara al futuro. La clave estriba en que cada persona, y dentro de sus conocimientos, se sienta necesaria, útil e importante con lo que hace y aporta. Que cada uno lo haga en la medida que pueda, que se sienta protagonista del proyecto, nunca que unos pocos lo dirijan y los demás, para bien o para mal, que no se preocupen pues aquellos resolverán los problemas que puedan surgir.

¡Que no!, que yo quiero participar en la siembra para poder recoger mi cosecha. Hay que enseñar a pescar, no dar el pescado. Y estimo que es muy difícil que esto lo pueda realizar un directivo sin credibilidad.

Me resulta inaceptable que en el modelo tradicional vigente haya miembros de la organización que incluso cuando hay resultados totales negativos puedan llevarse, al final del año, una parte de una cosecha que no ha existido. De qué le sirve a la propiedad tener al mejor goleador dentro de la plantilla del equipo si al final de la Liga baja de categoría y es una ruina para él y para el resto del equipo. De qué le sirve que cada año los variables se los lleven distintos departamentos si, en el conjunto, la cosecha no da para continuar. Es antiproyecto común, antifuturo compartido.

No es muy difícil defender un modelo cada vez menos basado en la pura actividad, en la pura producción, y cada vez más en la satisfacción y fidelidad de un cliente cada día más exigente, que tiene cada día más y más ofertas, variadas y alternativas. Y también para dejar de seguir pagando tres, cuatro, cinco, diez veces más a los de arriba, que sólo tienen como medio para lograrlo presionar y controlar a los de abajo.

En la mayoría de nuestras actividades contamos con muchas personas fijas en el tiempo; sin embargo, no llegan a tener la suerte de compartir un proyecto, de sentirlo suyo, y se pasan la vida cosechando, eso sí, pero sin saber qué será de las nuevas cosechas y, por tanto, de su futuro. De esa manera: ¿qué esperamos de estas personas? ¿Qué podemos exigirles? ¿Cómo está considerada cada una en la cadena de valor?

Tenemos que poner alrededor de una mesa a toda la cadena de valor, conocer lo que opina cada uno, y así surgen ideas.



* ¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar. Un modelo basado en las personas, Barcelona, Granica, 2004. Un nuevo estilo de relaciones. Para el cambio organizacional pendiente, Madrid, Prentice Hall-Pearson Educación, 2007. Edición en euskera: Harreman-estilo berri bat. Egiteko dagoen organizazioen aldaketarako, itzultzailea: Andoni Sagarna, Donostia, Elkar argitaletxea, 2007. «Estamos haciendo jóvenes mercenarios porque les educamos en que todo es a cambio de algo», eldiarionorte Euskadi, http://www.eldiario.es/norte/euskadi/haciendo-mercenarios-educamos-jovenes-cambio_0_282422124.html










viernes, 15 de mayo de 2015

Irizar NER: Enpresaren kudeaketa berria



Egun on! La experiencia del Nuevo Estilo de Relaciones en Irizar atrae e inspira hoy, por diferentes motivos; para unos como exponente de un milagro económico empresarial; para otros como documento de una experiencia pionera de globalización; para otros como un referente de respuesta a los retos de la era del conocimiento; etc. Aunque la etapa NER de Irizar se aleje en el tiempo, se mantiene como un liderazgo o semilla, por su capacidad de impulsar cambios, actitudes, ideas, proyectos; también gran parte de las semillas conservan durante mucho tiempo su capacidad de germinar.

Como hemos adelantado el viernes anterior, hoy compartiremos el Nuevo Estilo de Relaciones en un contexto de enseñanza y aprendizaje de la lengua vasca. Esta vez es una entrevista a Luxio Ugarte acerca del libro ¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar. Un modelo basado en las personas. Se encuentra en la Dokuteka de IKASBIL, el portal de HABE (Instituto para la Euskaldunización y Alfabetización de Adultos) para aprendizaje de euskera, procedente de Euskadi Irratia. Se titula «Enpresaren kudeaketa berria».

No es frecuente encontrar que una experiencia empresarial forma parte de la propuesta de conocimiento de una lengua, y si tenemos en cuenta que en este mundo nada es gratis, barruntaremos que el NER de Irizar se ha ganado su lugar. Para su época y las que van viniendo, tiene el valor de una gran historia de desarrollo humano justo y sostenible. Nos emociona ver que el NER puede aportar en la transmisión de la gran riqueza que es una lengua, hace que sintamos más esperanza y confianza en la sociedad que estamos construyendo.

El libro mencionado de ¿Sinfonía o jazz? puede encontrarse en algunas librerías y en bibliotecas públicas municipales, autonómicas y universitarias, entre otras; sus catálogos están disponibles en Internet.

Por nuestra parte, estamos construyendo desde hace poco nuestra dokuteka también y en ella hemos albergado la entrevista que compartimos hoy. Puedes escucharla y descargarla desde Google Drive y este es su enlace permanente en Google+, en un perfil dedicado a reseñas, artículos, entrevistas y todo formato que comparta un acercamiento al NER desde el punto de vista profesional, empresarial o académico. Este proyecto de dokuteka tiene otros dos perfiles de Google+, uno con aportaciones de miembros de los proyectos NER y otro con sugerencias, percepciones, sentimientos, en definitiva, comentarios. En la barra lateral verás el índice de los documentos que vamos subiendo a cada uno de estos tres perfiles; hoy estamos actualizándolos.

Deseamos que disfrutes de esta entrevista y si te es posible, de la lectura de ¿Sinfonía o jazz?. Asterburu on! ¡Muy buen fin de semana!