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jueves, 26 de abril de 2012

¿Para qué son los impuestos?



Koldo Saratxaga







El pasado 17 de abril tuvimos la oportunidad, en nombre de ner group, de participar en la cuarta ponencia sobre la reforma del Impuesto sobre Sociedades, celebrada en las Juntas Generales de Gipuzkoa.

En primera instancia parece básico conocer, por aquello de que los políticos todo lo enredan, la definición del impuesto, la cual, en palabras asequibles a todos, puede expresarse así:

«Su principio rector, denominado “capacidad contributiva”, sugiere que quienes más tienen deben aportar en mayor medida al financiamiento, para consagrar el principio constitucional de equidad y el principio social de solidaridad».

Pues bien, el paso del tiempo va indicando que las diferencias en casi todas las sociedades de este castigado planeta son cada vez mayores y por tanto, lo de la equidad parece inalcanzable y el principio de solidaridad, un chiste en plena borrachera de Milton Friedman.

Indicamos que una cuestión de interés es saber cuál es la misión fundamental de la Administración como responsable máximo de la recaudación y retorno a la sociedad, suponiéndole algo más que una cuenta de ingresos y gastos cuadrados. Por cierto, casi nunca cuadrados.

Planteamos que, aparte lo cuantitativo, hay una responsabilidad cualitativa que incluye una labor pedagógica para procurar una sociedad que piense y actúe en términos de Desarrollo (Economía) Humano (Personas) Sostenible (Naturaleza), que procure, de forma progresiva y definida, lograr una mayor equidad entre quienes la componen.

En RESUMEN (el documento completo se puede leer en la web de ner group), la propuesta realizada fue la siguiente:

La Administración debe tener como misión:

– Realizar una labor pedagógica que oriente esta nueva era hacia los valores humanos, en aquello que atañe a la persona como integrante de la sociedad.

– Fomentar las actividades locales, sin dejar aquellas globales que sean contributivas al bien común.

– Animar, facilitar, ayudar, fomentar a aquellas organizaciones empresariales que en su hacer estén considerando el Desarrollo Humano Sostenible como su estilo de gestión y, por tanto, el realizar una mayor contribución a la sociedad.

– Definir objetivos cuantitativos en términos de logro y tiempo, con el fin de conseguir una sociedad más equitativa económicamente. Compartirlos con la sociedad de manera que supongan un reto común.

– Definir objetivos de calidad de vida, bienestar social, economía del bien común, Desarrollo Humano Sostenible, en términos de logro y tiempo, haciendo que la sociedad los comparta y los asuma como objetivos de todas las personas, lo que fomentará la solidaridad real.

– Hacer que la información, la comunicación y la transparencia relativas a los aspectos de fondo que interesan a la ciudadanía sean entendidas, deseadas y generen participación.

– Realizar, por ética y coherencia, acciones que no permitan ninguna concesión al fraude.

Y como CONCLUSIÓN:

– La cuantía de impuestos que se recauden será variable en función del logro del cumplimiento de la misión, lo que transmitirá a la sociedad un constante mensaje de solidaridad, conociendo el cuánto, el porqué y para qué de su aportación.

También nos permitimos indicarles que se encierren —a poder ser con sus jefes, de los bocadillos nos encargamos nosotros— y que tras decir y desdecir, quitar y poner, sin cámaras y micrófonos, que entonces se llevan mejor, acuerden, con visión de largo plazo, qué política de aplicación de impuestos queremos, cómo los vamos a devolver, para conseguir qué sociedad.

CAMBIAR ES DIFÍCIL; SEGUIR IGUAL ES SUICIDA

Koldo Saratxaga

Abril 2012






lunes, 19 de marzo de 2012

Algo muy diferente



Koldo Saratxaga







Esta semana pasada he tenido la oportunidad de estar con unos ciento cincuenta jóvenes universitarios. El martes fue en la Universidad de Deusto, con algo más de ochenta alumnos de diversas especialidades, correspondientes al programa Talentia que la Diputación Foral de Bizkaia promociona para doscientos treinta estudiantes, con los mejores expedientes de las tres universidades vascas, que en unos meses terminan sus estudios.


Y el jueves con setenta jóvenes de segundo curso del grado de Gestión y Marketing Empresarial de la Cámara de Comercio de Bilbao.

Este tipo de encuentros llevo muchos años teniéndolos en las universidades del país, pero esta vez pensé que tenía que ser muy diferente. Para ello pedí que alguien, en ambos casos fue una chica, no sé si por ser más decididas o por sentirse más seguras o ambas cosas, comenzara el encuentro leyendo unos párrafos de mi libro preferido, Siddharta, de Hermann Hesse, cuyo desenlace comprende el siguiente párrafo:

«Cuando alguien busca —continuó Siddharta—, fácilmente puede ocurrir que su ojo sólo se fije en lo que busca, pero como no halla, tampoco deja entrar en su ser otra cosa, no puede absorber ninguna otra cosa, pues se concentra en lo que busca. Tiene un fin y está obsesionado con él. Buscar significa tener un objetivo. Encontrar, sin embargo, significa estar libre, abierto, no tener ningún fin. Tu, venerable, quizá eres realmente uno que busca, pues persiguiendo tu objetivo, no ves muchas cosas que están a la vista.»

Recordé este maravilloso relato porque siempre les insisto mucho en que no se dejen deslumbrar por un empleo que les pueda satisfacer desde el punto de las apariencias o lo económico, debido a que puede ser lo primero o lo único que buscan. Les indico que les quedan más de cincuenta años de vida laboral y que sobre todo deben de disfrutar de ella, por lo cual deben saber qué es lo que quieren encontrar, tanto en el trabajo como en el resto de las decisiones importantes de su vida social, y no parar, con esfuerzo, hasta encontrarlo.

También, cómo no, les he hablado de la diversidad humana y por tanto, de la comprensión que deben tener a la hora de juzgar a los demás, tanto dentro como fuera de las relaciones profesionales.

Hemos tratado sobre el concepto de libertad, desde el respeto a la persona como portadora de su propia propuesta, y en consecuencia, de que la libertad se logra con ciudadanos maduros, conscientes y participativos.

Les he preguntado, a un buen número, sobre los valores que más apreciarían de su pareja; costándoles responder coinciden en: honesta, sencilla, divertida, inteligente,... Bien, muy bien, pero que hay que procurar que cuando nos metemos en la vida profesional, en el mundo del dinero, del poder, aquellos valores que apreciamos como los mejores, no se olviden, como pasa a veces, y surjan el individualismo, el egoísmo, el yo, etc.

En ambos encuentros les dije que, siendo conscientes de que estamos en el inicio de una nueva era, tenían un futuro lleno de oportunidades y que a ellos en las próximas dos, tres décadas, ya que poco o nada han aportado en la última, les tocaba cambiar este planeta, que por suerte todavía está en un momento en el que es posible su recuperación, y les toca ser los actores del mismo. Percibí que se sintieron importantes, viéndose orgullosos de ello.

Por cierto, los profesores, en ambos casos, me indicaron que este tipo de cosas y otras que también compartimos durante las dos horas largas en cada caso, son muy diferentes a lo que le ocupa durante sus cursos.

Koldo Saratxaga

K2K emocionando

16-03-2012







lunes, 12 de marzo de 2012

Salida a la crisis: Partir de una hoja en blanco



Koldo Saratxaga







Por lo menos a mí me pasa que cuando quiero expresar algo, lo primero que me dicta son las tripas, entendiendo por tripas lo que tengo arraigado desde, suelo decir, los siete años, lo que siempre he sentido. Claro, luego vienen las experiencias, en mi caso son muchas, variadas y a diario (¡como para quejarme!). Con esto voy evolucionando en mi pensamiento y por tanto en mi práctica (seguro que menos de lo debido), y de nuevo experiencias y de nuevo nuevos pensamientos y siempre soñando y siempre aplicando y siempre logrando una gran parte de esos sueños: normal, poder es querer.

Y estaba pensando que, entre ellas, entre esas experiencias, también se encuentra la lectura, el viajar y compartir con otros soñadores o no viajar ni compartir con otros tiranos. En los últimos meses he buceado en las entrañas de cuatro libros, que no son para el ocio y sí y mucho para la reflexión, y que recomiendo a todas las personas que quieran salir de la situación de confort artificial en la que se encuentran. Creo que el orden adecuado, y así me fueron llegando, es: La doctrina del shock, de Naomi Klein; Mao. La historia desconocida, de Jung Chang y Jon Halliday; Más allá del crash, de Santiago Niño-Becerra; y La vía. Para el futuro de la humanidad, de Edgar Morin. Los dos primeros nos dan una visión, perfecta y cuantiosamente documentada, de cuáles son las bases sobre las que las grandes potencias han creado su poder y sobre las que quieren seguir protegiéndolo; el tercero nos ofrece una visión, de una manera cruda y real, de la terrible situación actual y las tristes perspectivas de futuro que la sociedad continúa sin querer asumir y, por tanto, liderar. Sin embargo, en el cuarto, Edgar Morin, siendo totalmente consciente de la realidad, desde hace años, y como buen sociólogo y filósofo, nos indica vías para el futuro. Es esta perspectiva, la de mirar al futuro, la que me interesa, y más si aporta caminos posibles para crear el gran cambio que el planeta a gritos nos pide. Espero que los lectores profundicen en los otros tres y, por supuesto, en este último.

Ya en la introducción, Morin hace una referencia a la diversidad humana que está en línea con la manera de exponerla que tenemos K2K cuando recurrimos a la campana de Gauss:

«La unidad humana engendra la diversidad humana y la diversidad humana mantiene la unidad humana. De ahí surge esta afirmación: “la diversidad es el tesoro de la unidad humana; la unidad es el tesoro de la diversidad humana”».

La globalización, que nació hace poco más de dos décadas, tiende hacia un progreso estandarizado según modelos americanos que solo hablan de bienestar y consumo. Sin embargo, existe otro modelo: de resistencia y que habla de culturas autóctonas. Una sociedad debe controlar su economía y no la economía a la sociedad, como está ocurriendo. Este control falta y no existe ahora mismo la autoridad capaz de ejercerlo; «por tanto, está ausente la conciencia de comunidad de destino indispensable para que la sociedad se convierta en Tierra-Patria».

En el inicio del libro mencionado, Edgar Morin hace una clara descripción de las crisis que nos rodean:

- La crisis económica mundial aparecida en 2008 como consecuencia de una falta de regulación. A la hipertrofia del crédito se une la especulación del capitalismo financiero con el petróleo, los minerales, los cereales, etc.

- La crisis ecológica se acentúa con la degradación creciente de la biosfera, que generará nuevas crisis económicas, sociales y políticas.

- La crisis de las sociedades tradicionales deriva de la occidentalización que tiende a desintegrarlas.

- La civilización occidental de por sí siempre en crisis debido a los efectos egoístas del individualismo que destruye la solidaridad, con una clase media que se intoxica con el consumismo, mientras se agrandan las desigualdades.

- La crisis demográfica se amplifica por la superpoblación de los países pobres, la disminución de la natalidad en los países ricos y los flujos migratorios que la miseria provoca.

- La crisis urbana se desarrolla en las megalópolis asfixiadas y asfixiantes, contaminadas y contaminantes, con ciudadanos sometidos a continuo estrés, donde proliferan los guetos de pobres y los muros para proteger a los ricos.

- La crisis del mundo rural, en plena desertificación provocada por la creciente concentración urbana y por la extensión de los monocultivos y la ganadería industrializados, que degradan entornos y alimentos.

- La crisis de la política que se agrava por la incapacidad de pensar y de afrontar la amplitud y la complejidad de esta nueva situación.

- Las religiones, que habían retrocedido gracias a la laicidad, están progresando, pero con conflictos internos entre cultos enfrentados.

- El humanismo universalista se descompone en aras de las identidades nacionales y religiosas, cuando aún no ha logrado convertirse en un humanismo planetario que respete el lazo indisoluble entre la unidad y la diversidad humanas.

Y prosigue Morin reflexionando en los siguientes términos:

«El conjunto de estas múltiples crisis interdependientes es ocasionado por una mundialización que, al igual que la Trinidad cristiana, es una y trina: globalización, occidentalización y desarrollo. La palabra “desarrollo” se ha convertido en una etiqueta de solución y progreso. Gran parte del mundo considera que es la salvación para la humanidad. El crecimiento se concibe como el motor evidente e infalible del desarrollo, y el desarrollo como el motor evidente e infalible del crecimiento. Ambos términos son, a la vez, fin y medio uno del otro. Sin embargo, como dijo Kenneth Boulding: “Quien crea que un crecimiento exponencial puede durar siempre en un mundo finito o es un loco o es un economista”».

Esto nos lleva a que:

«La gigantesca crisis planetaria es la crisis de la humanidad que no logra acceder a la humanidad».

Como inicio de las vías reformadoras, Edgar Morin indica:

«Las reformas políticas, económicas, educativas y vitales, por sí solas, han estado, están y estarán condenadas a la insuficiencia y el fracaso. Cada reforma solo puede progresar si lo hacen las demás. Las vías reformadoras son correlativas, interactivas e interdependientes».

»No hay reforma política sin reforma del pensamiento político, el cual supone una reforma del pensamiento mismo que, a su vez, supone una reforma de la educación, que conlleva una reforma política. No hay una reforma económica y social sin reforma política, que va unida a una reforma del pensamiento. No hay reforma vital ni ética sin reforma de las condiciones económicas y sociales, y no hay reforma social y económica sin reforma vital y ética».

»Podemos afirmar que la conciencia de la necesidad vital de cambiar de vía es inseparable de la conciencia de que el gran problema de la humanidad es el de las relaciones entre individuos, grupos y pueblos, muchas veces monstruosas y miserables. La antiquísima cuestión de la mejora de las relaciones entre los humanos, que tantas aspiraciones revolucionarias ha inspirado y tantos proyectos políticos, económicos, sociales y éticos ha suscitado, está hoy indisolublemente ligada a la cuestión vital del siglo XXI, que es la de la nueva Vía y la metamorfosis».

»No podemos esperar el mejor de los mundos, pero sí un mundo mejor. Solo siguiendo las vías reformadoras regeneraremos el mundo humano, de forma que converja hacia la Vía que conduce a la metamorfosis. Hay que reformarlo y transformarlo todo. Pero todo ha empezado a transformarse ya sin que nos demos cuenta. Hay millones de iniciativas que florecen en todas partes del mundo. Es cierto que, a menudo, son ignoradas, pero cada una, en su vía, aporta confianza y conciencia. Trabajemos para diagnosticar y transformar, para relacionar y unir».

»Las reformas son solidarias. No son solo institucionales, económicas y sociales, también son mentales, y requieren una aptitud para concebir y abarcar los problemas globales y fundamentales, una aptitud que, a su vez, precisa de una reforma de la mente».

»La reforma de la mente depende de la reforma educativa, pero esta también depende de una reforma del pensamiento: son dos reformas clave, que se retroalimentan, cada una es productora y producto de la otra, indispensables ambas para la reforma del pensamiento político que dirigirá, a su vez, las reformas sociales, económicas, etc.».

»Pero la reforma de la educación también depende de la reforma política y de las reformas de la sociedad, que derivan de la restauración del espíritu de responsabilidad y solidaridad, producto de la reforma de la mente, de la ética, de la vida».

Y como buen filósofo visionario y humanista, Edgar Morin concluye con lo que él llama «principios de esperanza»:

1.El surgimiento de lo inesperado y la aparición de lo improbable.

2.Las virtudes generadoras/creadoras inherentes a la humanidad.

3.Las virtudes de la crisis.

4.Las virtudes del peligro.

5.La multimilenaria aspiración de la humanidad a la armonía.

En este nivel de visión de futuro, personalmente entiendo se pueden aplicar acciones para paliar el corto plazo y medidas para ir cambiando la humanidad con otro plazo.

En el primero, en el País Vasco, en el Estado el recorrido es muy corto y poco accesible; debemos unir: Gobierno, Diputaciones (en ambos casos personas que representen, no partidos representados), Empresarios (no los que ya dicen que esta reforma era necesaria, sino ese ochenta por ciento que dice que le falta la tesorería para seguir), Sindicatos (no para repetir lo mismo de entrada), entidades bancarias del país (interesadas por este país y no por el ranking estatal) y Sociedad (personas libres, personas inquietas, personas inconformistas, personas iconoclastas), y unir esfuerzos para un bien común, no para un bien particular. Crear un plan compartido y transparente a cinco años que genere confianza y genere esperanza en la unión y relación entre las personas. Partir de una hoja en blanco. Nada que ver con la teoría del miedo, las repetidas teorías del shock tan dramáticamente aplicadas en las últimas tres décadas, el no hay otra alternativa, el tomar como base la ignorancia de la sociedad sobre lo que está pasando y el dominio de los poderosos, el capital y el conocimiento que genera poder y más y más desigualdades, como los datos indican. Existen docenas de acciones de un gran impacto para la sociedad que sólo requieren de consenso y de una ética cristalina.

Amigos, ahora más que nunca se impone el jazz, no sirven recetas ni partituras del pasado escritas para el virtuosismo, hay que remangarse y crear. Sólo crear algo nuevo, algo que sea para toda la sociedad, aunque toque a menos de lo que estábamos acostumbrados, pero mejor repartido, más pensando en el bien común, en el bien general: es necesario dar otro paso más sin haber casi iniciado el anterior y pasar del yo a todos, olvidándonos del nosotros, del para mí al para todos, olvidándonos del para nosotros.

La sociedad, esas personas que nos rodean, esas personas con las que convivimos a diario, están deseosas de poder aportar y, sobre todo, de poder confiar de verdad en unas personas, unas entidades, que dediquen sus energías al bien común y no a cómo defenderse, participando, de la cuota de poder, de dinero o de prestigio que el «enemigo» de siempre, de décadas, nos inflige cada día.

Ya vale de viajar a todas horas con el retrovisor delante de los ojos; una nueva sociedad es necesaria, para los que estamos y para los que vienen. Partamos de cero, iniciemos la nueva andadura que la nueva era nos exige con una hoja en blanco.

Koldo Saratxaga

(publicado originalmente en ResPublica. El portal jurídico vasco)







lunes, 27 de febrero de 2012

¡¡Comienza la orgía!!



Koldo Saratxaga







Sí, para algunos comienza la orgía de la primavera, de la naturaleza, del ver y sentir los brotes verdes, sin engaños, los olores de la yerba recién cortada y de iniciar las siembras.

«Siembra es el proceso de plantar semillas, con el objetivo de que germinen y se desarrollen plantas. Para que la siembra sea efectiva es importante seleccionar semillas de buena calidad. Las semillas deben ser sanas y estar libres de elementos contaminantes.»


Hoy para mí es uno de esos días en que algo nuevo, algo vivo comienza su ciclo natural de crecimiento, de respuesta generosa, ante los cuidados, el mimo y la propia naturaleza.

El huerto en todo lo que le pidas será generoso, pero hay un fruto que para mí es sin duda el rey: el tomate. Hacía más de doce años que no sembraba mis propias semillas, pero en la primavera de 2010, por dos caminos diferentes, me llegaron unas excelentes plantas de tomate: una de Viana del amigo Kopi, que le llamó «pata negra», y otras dos del compa Tomás, de Bedia, que le llamamos «andaluz» y «cojón de toro» por su similitud. Ya el año pasado recuperé sus semillas y la cosecha del 2011, excelente por cierto, fue de mis propias semillas, así como también lo fue para otros amigos de ner group.

Esto consiste en coger unos buenos y maduros ejemplares por septiembre, separar y limpiar sus semillas en agua corriente, secarlas y guardarlas con mimo en lugar seco y seguro.

Aprovechando el fin de semana, esta mañana he preparado la tierra y he sembrado 254 tomates: 150 de pata negra, 48 de cojón de toro, 40 de andaluz y 32 de unos pequeños deliciosos con los que nos obsequiaron los fenómenos de lurdeia, en un encuentro que celebramos en su acogedor lugar de Bermeo. Los metes a la boca, explotan y son un mar de placeres. Nada que ver con los populares cherrys.

A partir de ahora nace un nuevo reto: disfrutar con ello, compartirlo con otros y obtener los mejores resultados, así como aprender de los errores, para estar mejor preparado y así de nuevo volver a disfrutar, compartir y obtener resultados, y todo en contacto directo con la madre tierra. No se puede pedir más. La orgía ha comenzado.

Para corroborarlo, os propongo una lectura al proverbio chino que dice:

Si quieres ser feliz una hora emborráchate

Si quieres ser feliz un día mata el cerdo

Si quieres ser feliz una semana haz un viaje

Si quieres ser feliz unos meses búscate una buena pareja

Si quieres ser feliz toda la vida cuida tu huerto

Koldo Saratxaga







domingo, 26 de febrero de 2012

¿Para tanto ha sido?



Koldo Saratxaga







No cabe duda de que el neoliberalismo es como un virus que ha impregnado las sociedades que han pretendido tener una creciente autonomía en términos de bienestar y democracia.

Estamos en un mundo en el que el desarrollo aparece como la panacea que todo lo facilita, ya que se presenta como la vía para la reducción de las desigualdades, para la prosperidad, la paz social y la democracia. Sin embargo, el desarrollo tecnoeconómico, en su avance, se combina con dictaduras y condiciones de trabajo poco dignas. Este desarrollo, como bien analiza Edgar Morin, «es una fórmula estándar que ignora los contextos humanos y culturales». Es un desarrollo que segrega un subdesarrollo intelectual, físico y moral.

Estamos dominados por lo económico y solo pensamos en el crecimiento, en las mejoras cuantitativas como solución a todos los males. El «yo» se impone al «nosotros» que requiere de la solidaridad y este crecimiento nos acaba dejando un poso de malestar y vacío en medio del aparente confort.

Vale, pero crecíamos y consumíamos. Ahora menos y algunos, nada. No podía ser que los ricos fueran cada vez más ricos, pero tampoco que la sociedad viviera cada vez mejor (o eso creía). Y en estas, explota la patata y se ayuda a los que de siempre les iba bien, que son quienes manejaban la patata. Al mismo tiempo, la oportunidad la pintan calva y es ahora el momento de aplicar políticas que tengan un impacto demoledor para las siguientes décadas.

La historia es muy cabezona y se repite. Recomiendo encarecidamente leer a Naomi Klein en La doctrina del shock. Se hace necesario conocer la importancia que en los últimos treinta años ha tenido la Escuela de Chicago creada por Milton Friedman, considerado el economista más influyente del pasado medio siglo, quien sostenía que solo una crisis, real o percibida, da lugar a un verdadero cambio. Y también indicaba y ejecutaba que «una nueva administración disfruta de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importantes; si no aprovecha la oportunidad de actuar durante ese periodo, no volverá a disfrutar de una ocasión igual». No sé por qué me suena a que en este Estado se vuelve a aplicar la doctrina Friedman que nos llevará a situaciones de final de la dictadura en términos de bienestar social.

Y todo esto y el título para mostrar mi malestar de todo el día por el cierre del diario Público, porque con su sentido de izquierdas, con su denuncia constante, con su sentir popular, con sus aciertos y errores —lo perfecto y para cada lector no existe—, no sea posible mantenerlo vivo. Está claro que la llamada «izquierda» en España tiene mucho que practicar si no quiere volver por décadas a las catacumbas y la práctica de la filosofía inaplicada.

Solo espero que en Euskadi eso no pase, ni el permitir que se nos trate como masa ni que la izquierda se desuna y pierda la sociedad como objetivo.

Koldo Saratxaga







lunes, 20 de febrero de 2012

¡¡184 años!!



Koldo Saratxaga







Sí, 184 años de vivencias, de pensamiento avanzado, intensos en sabiduría del más alto nivel, de visión de futuro.

Me he llevado una gran alegría cuando he visto, en la portada de la revista magazinedigital, la foto juntos de Edgar Morin y Stéphane Hessel, 90 y 94 años. Forman parte de mis escritores preferidos de los últimos tiempos. Tengo por costumbre subrayar los libros que leo, pero debo confesar que el último del sociólogo y filósofo parisino Edgar Morin, La vía. Para el futuro de la humanidad, bate todos mis récords en consumo de grafito.

Siento que estos dos profundos pensadores están realizando un adecuado análisis de la realidad y sobre todo, ofreciendo ideas posibles para el cambio que la humanidad requiere. Comparto que para ello es necesario actuar, la sociedad debe pasar a ser protagonista de su propia realidad y no continuar como espectadores quejosos del dominio de los mercados financieros sobre los políticos y los ciudadanos.

Como dice Edgar Morin: «El capitalismo ha adoptado formas perversas con la especulación financiera, y en este momento aterroriza a los Estados». «Hay que ser ambiciosos, ni pesimistas ni optimistas, la ambición es un producto de la resistencia. La resistencia es creadora», añade Stéphane Hessel.

Es un chute de esperanza pasar las horas entre los pensamientos de estos dos grandes visionarios.

He disfrutado con ellos y además el Athletic gana. Solo falta que salga el sol y podamos comenzar con el primer huerto ecológico en Lezama, Amurrio, que desde lur denok estamos llevando a cabo.

Koldo Saratxaga

19/2/2012