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lunes, 19 de marzo de 2012

Algo muy diferente



Koldo Saratxaga







Esta semana pasada he tenido la oportunidad de estar con unos ciento cincuenta jóvenes universitarios. El martes fue en la Universidad de Deusto, con algo más de ochenta alumnos de diversas especialidades, correspondientes al programa Talentia que la Diputación Foral de Bizkaia promociona para doscientos treinta estudiantes, con los mejores expedientes de las tres universidades vascas, que en unos meses terminan sus estudios.


Y el jueves con setenta jóvenes de segundo curso del grado de Gestión y Marketing Empresarial de la Cámara de Comercio de Bilbao.

Este tipo de encuentros llevo muchos años teniéndolos en las universidades del país, pero esta vez pensé que tenía que ser muy diferente. Para ello pedí que alguien, en ambos casos fue una chica, no sé si por ser más decididas o por sentirse más seguras o ambas cosas, comenzara el encuentro leyendo unos párrafos de mi libro preferido, Siddharta, de Hermann Hesse, cuyo desenlace comprende el siguiente párrafo:

«Cuando alguien busca —continuó Siddharta—, fácilmente puede ocurrir que su ojo sólo se fije en lo que busca, pero como no halla, tampoco deja entrar en su ser otra cosa, no puede absorber ninguna otra cosa, pues se concentra en lo que busca. Tiene un fin y está obsesionado con él. Buscar significa tener un objetivo. Encontrar, sin embargo, significa estar libre, abierto, no tener ningún fin. Tu, venerable, quizá eres realmente uno que busca, pues persiguiendo tu objetivo, no ves muchas cosas que están a la vista.»

Recordé este maravilloso relato porque siempre les insisto mucho en que no se dejen deslumbrar por un empleo que les pueda satisfacer desde el punto de las apariencias o lo económico, debido a que puede ser lo primero o lo único que buscan. Les indico que les quedan más de cincuenta años de vida laboral y que sobre todo deben de disfrutar de ella, por lo cual deben saber qué es lo que quieren encontrar, tanto en el trabajo como en el resto de las decisiones importantes de su vida social, y no parar, con esfuerzo, hasta encontrarlo.

También, cómo no, les he hablado de la diversidad humana y por tanto, de la comprensión que deben tener a la hora de juzgar a los demás, tanto dentro como fuera de las relaciones profesionales.

Hemos tratado sobre el concepto de libertad, desde el respeto a la persona como portadora de su propia propuesta, y en consecuencia, de que la libertad se logra con ciudadanos maduros, conscientes y participativos.

Les he preguntado, a un buen número, sobre los valores que más apreciarían de su pareja; costándoles responder coinciden en: honesta, sencilla, divertida, inteligente,... Bien, muy bien, pero que hay que procurar que cuando nos metemos en la vida profesional, en el mundo del dinero, del poder, aquellos valores que apreciamos como los mejores, no se olviden, como pasa a veces, y surjan el individualismo, el egoísmo, el yo, etc.

En ambos encuentros les dije que, siendo conscientes de que estamos en el inicio de una nueva era, tenían un futuro lleno de oportunidades y que a ellos en las próximas dos, tres décadas, ya que poco o nada han aportado en la última, les tocaba cambiar este planeta, que por suerte todavía está en un momento en el que es posible su recuperación, y les toca ser los actores del mismo. Percibí que se sintieron importantes, viéndose orgullosos de ello.

Por cierto, los profesores, en ambos casos, me indicaron que este tipo de cosas y otras que también compartimos durante las dos horas largas en cada caso, son muy diferentes a lo que le ocupa durante sus cursos.

Koldo Saratxaga

K2K emocionando

16-03-2012