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Pablo Aretxabala |
Estos días ha salido en varias reuniones el problema de lo que en psicología se denomina el "efecto espectador" y que viene a significar que "es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando hay más personas que cuando se está solo".
Estamos en una playa y hay una persona ahogándose en el agua.
Si estamos sólos, será más que probable que nos lancemos a su rescate sin pensarlo mucho ya que no hay nadie más a quién acudir y en consecuencia, el 100% de la responsabilidad en la solución del "problema" está en nuestras manos.
Si por el contario estamos rodeados de gente, será muy probable que pensemos que entre todas esas personas estará el socorrista, o alguien mejor cualificado que nosotros, o alguien más lanzado. En definitiva, es muy probable que nadie se lance al rescate pensando que hay otros que "debieran" hacerlo antes que nosotros.
En las organizaciones pasa esto muy a menudo: vemos un problema pero no lo abordamos porque pensamos que no es nuestra responsabilidad, o que si otros lo han visto y no han hecho nada, por qué tengo que hacerlo yo, o que seguro que habrá otros más cualificados para resolverlo... pero el problema sigue ahí sin resolverser y sin que nadie haga nada.
¿Cual sería la forma correcta de actuar ante un ahogamiento? Lo primero llamar al 112 para avisar del ahogamiento, luego intentar salvar a quien se está ahogando y por último, una vez resuelta la emergencia, presentar ante la instancia correspondiente una propuesta para que se contraten socorristas en la zona o cualquier otra medida para que no se vuelvan a producir más ahogamientos en el futuro.
Exactamente lo mismo que debieramos hacer en nuestra organización ante cualquier problema o emergencia que se nos produzca, es decir, actuar siempre como si el 100% de la responsabilidad estuviera en nuestras manos.
Foto de Fundacionfadei.


