En nuestra página de actualidad está hoy este texto de Koldo Saratxaga sobre innovación. Un texto donde Koldo condensa numerosos aspectos relacionados con la innovación en diversos planos: organizacional, económico, personal, etc. Es un texto muy citado en diversas ideas, aunque pocas veces se ha reproducido íntegramente. Lo hemos leído en la web de Innobasque, por ejemplo. Aquí lo dejamos hoy para nuestras y nuestros visitantes, con el deseo, como siempre, de que sea una referencia para sus proyectos y realidades.
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KOLDO SARATXAGA: «La innovación como cosecha. ¿Y la siembra?»
Artículo en el especial monográfico Euskadi Innovación 2008, 26 de junio de 2008, coordinado por Ibai Cereijo. Publicado por Editorial Iparraguirre, S.A. (EISA), Ediciones Izoria 2004 y Urgull 2004.
Llevamos tiempo en que esto de la innovación está siendo un tema muy repetitivo. Creo se está convirtiendo en una especie de religión que parece imprescindible seguir si se quiere ser y tener en el futuro. Y digo lo de religión porque realmente se habla y se habla, se escribe y se escribe, pero no tanto se hace y se hace. Bueno, seamos optimistas, que estamos en el Año de la Innovación y vamos a dedicar muchos recursos financieros al tema. Se supone que serán unas inversiones eficientes y no unos gastos que acabemos tildando de eficaces.
Tengo cada vez más interiorizado que la innovación es una consecuencia. Es como la cosecha. Esto es lo que hace que mi posición sea crítica, de crítica activa, hacia la moda de vestir todo con una palabra que no está claro lo que significa.
De innovación existen miles de definiciones, pero, tristemente, quienes rigen las innumerables pymes no acaban de hacerlas suyas. Y continuamos y continuamos en la búsqueda de algo nuevo y original. La confusión no es un buen aditivo.
Es conocida mi insistencia en basar en las personas todo el protagonismo dentro de las organizaciones. Pero como esto ahora lo hacen todos los ejecutivos que se precien, aclararé que en todas las personas y con mayúsculas.
Las personas disponemos de una habilidad llamada creatividad, que nos permite generar ideas, alternativas y soluciones frente a problemas concretos.
La capacidad emprendedora es innata, está presente en todo ser humano por el hecho de serlo, responde a la naturaleza de los seres humanos. Esta capacidad emprendedora puede dirigirse a crear nuevas organizaciones, esto es lo clásico y loable, pero también a hacer crecer una organización existente sintiéndose parte del éxito.
En un entorno empresarial que no asume esta realidad, las organizaciones viven en una situación de estrés permanente, en un modelo organizacional con la famosa pirámide, el tradicional organigrama –que, por cierto, se diseñó en 1913– y lo urgente como receta diaria. No dejan espacios de libertad y decisión a todas las capacidades propias de las personas y que por naturaleza están en ellas.
La evolución hacia la innovación pasa por poner a todas las personas, insisto en todas, como actores y no como títeres. Debemos pasar de un estilo yo-ello, que es la forma de relacionarse con algo cuyo valor es instrumental, al estilo yo-tú, donde son los valores intrínsecos de las personas los que cuentan.
Desde esa posición de importancia, de actores del proyecto, las personas que están bien informadas, que han compartido una visión de futuro, que se sienten motivadas, que se mueven en entornos de confianza y libertad, sólo necesitan, con la formación adecuada, tener oportunidades para poder ejercer sus capacidades creativas y emprendedoras. Y explorar nuevas opciones. Éste es un camino que deben seguir las organizaciones, no detenerse en lo conocido, sino permitir que más y más personas transiten por nuevos caminos, cometan errores, experimenten, con el fin también de obtener nuevos conocimientos.
La innovación está más cerca del arte que de la lógica y la razón. La creatividad de donde surgen las grandes ideas se cultiva cuestionando y yendo más allá del conocimiento acumulado hasta entonces. Sólo se crece en conocimiento si se tienen nuevas experiencias.
El conocimiento está en las personas
Hoy también se habla mucho de «búsqueda de talento» de «retener el talento»…
El talento es conocimiento comprometido, es conocimiento ilusionado y apasionado en un proyecto en el que su dueño se siente actor del éxito. De nada nos sirve tener a los mejores si no sabemos facilitarles un entorno de relaciones, libertad y oportunidades en donde hacer ejercicio de todos sus valores. El mejor pintor, el mejor escritor, no creará nada si no está lo suficientemente inspirado y motivado.
La mayoría de los jefes no son conscientes de que no llevan a la práctica estas ideas que dicen asumir. Los jefes tóxicos, las jerarquías, los controles, lo urgente, la falta de información y de comunicación, la falta de transparencia, la desconfianza, la falta de visión de futuro, la falta de generosidad, los procesos muy definidos donde la tarea se impone... son muchos de los aditivos que hacen que las personas únicamente realicen lo mínimo y sobre la base, ante todo, de sus capacidades físicas, de su hacer, y tengan su pensar y sentir fuera del lugar de trabajo.
Según el Foro Económico de Davos, la baja productividad de las empresas españolas en 2006 se debió a la «pobre calidad directiva».
Los datos indican que las organizaciones que más ganan son aquellas donde las personas más a gusto están. Liderar el entusiasmo es más rentable que gestionar el control y la obediencia, generando miedo.
En lo mucho que se trata sobre innovación en este país, no veo ideas lo suficientemente transformadoras que den el protagonismo a las personas. No veo atrevimiento como para cuestionarse la organización imperante, no veo la suficiente incertidumbre como para adaptarse a los tiempos que se avecinan. Los trece años de crecimiento que llevamos han generado los suficientes recursos financieros para invertir en lo material y creer que estamos preparados para el futuro innovando sólo en estrategias referidas a más tecnologías, mercado, nuevas actividades, productos... Todo esto, con el mismo esquema de relación al uso, también lo puede hacer, y lo hará, la competencia en cualquier lugar del mundo y, casi seguro, de forma más competitiva.
Tenemos que cambiar la manera de sembrar. Tenemos que pasar del hacer al pensar y al sentir unidos.
Sólo quienes desarrollen su futuro en una organización basada en las personas integradas en un proyecto común crearán la suficiente innovación para navegar y disfrutar del éxito. Porque contarán con el talento, consecuencia de la motivación, consecuencia de un conocimiento cada vez mayor, personal y colectivamente, consecuencia de una experiencia compartida donde las personas se comprometen con todos sus valores y capacidades innatas como la creatividad y el emprendizaje.