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Nuevo Estilo de Relaciones NER Harreman Estilo Berria

miércoles, 11 de mayo de 2011

«Comunicación, libertad y responsabilidad» (5)


Uno de los temores por antonomasia dentro de la cultura jerárquica imperante en el mundo empresarial es la libertad. La cara de este temor se nos muestra palpablemente en el extenso y detallado control sobre las personas, en la serie inacabable de normas, reglas y funciones que se les prescriben para luego verificar si las han cumplido.

Por esto, desde el momento de conocer el Nuevo Estilo de Relaciones, NER, uno de los aspectos que a simple vista más llaman la atención como distintivo de una cultura radicalmente diferente es su «no control». Todas las teorías y modelos administrativos que han dado lugar a la caduca cultura piramidal incluyen el control en un puesto crítico. Control que puede tener consecuencias tan conocidas como el miedo, la desmotivación, el anquilosamiento, la parálisis del pensamiento, la anulación de la creatividad, la actitud de no querer asumir responsabilidades, etc. En resumen, la falta de eficacia y a costa de una gran ineficiencia, pues el control jerárquico se ejerce mediante costosas estructuras, formadas tanto por procesos y procedimientos como por cuadros directivos y ejecutivos.

El «no control» del Nuevo Estilo de Relaciones, con la sencillez de sus dos palabras, detiene esta pesada maquinaria que durante décadas ha sustentado la pirámide organizativa. Y no solo la ha sustentado, también la ha anclado en la falta de evolución, como subraya Koldo Saratxaga de vez en cuando en sus charlas, pues resulta casi imposible, también físicamente, mover una estructura con forma de pirámide.

Hoy nuestro tema no es el «no control», sino lo que podemos considerar uno de sus inseparables compañeros en el NER: «comunicación, libertad y responsabilidad». Al desaparecer el control, aparecen la libertad y la capacidad de usarla, a la que llamamos responsabilidad. Así es en personas que han elegido formar parte de una organización empresarial que es un proyecto común, de todos, a la vez que el de cada uno.

Todas las personas no somos igual de responsables, no llevamos hasta las mismas consecuencias nuestros compromisos. Pero sí todas podemos responder de un compromiso adquirido dentro de los límites de lo que se entiende por cumplir un compromiso. No es necesario que nadie supervise o controle a nadie, sino que el libre compromiso con lo acordado lleva a ejercer la responsabilidad de cumplirlo.

En el NER usamos la comunicación, entre otras finalidades, para definir los compromisos, es decir, para elegir los objetivos que vamos a cumplir, semanal, mensual y anualmente. ¿Por qué usamos la comunicación? Porque trabajamos en equipo, no individualmente por el «ordeno y mando», si bien dentro de cada equipo cada persona tiene su responsabilidad propia. Y además trabajamos coordinándonos todos los equipos de la organización. Los resultados son de los equipos, no de personas individuales.

Practicar la comunicación, la libertad y la responsabilidad es porque queremos y necesitamos el éxito de nuestro proyecto. Son tres valores que no se pueden encerrar en procesos y procedimientos, sino que hay que sembrar, cuidar y hacer crecer, tenerlos en las tripas para que «nos salga de dentro» llevarlos a la realidad cada vez mejor.

Porque no podemos olvidar que estamos hablando de un estilo de vida, no de una receta, una teoría, un patrón de comportamiento ni ningún «ordeno y mando». Así que para terminar hoy nuestra página compartimos estas estimulantes ideas que hemos encontrado en una entrevista a Koldo Saratxaga y Alfonso Unceta en Deia. Tienen que ver con la libertad y la educación y pueden servirnos para ampliar el horizonte:

El tema de la educación está mal parido desde el origen. No hay dos personas iguales en el mundo, ni aunque sean gemelas. Pero, además, todos los días somos diferentes: hay días que estás eufórico y otros decaído, te pasan cosas... Sin embargo, tenemos una educación que nos uniformiza. Es una dictadura en donde empaquetamos a los chavales, que son las verdaderas joyas de la humanidad, los verdaderos diamantes en bruto, desde el 1 de enero al 31 de diciembre. A tu niño, haya nacido en enero o en diciembre, le sientan en la misma aula, con los mismos libros, los mismos exámenes y lo estandarizamos. Es una educación que estandariza lo mejor de la humanidad. Y, de entrada, sirve para que pensemos poco, nos van quitando nuestras ilusiones, nuestra creatividad, la innovación, la posibilidad de crecer en conocimiento, porque nos clasifican. Estamos en un país pequeño, podemos hacer maravillas en la educación con un país de dos millones de personas. Fíjate si sería una locura la ikastola, el pueblo, el país que rompa con eso, que quiera ser iconoclasta, que deje libertad para encontrar niños más creativos, soñadores, que es lo que demandamos. Decimos en las empresas que la gente no sueña, se anquilosa..., ¡pero si les has tenido 25 años sin pensar, estudiando de memoria!