«Y llegó el día ―era marzo del 2010― en el que K2K se personó en Urtxintxa para comenzar a trabajar en la transformación de la organización, para que esta consiguiera aprobar la asignatura pendiente que llevaba años arrastrando.
»Empezaron las entrevistas personales, grupales, las conversaciones para ver cómo se iban a enfocar las cosas que había que cambiar, la predisposición de las personas, su conocimiento de los problemas existentes...
»― Algunas personas ya sabíamos cuál era el camino que íbamos a empezar a recorrer porque habíamos tenido ocasión de conocer la actividad de K2K con anterioridad, pero para otras personas era algo nuevo de lo que no habían oído hablar nunca. Después de escuchar lo que K2K vino a contarnos, se produjo un abanico de reacciones tan numerosas como personas trabajan en Urtxintxa: miedo a lo desconocido, incredulidad ante algo que sonaba excesivamente bien, confianza plena, inseguridad... Reacciones lógicas y en perfecta consonancia con la personalidad y la forma de ser de cada una de las personas que las estaban experimentando ―cuenta Oier.
»A pesar de todo, el sentimiento general era de expectación y, más que nada, de ilusión. La situación estaba rota y el cambio era tan necesario que estaban dispuestos a apostar por esto, aunque no sabían muy bien lo que les depararía.
»Pero, en determinado momento, en Urtxintxa, o al menos algunas de las personas que trabajaban en ella, llegaron a tener dudas de si la decisión que habían tomado de llamar a K2K había sido la correcta. Curiosamente, las dudas no eran generadas por las ideas que traía K2K, pues todos las compartían, sino más bien por su forma de hacer. La puesta en escena resultó ser muy diferente a la que esperaban encontrar.
»A Gotzone también le produjo dudas el planteamiento inicial, la forma de comenzar a trabajar...
»―Creí que llegarían con “producto dentro de una caja”, un plano enorme en el que estaría bien claro el proceso que íbamos a llevar a cabo, en el que cada uno sabríamos dónde buscarnos y a qué tendríamos que agarrarnos; que nos explicarían la forma como teníamos que actuar en cada momento, que nos darían un código de actuación y de comunicación para relacionarnos entre nosotros… pero no fue así. Las bases estaban claras, el fundamento también, y eso era algo que compartíamos todos con K2K, incluida yo... pero llegué a echar de menos un código concreto con el que comunicarme que me facilitara las cosas y evitara que en algunos momentos tuviera que plantearme si mis compañeros estaban en el mismo proyecto que yo.
»No hay fórmulas mágicas, las cosas requieren un proceso normalmente más lento de lo que a nosotros nos gustaría. El código cerrado que echaba en falta no existe, porque las personas somos todas diferentes y lo que a una persona le funciona a otra le limita, a otra le viene grande y otra se ve incapaz de asumirlo.
»El ner (Nuevo Estilo de Relaciones) nos pone en un mismo camino, sienta las bases y los fundamentos para el cambio: confianza, transparencia, implicación... Una vez hecho esto, cada persona tiene que marcar su ritmo en ese paseo, y entender que su velocidad y su línea no tienen por qué coincidir con las de otros, pero tampoco entorpecerlas, que solo tiene que confiar en sí mismo y en lo que hagan los demás, porque por diferente y extraño que en algún momento pueda parecer, también estará dirigido a llegar a la misma meta, aunque quizá por una carretera alternativa.»

