Leer ayuda a memorizar, «rumiar», interiorizar... y, en último término, a crear, tener elementos de decisión, etc. Esto es un buen motivo para continuar en el post de hoy con las ideas que fueron saliendo en el programa de Por fin viernes en el que ha participado Koldo Saratxaga recientemente.
Además, nos gusta botar al mar de Internet palabras del Nuevo Estilo de Relaciones (NER), decíamos en el post anterior. En algún momento a alguien que las encuentre le podrán servir, tanto o más que a nosotros.
Seguimos, pues, con este programa conducido por Silvia Intxaurrondo, dedicado al problema del empleo, el mayor quizá y el que más preocupa hoy en día a la sociedad en general. Un gran problema y, consecuentemente, una gran oportunidad, como nos diría Koldo Saratxaga.
Al igual que en el post anterior, transcribimos ideas de Koldo y de los demás participantes. Son los 20 minutos siguientes; si en el anterior recogimos hasta el minuto 18 aproximadamente, ahora hasta el 38.
Las y los jóvenes en prácticas en los proyectos NER, uno más en el proyecto
Koldo, usted que es tan crítico con el sistema educativo de cara a que le dejen meter a uno la cabeza en el ámbito laboral, ¿está de acuerdo con lo que nos están diciendo Iván del Caz y Lander Mardaras?, pregunta Silvia Intxaurrondo.
Básicamente, estoy de acuerdo —contesta Koldo—, ya que lo que planteo en los 20 proyectos en los que ando es que cuando viene alguien de prácticas o se ofrecen, les digo que no cometan la locura de tenerle haciendo algo que no le sirva, porque así ocurre lo que dice Lander. Y cuando se les dan oportunidades, es todo lo contrario, que cuando se implican y hacen cosas y son útiles, ¿qué ocurre luego? Que si se va el de prácticas, dicen ¡oye, que no se vaya!, ¿no podía seguir seis meses más? Ese es el tema, y muchos de ellos se quedan, pero cuando se les da la oportunidad de ser uno más.
Ahora interviene Juan Mari Gastaca, habla desde su experiencia, indicando que de todos los chavales que vienen a prácticas, la responsabilidad es de los jefes inmediatos, nuestra. Si nosotros les involucramos y les incorporamos en la dinámica de trabajo, seguro que el rendimiento es total y al final es una persona que aporta un rédito laboral y de integración a ese grupo. La cuestión no es del chaval, la cuestión es nuestra.
Lander añade que también hay alumnos con mucha prisa por sacarse el título y una vocación nula, y quieren terminar las prácticas cuanto antes.
Juan Mari asiente: sí, pero a esos les pillas enseguida, te cuesta una semana. En dos conversaciones con él, ya sabes a qué ha venido al trabajo.
Silvia pregunta a Jon Ander, quien opina que hay que dejar a las personas que sean creativas, y también a Sergio, que aporta que le gusta el planteamiento de pasión y vocación, más que el de derechos y obligaciones.
Enseñanza y emprendizaje, estudios y trabajo
Seguimos hablando de esa nueva concepción que se mueve en el mundo empresarial. Y ahora vamos a hablar de esa palabra tan sofisticada que usamos tanto ahora y es “emprendedores”. ¿Son emprendedores o autoempleo a la fuerza?, pregunta Silvia, y acto seguido da paso a una entrevista en Hiruki, un estudio de arquitectura formado por tres arquitectas muy jóvenes: Ainhoa, Gisela y Lorea.
Tras escuchar la experiencia, Koldo interviene para indicar que lo compartido por Hiruki es algo que suele contar en sus charlas: que saben mucho de arquitectura, en este caso, pero no saben más que de arquitectura.
Pero Koldo, ¿no tendrían que haberles enseñado cómo se pone uno por su cuenta, figuras jurídicas, etc.?
Sí —responde Koldo—, pero ahora lo que tendrían que hacer es formar un equipo multidisciplinar, porque se juntan tres arquitectos, aunque sea con tres especialidades diferentes, pero no saben de economía, no saben a quién acudir —en el fondo es la familia, porque tienen los años que tienen— y han pasado 25 años estudiando. No están preparadas. Están preparadas para ir a ser un trabajador de la industria, ¡estamos en mil ochocientos y pico! Vamos a ser críticos para coger y entender esto que comparto: estamos en 1850, cuando empezó el ferrocarril y cuando se dieron cuenta de que había que poner escuelas de ferrocarril porque los trabajadores venían del campo y tardaban mucho en aprender. Hoy, con los jóvenes, vienen y me dicen, Koldo, tú qué crees que tiene que estudiar. Pues para la sociedad, digo, tiene que ser un miembro de la sociedad, no un miembro para el trabajo, porque no sabe en qué va a trabajar. El 70% no trabaja en lo que estudia y el trabajo está cambiando cada década.
El dinero mal enfocado es todo y no es nada al hacer empresa
Koldo, pregunta Silvia, pero, aunque formen un equipo multidisciplinar, con conocimientos multidisciplinares, si la familia no poner el dinero, el proyecto no sale adelante. Y en el siglo XXI que estemos así, funcionando porque la familia pone el dinerillo...
Es que son dos cosas distintas, interviene Juan Mari Gastaca, una cosa es el tema de la ayuda familiar, pero ¿enfocado hacia dónde?, ¿hacia qué? Es que la cuestión no es solo que te digan «yo tengo posibilidades de abrirte un local, de acondicionártelo y de empezar a comprarte tu ordenador». No, la cuestión no es eso, que eso mañana muere en el segundo mes. La cuestión es hacia dónde quieres enfocar la historia. Y tú de repente... ¿cuáles son tus alforjas, desde el punto de vista intelectual, del tema de proyección, de hacia dónde enfocas la idea... Ese es el tema. La cuestión no es que tú seas un arquitecto, ya, ¿y qué? La cuestión es que tú tienes que adaptarte a una situación en la que inicialmente, con esos preámbulos que tú tienes, te condenas al fracaso.
Querría decir algo de lo económico, dice Alberto Pradilla. Por una parte, el modelo educativo se está haciendo cada vez más elitista, por ejemplo, los másteres van a ser de dos años, con lo cual tienes que tener más dinero, y cada vez hay un mayor nivel de desigualdad. Y otra cosa ahora es que las familias están tirando no solo para crear una empresa, sino para sobrevivir, se están agotando. ¿De dónde sale ese primer empujón económico?
Bueno, la familia de Jon Ander no sé si es de muchos posibles, importa más la capacidad de riesgo, etc., interviene Juan Mari, y Silvia a continuación da paso a Pilar Kaltzada, para cerrar este tema que ha salido.
Creo que el problema, dice Pilar, es que el sistema sigue alimentando el motor externo de las personas, es decir: este es el carril por el que tienes que ir y para ese carril está diseñada nuestra manera de comportarnos en la sociedad. Preparamos a las personas para que hagan lo que esperamos que hagan, lo que está pensado para esas personas. Claro, la cuestión es cuando esa expectativa falla y falla estrepitosamente. Porque empezamos a hablar de la necesidad del emprendimiento, aunque es verdad que esto no es novedoso y lleva mucho tiempo trabajándose, afortunadamente, pero empezamos a hablar de emprendimiento y a dar este mensaje a la juventud en un momento en el que la economía es incapaz de absorber todo lo que le va llegando por ese carril previsible. Y a mí me preocupa un poco que el mensaje sea algo caótico, es decir: ahora que eso para lo que te he preparado no te va a dar respuesta, ahora tienes que convertirte en emprendedor. Y ahora es un momento en el que para muchos jóvenes es tarde, porque ya llegan al mercado laboral sin esa previa que hubiese sido necesaria a través de la educación, y están nuevamente en un territorio en el que no saben cómo manejarse. Y el problema creo que, como decía Juan Mari, no es tanto que existan las ayudas de salida (el local, el equipamiento...), es mucho más, es el acompañamiento, y me parece que el mensaje es un poco incoherente e incluso peligroso.
Silvia refuerza esta opinión, con la experiencia de las tres jóvenes arquitectas, que indica no tenían guía, hasta que llegó EMEKIN.
En saber lo que es una S.L. o una S.Coop. te van ayudando —llega el turno de Koldo para responder—, pero, como decía Juan Mari, otra cosa es si no sé lo que quiero. El problema que tienen las organizaciones empresariales, y lo digo con cariño, es que precisamente lo que no tienen es un proyecto a largo plazo. La mayoría de las organizaciones empresariales, las pymes, están enfocadas al coste, que ni siquiera al beneficio, al coste, y por eso pagan salarios bajos, tienen gente en precario, por eso no exportan... ¿Qué no tienen? No tienen ambición. Tienen que ser organizaciones enfocadas al valor, al desarrollo, a la pasión, a saber que no he montado esto para que seamos seis, que no he montado esto para que seamos 49, porque si llego a 50 tengo sindicatos...
El tipo de empresario con ambición, con capacidad de decisión, tampoco es el que desde el modelo educativo se crea. Entonces, la mayoría de las empresas hoy en día, de las organizaciones empresariales, son familiares, que encima ya están pasando de padres a hijos, que los padres con 30, 40, 50 tuvieron esa ambición y crearon cosas. Los hijos si no la tienen, heredan la organización y la van a seguir llevando. No son los mejores, porque han tenido quizá una vida cómoda. ¿Tienen ambición? ¿Tienen pasión? ¿Cuentan con las personas? ¿Cuentan con los mejores? ¿Saben lo que quieren? No.
No tienen proyecto, dice Juan Mari. Hasta ahora pensábamos que si tienes un proyecto, tienes una fábrica de hacer tornillos. Y el proyecto es mucho más que hacer el tornillo, ese es el tema.
La Universidad y la incorporación a la vida laboral
Ha aludido Koldo Saratxaga al mundo de la Universidad y a mí me gustaría preguntar cómo se ve esto desde la Universidad, pregunta Silvia dirigiéndose a Agustín Erkizia de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).
Dice Agustín que Koldo, que acaba de colaborar con la Universidad recientemente, en parte tiene razón. Nosotros somos el eslabón al final de la cadena educativa, nos llegan los alumnos con 18 o 19 años. Emprender tiene que ver con algo que no se trabaja en la educación y es el hemisferio derecho, el hemisferio izquierdo está en Internet.
Interrumpe Silvia para volverse hacia Koldo pidiendo que explique la viñeta que ha traído.
La del examen «equitativo» a toda una serie de animales, equitativo porque es igual para todos: trepar a un árbol. Y esperan a examinarse un pájaro, un pez, una foca, un elefante, etc. Todas las personas somos diferentes y cada día diferentes, claro si somos diferentes y todos los días diferentes, en el modelo educativo actual, desde los 4-5 años ponen 25 niños con un profesor todos iguales, los nacidos dentro del mismo año, da igual que sea el 1 de enero o el 31 de diciembre —dice Koldo.
Eso significa que se está desperdiciando talento, dice Silvia.
No —contesta Koldo—, eso significa que como somos todos diferentes, no nos pueden tratar de la misma manera. Al tratar de la misma manera, entramos en el mundo de los exámenes, que ya he dicho lo del ministro francés y lo de Francia, que también explica en su exposición que no todos los niños tienen que ir a curso por año porque no todos tienen la misma evolución ni la misma madurez ni tienen tantas cosas... porque son diferentes.
Si es así, no habría fracaso escolar, no debe haber fracaso escolar —prosigue Koldo Saratxaga—. Es imposible que haya fracaso escolar, el fracaso escolar no es de los estudiantes, no es de los jóvenes. Es del modelo, es de los profesores, es del centro. Porque como son diferentes, hay que tratarlos como diferentes y no puede haber un niño y un joven que fracase.
Silvia reitera su pregunta sobre el talento, ahora a Agustín Erkizia: ¿usted cree que sometiendo a todos los niños a las mismas pruebas estamos derrochando talento, desperdiciando el talento que pasa por nuestras aulas?
Sí, sin duda, afirma Agustín.
¿Y qué está haciendo la Universidad para frenar esa sangría de talento?, pregunta Silvia.
En la Universidad es cierto que los compartimentos son todavía bastante estancos. Intentamos adaptarnos. Intentamos adaptarnos a los nuevos modelos educativos cooperativos y dinámicos, pero llevarlo al día a día cuesta. No son 25 alumnos, son más numerosos los grupos, pero sí es cierto, la experiencia que tengo, es que cuando trabajas directamente con ellos, yo he conseguido en determinadas asignaturas que el fracaso escolar sea cero, porque despierta interés, ilusión, emoción.
Es trabajar con la parte derecha, sigue diciendo Agustín, la izquierda está en Internet.
Silvia pregunta ahora a Leire de Diego, profesora de piano, una educación artística, define Leire, que le hace identificarse con lo que se está diciendo en el programa, especialmente con la viñeta que acaba de mostrar Koldo, porque distingue claramente las diferencias entre sus alumnos que no permiten poner el mismo examen o la misma nota. También destaca que el alumnado, las familias e incluso los profesores están demasiado atados a conceptos tradicionales de educación: los deberes, los exámenes, la nota.. Los padres quieren la nota y les da igual la historia que les cuentes alrededor de su hijo. Creo que tenemos que cambiar radicalmente nuestra visión.
¿También se tiene que cambiar la visión desde la Universidad?, Silvia vuelve a preguntar a Agustín, ¿y cómo se accede a las prácticas laborales?
Agustín concede que aunque tienen que mejorar, hay datos elocuentes sobre el impacto de las prácticas en la incorporación al mercado de trabajo. Hay estadísticas que dicen que tenemos centros donde un 40% de las prácticas se convierten en trabajo real. Experiencias recientes nosotros tenemos de estar colaborando con un proyecto, Garaituz, con la Diputación, en el que intervienen 99 empresas y estoy seguro de que el impacto que van a tener sobre el desarrollo de las pymes que están dentro de este proyecto y en contratos de trabajo va a ser muy alto, porque van a evolucionar, porque están ilusionados.
Silvia se dirige a Lander para que de nuevo comparta su experiencia a ambos lados de la barrera de las prácticas laborales. Lander expone que, en su caso, ha supuesto el contraste de estar por su parte pendiente continuamente de los alumnos en prácticas y verse a su vez solo cuando se ha convertido en alumno en prácticas.
Emprendizaje, diversidad, trabajo en equipo y educación como seres solitarios
Pregunta Silvia ahora si lo que llamamos emprendedores no son en realidad autoempleados a la fuerza, por las circunstancias.
Quien responde es José Luis Vázquez Doménech, sociólogo, reza el rótulo del programa. Indica que cada vez que hay una crisis, surge un nuevo modelo. Cada vez que hay un nuevo modelo, surgen nuevos términos, como emprendedor, como autoempleo. Pero yo creo que no engancha la mayoría de la sociedad. Todos no podemos ser pianistas y todos no tenemos por qué ser emprendedores. Yo veo una laguna en todo este concepto, porque parece que hay palabras superbonitas para alcanzar una educación buena, que proteja al individuo, que le forme de una determinada manera, pero los valores que estamos viendo aquí son de riesgo, de competitividad, ¡incluso de jugar en Bolsa!
Silvia se vuelve hacia Koldo, ¿Koldo, eso es cierto?
José Luis termina de hablar diciendo que cree de verdad que hay una gran parte de la población que no tiene por qué acceder a lo que estamos hablando aquí y las propias estructuras del Estado deberían aportar mucho más para que ese amplio sector de la población pudiera acceder, porque yo, por ejemplo, no puedo ser pianista, por mucho que me empeñe y por mucha capacidad competitiva que pueda tener.
Koldo, ¿es cierto lo que está subrayando José Luis? Por un lado hablamos del bien común, como ya nos apuntaba Iván, y por el otro lado decimos competitividad, riesgo, inversión en Bolsa..., pregunta Silvia.
Lo de la Bolsa es como una actividad que él, Jon Ander, ha cogido como una decisión de riesgo y luego ya ves que ha hecho muchas más cosas. Lo que tenía es la cabeza que le iba caminando por delante y hacía cosas. Pero tienes razón. Eso lo que quiere decir, y lo que tú dices, es que no todos son pianistas, no todos son monos, no todos son peces ni todos son elefantes. Y por eso lo del trabajo en equipo.
Para trabajar en equipo, nos tienen que enseñar y tenemos que hablar de valores, pero no tanto en la Universidad; como decía Agustín, en la Universidad ya es tarde, con 25. Mis nietas y mi nieto, que tienen 8-10 años, ya es tarde. Yo estoy preocupado, preocupadísimo, cada vez que les veo, cada vez que hablo lo que sea de mis nietos. Porque con 8-10 años es lo que me pasaba a mí con mis hijas. Han pasado treinta y cinco y se sigue igual, porque antes de los 7 años, hasta los 7-8 años es cuando estamos como esponjas, lo percibimos todos. Ahí es donde tienen que estar los valores, el trabajo en equipo, ese compartir, no el competir al que nos llevan.
Porque precisamente la nota —y lo sigo en mis hijas, que no quieren abrir los sobres de notas de sus hijos, pero ellos hablan de las notas por sus amigos— la nota es la competición. Y cuando ponemos el examen de subir al árbol, ¡yo voy a llevar un suspenso a casa! Entonces, ¿qué digo en casa? Luego estamos creando «idiotas» para toda la vida [como dice la frase de Einstein al pie de la viñeta], frustrados para toda la vida, porque tienen que defenderse de por qué tienen un suspenso. ¡Porque no son mis habilidades! ¡Porque no soy pianista, no voy a sacar un sobresaliente en piano! Pero tienes otras muchas habilidades. La pregunta entonces es por qué hacemos los mismos exámenes para todos e individuales, si en mi vida voy a estar solo ni debo estar solo. Es todo lo contrario: trabajo en equipo, compartir, generosidad. Pero me llevan por un camino del solitario, ¡hasta los 23 años!