De puertas adentro los proyectos con el Nuevo Estilo de Relaciones, NER, ofrecen la imagen que expresa el lema situado al final de todos los componentes del NER: «Un proyecto común = Un éxito compartido».
Es la imagen que veíamos mentalmente en nuestra página al empezar esta semana: todas las personas de una organización, después de mucha comunicación y debate, acuerdan un proyecto que pasa a ser suyo, personal, de cada uno, y a la vez el nexo que une a todos, independientemente de las diferencias que hacen que cada persona seamos única.
¿Y qué ocurre de puertas afuera? Porque estaremos pensando en que un proyecto echa raíces en la tierra y crece al aire libre, relacionándose con clientes, proveedores, con la sociedad, etc. ¿Qué pasa cuando el proyecto común —la misión, la visión y los valores— echa a andar en medio de los mercados que funcionan con ideas como considerar a las personas un coste, en medio una sociedad que en un alto porcentaje está dormida en su comodidad, etc.? En un proyecto común con un Nuevo Estilo de Relaciones lo que ocurre es lo que leemos en el titular de prensa más reciente sobre ner group: «Las organizaciones de ner group se encaminan por la senda de la recuperación». Es una información que reitera algunos datos publicados anteriormente en la prensa diaria y además aporta otros nuevos. No deja de admirarnos y entusiasmarnos el hecho de que todas las personas hayan continuado en las organizaciones de ner group —gracias a esta nueva publicación conocemos que el 3% de variación en el número de personas se debe sobre todo a jubilaciones (dos tercios de ese 3%) y el resto a bajas voluntarias—.
Es un éxito empezar a ver la luz en el horizonte después de estos dos años en los que han desaparecido tantas empresas y siguen desapareciendo. Es un logro conseguido con el rumbo de un proyecto común, decidiendo y sabiendo entre todos lo que se quiere hacer y cómo.
Lejos de ser esclavos del cliente o títeres de los mercados, somos protagonistas de nuestro proyecto común.
Y como hay que contar con proveedores, y algunos críticos para el desarrollo de la actividad, encontramos la forma de compartir también con ellos el proyecto, meterlos en nuestra casa y nosotros estar también en la suya.
¿Cuántas organizaciones empresariales y emprendedores han decidido que están para servir al cliente y han interpretado esto como atender todas las solicitudes y pedidos que reciben?, ¿cuántas organizaciones han alargado interminablemente su catálogo de productos y servicios, incluyendo referencias servidas muy ocasionalmente? Los pedidos son uno de los reconocimientos al valor de lo que hacemos. Pensando en todo esto, entendemos la gran utilidad y acierto de esta línea de actuación que Koldo Saratxaga ha llevado a la práctica y compartido como filosofía en su libro Un nuevo estilo de relaciones. Para el cambio organizacional pendiente:
Sí mercados, no productos.

