Las personas son lo más valioso de una organización, lo más valioso de la creación: es una idea que nos complace recordar y destacar una vez más, leyéndola en las páginas del libro Un nuevo estilo de relaciones. Para el cambio organizacional pendiente, escrito por Koldo Saratxaga.
Vamos a leer el párrafo donde aparece esta idea y también otras dos conectadas, en otro párrafo cada una:
¡Qué gran error! A lo más valioso que tenemos en la organización, a lo más valioso de la creación, a las personas, se les dice el qué y el cómo tienen que hacer las cosas, excepto que estén en la parte muy superior de la superior de la pirámide organizativa. Personas que son capaces de dominar su trabajo en pocos meses quedan condenadas, a partir de entonces, a realizar su tarea de forma repetitiva cada día. ¿Hasta cuándo?
Lo más preciado que tenemos en las organizaciones son las personas y debemos ejercitar la habilidad de obtener lo más valioso de ellas, que no es ni su fuerza física ni su capacidad de obedecer y repetir tareas.
Si asumimos que nos encontramos de lleno en un entorno cada vez más complejo, donde lo nuevo ―lo cambiante― debe ser tratado a diario en las organizaciones en las que estamos, debemos ir tomando decisiones sobre nuevos estilos organizativos, es decir, sobre la creación de nuevos estilos de relación.
La cultura organizativa imperante es jerárquica. «Organizativa» quiere decir que se aplica donde surja la necesidad de «organizar» a las personas. Y esta necesidad aparece no solamente en el mundo empresarial, sino también en toda actividad humana: la educación, la política, el deporte, etc.
Mientras que la democracia se va implantando y perfeccionando en las sociedades, la cultura organizativa se ha detenido en el tiempo y se sigue dando por hecho que las organizaciones deben ser jerárquicas. De esta forma, unas personas mandan y piensan y otras obedecen y no deben pensar ni, por supuesto, hacer nada que tenga que ver con pensar, como opinar, decidir, preguntar, sugerir, etc.
Como indica Óscar García en su libro Cuando la propiedad no quiere ceder el poder, las organizaciones actuales son «piramidales, burocratizadas y constituidas para dar respuesta a los desafíos originados por la Revolución Industrial». Estos son los frutos de la cultura jerárquica y no pueden ser otros porque ni siembra ni cultiva otros.
Los retos de hoy son diferentes al producir y producir para una demanda al parecer interminable, como ocurría cuando nació la producción en serie característica de la era de la Revolución Industrial. Las sociedades han cambiado; se ha dado un salto cuantitativo y cualitativo en las posibilidades de formación y desarrollo de las personas...
Sin embargo, las empresas continúan en lo mismo, pensando lo mismo, que su misión es producir y que las personas son «brazos» y «mano de obra» para elaborar «productos» que, cuanto más sean mejor, porque de este círculo no salen porque la cultura sobre la que se asientan no se lo permite.
Pero sí es posible cambiar la cultura. Es posible y es difícil, requiere tiempo de ejercitar valores y actitudes. Lo dice desde su experiencia Jabi Salcedo, en su reciente entrevista en Gara.
Así que hay que dejar el ordeno y mando, hay que caer de las nubes de pensar que porque se ejerce el ordeno y mando se es el mejor... Y no se trata tanto de una labor de negación por parte de los que mandan, de decir «no soy el o la mejor», «no soy...», como de afirmación, positiva, constructiva, de abrir los ojos y ser consecuentes con el hecho de que lo más valioso que tenemos en la organización, lo más valioso de la creación, son las personas.
Todas las personas tenemos a nuestro alcance el hacer esto porque, ¿quién no tiene alguna parcela de poder o afirmación en la vida en la que pensar que las personas alrededor son «menos».
El trabajo en equipo es el medio privilegiado para conocer y disfrutar de la valía de las personas. Y también el contexto donde se puede desarrollar esto que Koldo Saratxaga, desde su talento y experiencia de liderazgo —ejercido hasta desde sus escritos, que tanto nos motivan—, muestra como llave del futuro mejor al que aspiramos:
Lo que es más relevante de cara al futuro: la ilusión, la energía, la capacidad de todas las personas que componen la organización.
Es la idea con la que hemos comenzado esta semana, leyéndola en el artículo de Koldo Saratxaga que ha publicado recientemente la Associació Catalana d'Entitats de Salut (ACES).

