Entre las ideas y valores del nuevo estilo de relaciones encontramos esto que se llama «perspectiva de futuro». Si entramos en el mundo de las organizaciones empresariales en general, vemos que muchas personas carecen de esta perspectiva. No pueden tenerla, porque no son dueños de su presente ni de su futuro. Son otros, unos pocos, los llamados directivos y propietarios, quienes piensan y deciden por la gran mayoría que forman todas las otras personas.
Cuando nos sentimos dueños de lo que somos y nuestra vida, encontramos la posibilidad de mirar al futuro, imaginarnos en él de determinada forma, pensar en que sean realidades los retos que describimos más o menos como «mi sueño es…». Es porque este sentimiento de propiedad también nos hace sentirnos con la libertad de pensar, decidir, hacer, etc. Gracias a nuestra libertad es como la perspectiva de futuro conecta con la realidad de lo que somos, para impulsarla, guiarla, cambiarla, facilitarnos distinguir oportunidades y posibilidades...
Y en todo esto consiste el secreto del nuevo estilo de relaciones —por el que tantas personas le han preguntado a Koldo Saratxaga y le siguen preguntando—. Lo leemos en estas pocas líneas de su libro sobre el ner:
Y lo que yo indico como elemento clave, en definitiva, como la llave, es: «Creer en las personas, dejar que se adueñen del proyecto, que se ilusionen con él y con su evolución, que siempre será de éxito, y ya decidirán si es necesario cambiar procesos, productos o compañeros de viaje».
Una realidad natural común a las personas es que nacemos libres y somos libres. Lo destacaba Koldo en una de las charlas más recientes que tenemos en vídeo (y que ahora no recordamos en concreto para poder citarla). ¿Por qué entonces cuando las personas se juntan para hacer algo se organizan de tal forma que un requisito es prescindir de la libertad individual, de la diversidad y del compartir, y a cambio tender a mandar y controlar, a recortar las alas?
Es muy diferente en el nuevo estilo de relaciones, y por eso hoy estamos hablando de «perspectiva de futuro» para todas las personas que forman parte de un proyecto, no sólo para unas pocas.
El nuevo estilo de relaciones es un cambio radical, y en este aspecto es adecuado que se considere «revolución», específicamente, una «revolución silenciosa». Entre los motivos de esta tranquilidad revolucionaria encontramos el sentido común que la distingue, la naturalidad con la que puede asumirse, tanto desde la diversidad que hace que cada persona seamos única como desde las realidades que nos asemejan, por ejemplo, la libertad.
¿Cómo se ponen en activo todas las capacidades de las personas —las diferentes y las parecidas, incluida su libertad para sentirse dueñas de un proyecto— y al mismo tiempo se consigue que los frutos individuales sean útiles a todos, al proyecto común que nos ha juntado para recorrer unidos un camino?
También nos explica Koldo cómo hacerlo y verás que todo sigue siendo muy sencillo en este nuevo estilo de relaciones: con el trabajo en equipo, abandonando de raíz las formas organizativas del «ordeno y mando», donde unos pocos piensan y deciden, y todos los demás son «empleados»:
El trabajo en equipo aporta: relaciones y, por tanto, nuevas redes de comunicación, retos a medio y largo plazo, así como nuevas experiencias, nuevos conocimientos y focalización en lo importante, a la par que motivación de las personas porque se liberan de lo que no añade valor y se adueñan de sus propios retos y proyectos.
Y así empezamos la semana, pensando en el futuro que queremos para todos. ¡Hasta el miércoles!

