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viernes, 13 de febrero de 2015

Personas productos educativos


Nos sonará alguna historia de un escritor o escritora que envió su obra a un buen número de editoriales y recibió tantos rechazos como envíos; en algún momento alguien rectifica su negativa, o dice sí a la primera, y esta obra se convierte en una celebridad o un superventas una vez publicada. A la hora de identificar oportunidades editoriales, les falla el ojo tanto a los entendidos como a los novatos, según van contando los propios protagonistas: le falló el culto editor Carlos Barral, cuando rechazó publicar la novela de Gabriel García Márquez Cien años de soledad; o al escritor André Gide, que informó en contra de publicar la obra de Marcel Proust En busca del tiempo perdido; o a los 20 entendidos editores que, uno tras otros, rechazaron la obra de Pierre Lemaitre que ha sido reciente premio Goncourt.

Las personas en busca de empleo y que no se han desanimado de encontrarlo habrán hecho muchos intentos también, con envíos de currículum, entrevistas si ha habido suerte y, antes, la consiguiente búsqueda de información.

No hay espacio para absorber la actual demanda de empleo. Es una demanda procedente de la natalidad, obviamente, y del sistema educativo y formativo, por lo general, ya que casi todas las personas tienen alguna certificación académica.

Oímos y leemos a nuestro alrededor a las entidades que forman y educan hablar a su alumnado de incorporarse al mercado laboral, a la vez que ellas mismas, como organizaciones, asumen metas mercantiles. En este ámbito educativo, según esta óptica mercantilista, las personas somos, dicho grosso modo, materia prima que recibe un tratamiento estándar para lograr unas características similares, en serie; las y los profesores serían los operarios de esta especial «línea de producción»; etc. Es un sistema extendido por todo el mundo y vigente hace años. En lo que nos toca, en nuestra sociedad ahora, está resultando un gran problema, con «no vender» lo que produce y atraer fondos sin generar un retorno aceptable.

Así nos considera el sistema educativo, pero ¿cómo nos presentamos nosotros en el mundo del empleo? Casi siempre con un currículum de formato y expresión estándar… Esto habla de nuestro deseo de integración y de encontrar lo que nos una a otros, es lo positivo. Pero si nos dan la oportunidad de pensar por nosotros, de definirnos personalmente, ¡quizá ni siquiera escuchemos o entendamos ni tampoco sepamos hacerlo! Es una experiencia que han tenido no hace mucho en AMPO. ¿Hemos fabricado el sistema educativo a la medida de nuestra comodidad y conformismo? Es una duda posible.


En otros países no hay tanto paro con un sistema similar, dirás, bienvenida, bienvenido visitante. Sin embargo, donde pueden soñar con un 2% de desempleo es en Finlandia, el país que ofrece la mejor educación, según cada vez más personas.

Una filosofía educativa opuesta al mercantilismo es la clave del éxito social y laboral de la educación finlandesa, subraya uno de los autores de dichos planteamientos, Pasi Sahlberg, en esta entrevista reciente.

En España se elogia este sistema y hasta se propone como respuesta al reto del paro, la educación y el futuro, aunque la presión lleva a simplificarlo en unos términos más bien próximos al sistema caduco, por ejemplo, como «un sistema educativo de alto rendimiento». La urgencia parece que no deja espacio para interiorizar o hablar de sus características rompedoras, como valorar a sus profesores, dar espacio para soñar o para las relaciones familiares, y animar a que cada centro se supere a sí mismo, no a que compita con otros, por ejemplo.

Dentro de unos días Koldo Saratxaga está invitado por Nazareth Zentroa a dar una charla para orientadores que deseen ayudar a los alumnos a afrontar retos de futuro. Se plantea en estos términos, en un vocabulario diferente, como el título de esta charla: «Creatividad y emoción para la nueva educación».