Afirma Koldo Saratxaga que su mayor ilusión en cuanto a su libro Un nuevo estilo de relaciones para el cambio organizacional pendiente, tanto al escribirlo como ahora que ha agotado su primera edición, «está en que sea una lectura para los jóvenes, los estudiantes y quienes se incorporan a su primer trabajo».
Lo cierto es que los jóvenes entienden y aceptan muy bien a Koldo. Tan bien sintonizan con él los jóvenes que más de uno y más de una podría escribir nuestra página de actualidad, esta ventana que abrimos cada día al sistema de gestión de Koldo Saratxaga con el deseo de que nos encuentren las personas en el camino a su futuro.
Por ejemplo, este alumno de Mondragon Unibertsitatea, Nacho, escribe así, con sus 22 años a punto de acabar la carrera: «Pienso que seguramente, nadie hoy en día escogería el sistema predominante frente a un nuevo estilo, quizás como el que propone Saratxaga. Lo que sucede es que la mayoría de las personas van directas al sistema y no conocen nada diferente. Entonces, ¿qué pueden hacer para cambiarlo? Si todos vamos entrando en él, y el que manda es alguien que está por encima, es complicado».
Tener delante los buenos resultados de Irizar o el éxito de Koldo Saratxaga puede no ser fácil para algunas personas, en el plano de los sentimientos, y a veces leemos que es porque sienten más sus carencias. Pero esta primera reacción no dura mucho —¿por nacer de la visceralidad?— y, a continuación o simultáneamente, incluso protestando, se hacen avances en compartir, empezando por compartir el tiempo con Koldo Saratxaga, dedicándolo a la lectura de sus libros. Es la experiencia que narra una estudiante también de Mondragon Unibertsitatea, Naroa, que sustituye un rechazo frontal por el no estar de acuerdo del todo, tras leer los dos libros de Koldo.
Porque, ¿quién ha demostrado que para que haya comunicación y compartir debe existir como requisito un entorno idílico y ser todo armonía y facilidad en las actitudes?
«Dedicamos muchísimo tiempo, más del cuatro por ciento de las horas, unas cien horas persona/año de media de todos los que integramos Irizar, a compartir experiencias, a aprender de la realidad, sentados, relajados o tensos, en salas, en grupos de cuatro, de ocho, de veinte, de ochenta..., de las seiscientas y pico personas. Para nosotros, eso es formación, lo más importante de Irizar. Por otra parte, hay que tener en cuenta que las personas que se incorporan lo hacen con una buena formación básica, pero que muy buena.»
(Koldo Saratxaga, ¿Sinfonía o jazz?, pág. 248, subrayado nuestro)
Lo que puede impedir compartir es no querer compartir, es decir, no querer dejar el poder, ya sea el de un cargo empresarial o el que se ha conseguido sobre unas personas por cualquier otro medio y se desea usar para tener más poder personal. En estos casos, sí que encontramos oposiciones radicales, tanto frontales como disfrazadas, al modelo Saratxaga y a cualquier otra propuesta que signifique horizontalidad en las organizaciones.
Desde hace más de una década se viene hablando de la economía del conocimiento en el contexto de la nueva era en la que nos encontramos. En la situación económica actual, se muestra aún más urgente la necesidad de que las organizaciones cambien y empiecen a funcionar en el terreno del conocimiento, en sustitución de las culturas del pelotazo y las jerarquías. Así lo decía hace unos días el nobel de Economía Paul Krugman en las jornadas Innovae, en Madrid. Así lo escribe Koldo Saratxaga al comenzar el capítulo 1 de su último libro:
«A veces pienso que esta sola frase: “un nuevo estilo de relaciones” es suficiente para expresar todo lo que siento sobre la necesidad del cambio urgente y que quien lo comprenda dará el gran salto y quien no, se quedará con sus formas y, permitidme que sea crudo, con sus temores y desconfianzas y, casi seguramente, con el fracaso de cara al futuro.»
Desde hace años, la economía del conocimiento es una realidad a través del modelo Saratxaga, en las organizaciones donde «las personas son lo más importante» y los jóvenes son incluidos tanto en la comunicación interna como en las grandes responsabilidades:
«Creo que es un error insensato decir, con la frivolidad con que tantas veces se dice, que “la gente pasa de todo”, “que los jóvenes son unos individualistas”, “que se vive demasiado bien y nadie quiere responsabilidades”.
Mi experiencia con miles de personas contradice estas afirmaciones. Mi saldo es absolutamente positivo y sin distinción de lugares, razas o edades.
De estos temas suelo hablar con los estudiantes. Se quedan un poco extrañados de que todo lo que yo les digo con tanta claridad no lo hayan tratado en sus muchos años de estudio. Pero rápidamente lo interiorizan como muy importante para ellos.
[...]
Soy partidario, por tanto, de dar oportunidades de gran calado a personas muy jóvenes.»
(Koldo Saratxaga, Un nuevo estilo de relaciones para el cambio organizacional pendiente, capítulos 4 y 16)

