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sábado, 10 de octubre de 2009

«Cuantas más personas, más a crear, más a sumar»



La confianza de consumidores e inversores mejora porque no empeora. Es el mensaje que nos llega desde las páginas de información económica, en estos días en los que se ha sondeado la actitud del consumidor. Una «mejoría» en la línea de los llamados «brotes verdes», que no son otra cosa que una parada en la caída libre experimentada por la economía. Sin embargo, el Nobel de Economía Paul Krugman, en su intervención en el World Business Forum estos días pasados, ha afirmado que la crisis del comercio mundial es superior a la que se produjo durante la Gran Depresión.

A estas alturas, con tanta información como hemos recibido acerca de este desastre económico, es posible que estemos clasificando como secundaria la información cuantitativa. Tal vez hayamos pasado a tener más en cuenta aspectos cualitativos que se presentan en segundo plano en la información. En el caso del comercio, dice Krugman que el comercio internacional es «un mecanismo de transmisión del estrés económico en el ámbito global, incluyendo a países con un sistema financiero relativamente bueno». Es decir, una vez más, la actualidad nos dice que no vivimos aislados y que los comportamientos de unas personas repercuten sobre otras. Esto sí nos interesa más y también podemos sacarle mayor rendimiento que a que nos digan que el hoyo donde nos hemos metido tiene una profundidad de dos kilómetros, aunque esta información no sea nada desdeñable, al contrario.

Vivir juntos en una sociedad, formar parte de una realidad integrada por muchas personas, es entonces una gran oportunidad. Utilizar este potencial de la transmisión que existe entre las personas es una decisión importante, porque sus resultados pueden ser enormemente positivos. Así nos lo explica Koldo en la entrevista que le hizo la revista de FEVAS:

«Muchas veces me piden la receta y la verdad es que no existe esa fórmula infalible, si la tuviera os la daría. Se trata de algo muy sencillo, de sentido común: creer en las personas. Ellas son el motor de todo. Muchos piensan que cuantas más personas en un organización peor, más problemas, más conflictos... y yo pienso lo contrario, cuantas más personas, más a crear, más a sumar.»

Creer en las personas. ¿Y cómo se hace? Querer creer será el primer paso, ¿verdad? Decidirnos a dar el voto de confianza a las personas, a su responsabilidad, sus ilusiones, su capacidad de aprender y su experiencia. Y de esta manera el siguiente paso es que quizá nos veamos sorprendidos porque a cambio de la confianza recibimos mucha más entrega de la que pensábamos.

«Las personas son responsables cuando se confía en ellas», leemos en el libro de Koldo Un nuevo estilo de relaciones para el cambio organizacional pendiente.

¿Qué adelantamos entonces criticando, clasificando, reprendiendo, etc.? ¿No es mejor ser siempre animadores de las personas y facilitadores de que sus esfuerzos acaben construyendo realidades positivas? Desde su gran experiencia con las personas, Koldo nos recuerda en alguna ocasión que el nivel de logros de las personas no puede medirse en términos absolutos, pues lo que para unos es fácil para otros es resultado de un importante esfuerzo.

«Se trata de hacer de la diversidad un valor a la hora de sumar y de lograr riqueza creativa», nos dice también Koldo en su libro.

Cuando falta solidaridad para ser lo suficientemente responsables, la comunicación continua lo pone encima de la mesa; con comunicación es posible recabar de todos la solidaridad necesaria. Así lo hacen las personas de Lancor, un equipo que trabaja con el máximo interés de garantizar al 100% el servicio a sus clientes. Lo contaban en las dos sesiones (1 y 2) en las que han participado en el Foro de Experiencias Saratxaga.

Es un ejemplo de cómo los mecanismos de transmisión entre las personas que trabajan juntas sirven para crear un desarrollo económico y laboral.

¿Has leído la crónica-resumen de Javier García León sobre la conferencia de Koldo en el IAT en Sevilla? La compartíamos esta semana en nuestra página. Hay en ella muchas ideas de trabajo en equipo, junto con una buena dosis de atención al entorno actual y futuro de la economía.

En nuestra página de hoy nosotros hemos tomado las frases de Koldo de la reseña escrita por Iñaki Ortiz sobre Un nuevo estilo de relaciones. En ella no sólo recoge ideas clave, sino que las describe en su conexión con realidades emocionales. Tanto Iñaki Ortiz como Javier García León son dos personas del sector de la Administración Pública.

Y hoy habrás visto en la prensa de Euskadi la noticia de que el próximo día 15 se presentará en sociedad gbe-ner Elkartea. Si hoy lo anuncian El Correo y Diario Vasco, el pasado agosto anunciaban este proyecto Deia y Noticias de Gipuzkoa. Estaremos atentos a esta presentación. Es un motivo de esperanza y de satisfacción ver personas ilusionadas con unirse verdaderamente. Como indica Koldo: «Cuantas más personas, más a crear, más a sumar».






domingo, 3 de mayo de 2009

La era del conocimiento: Koldo Saratxaga y los jóvenes



Afirma Koldo Saratxaga que su mayor ilusión en cuanto a su libro Un nuevo estilo de relaciones para el cambio organizacional pendiente, tanto al escribirlo como ahora que ha agotado su primera edición, «está en que sea una lectura para los jóvenes, los estudiantes y quienes se incorporan a su primer trabajo».

Lo cierto es que los jóvenes entienden y aceptan muy bien a Koldo. Tan bien sintonizan con él los jóvenes que más de uno y más de una podría escribir nuestra página de actualidad, esta ventana que abrimos cada día al sistema de gestión de Koldo Saratxaga con el deseo de que nos encuentren las personas en el camino a su futuro.

Por ejemplo, este alumno de Mondragon Unibertsitatea, Nacho, escribe así, con sus 22 años a punto de acabar la carrera: «Pienso que seguramente, nadie hoy en día escogería el sistema predominante frente a un nuevo estilo, quizás como el que propone Saratxaga. Lo que sucede es que la mayoría de las personas van directas al sistema y no conocen nada diferente. Entonces, ¿qué pueden hacer para cambiarlo? Si todos vamos entrando en él, y el que manda es alguien que está por encima, es complicado».

Tener delante los buenos resultados de Irizar o el éxito de Koldo Saratxaga puede no ser fácil para algunas personas, en el plano de los sentimientos, y a veces leemos que es porque sienten más sus carencias. Pero esta primera reacción no dura mucho —¿por nacer de la visceralidad?— y, a continuación o simultáneamente, incluso protestando, se hacen avances en compartir, empezando por compartir el tiempo con Koldo Saratxaga, dedicándolo a la lectura de sus libros. Es la experiencia que narra una estudiante también de Mondragon Unibertsitatea, Naroa, que sustituye un rechazo frontal por el no estar de acuerdo del todo, tras leer los dos libros de Koldo.

Porque, ¿quién ha demostrado que para que haya comunicación y compartir debe existir como requisito un entorno idílico y ser todo armonía y facilidad en las actitudes?

«Dedicamos muchísimo tiempo, más del cuatro por ciento de las horas, unas cien horas persona/año de media de todos los que integramos Irizar, a compartir experiencias, a aprender de la realidad, sentados, relajados o tensos, en salas, en grupos de cuatro, de ocho, de veinte, de ochenta..., de las seiscientas y pico personas. Para nosotros, eso es formación, lo más importante de Irizar. Por otra parte, hay que tener en cuenta que las personas que se incorporan lo hacen con una buena formación básica, pero que muy buena.»

(Koldo Saratxaga, ¿Sinfonía o jazz?, pág. 248, subrayado nuestro)

Lo que puede impedir compartir es no querer compartir, es decir, no querer dejar el poder, ya sea el de un cargo empresarial o el que se ha conseguido sobre unas personas por cualquier otro medio y se desea usar para tener más poder personal. En estos casos, sí que encontramos oposiciones radicales, tanto frontales como disfrazadas, al modelo Saratxaga y a cualquier otra propuesta que signifique horizontalidad en las organizaciones.

Desde hace más de una década se viene hablando de la economía del conocimiento en el contexto de la nueva era en la que nos encontramos. En la situación económica actual, se muestra aún más urgente la necesidad de que las organizaciones cambien y empiecen a funcionar en el terreno del conocimiento, en sustitución de las culturas del pelotazo y las jerarquías. Así lo decía hace unos días el nobel de Economía Paul Krugman en las jornadas Innovae, en Madrid. Así lo escribe Koldo Saratxaga al comenzar el capítulo 1 de su último libro:

«A veces pienso que esta sola frase: “un nuevo estilo de relaciones” es suficiente para expresar todo lo que siento sobre la necesidad del cambio urgente y que quien lo comprenda dará el gran salto y quien no, se quedará con sus formas y, permitidme que sea crudo, con sus temores y desconfianzas y, casi seguramente, con el fracaso de cara al futuro.»

Desde hace años, la economía del conocimiento es una realidad a través del modelo Saratxaga, en las organizaciones donde «las personas son lo más importante» y los jóvenes son incluidos tanto en la comunicación interna como en las grandes responsabilidades:

«Creo que es un error insensato decir, con la frivolidad con que tantas veces se dice, que “la gente pasa de todo”, “que los jóvenes son unos individualistas”, “que se vive demasiado bien y nadie quiere responsabilidades”.

Mi experiencia con miles de personas contradice estas afirmaciones. Mi saldo es absolutamente positivo y sin distinción de lugares, razas o edades.

De estos temas suelo hablar con los estudiantes. Se quedan un poco extrañados de que todo lo que yo les digo con tanta claridad no lo hayan tratado en sus muchos años de estudio. Pero rápidamente lo interiorizan como muy importante para ellos.

[...]

Soy partidario, por tanto, de dar oportunidades de gran calado a personas muy jóvenes.»

(Koldo Saratxaga, Un nuevo estilo de relaciones para el cambio organizacional pendiente, capítulos 4 y 16)






sábado, 14 de febrero de 2009

¿Sálvese quien pueda?: «Hay dos palabras clave: personas y proyecto»



Las personas que se unen por un proyecto y lo comparten día a día, con libertad, dedicación y responsabilidad son la clave, en cualquier circunstancia.

Así lo están viendo quienes se dedican a plantear soluciones en el momento actual, cuando el «sálvese quien pueda», que ha sido uno de los prototipos de la inteligencia para los «negocios» en la economía de las últimas décadas, ha desembocado en varias catástrofes financieras actuales. Casi diariamente, tenemos la ocasión de leer o de escuchar en los medios de comunicación el retrato de algunas de ellas: la crisis global del crédito hipotecario que arranca en Estados Unidos, el estallido de la burbuja inmobiliaria del Estado español, etc.

A finales de este mes de enero, el actual premio Nobel de Economía, el estadounidense Paul Krugman, escribía en su página en The New York Times que España, para salir de la crisis, debía disminuir los salarios de los directivos. Al margen de los análisis financieros que correspondan, un impulso que esta idea podría dar a la economía es la perspectiva del conjunto de las personas como un circuito que se retroalimenta en todas las direcciones, en sustitución de considerar la cima de la pirámide como la referencia suprema. Es otra idea sustancial en el modelo Saratxaga: la actividad de una organización no debe estar orientada al jefe, sino al cliente. Así lo expresa en la entrevista que le hace FEVAS, publicada en su revista Baietz, «Para que una organización funcione hay que creer en las personas»:

«Yo te puedo hablar del modelo que intento implantar y que hoy en día no lo tienen ni el 2% de las organizaciones. Se trata de un modelo basado en las personas. Algunos dicen que ya lo están haciendo porque han creado algún equipo puntual y han soltado un poco de responsabilidad, pero todavía no han roto la jerarquía. Sigue existiendo el concepto de "jefe" y las personas siguen viendo al jefe como el importante y no el cliente, el mercado, el futuro, la innovación... Si te centras en las personas para que sean innovadoras estás haciendo una organización innovadora. Cuando todo se focaliza en los costes es una continua presión, un continuo estrujar y reducir.»

Hoy mismo, Manu Beraza y los otros diez presidentes de los clusters del País Vasco, Julián Hernando, Javier Caño, Koldo Arandia, Juan Mari Gurrutxaga, Baltasar Errazti, Luis Cañada, Joseba Ruiz de Alegría, José Luis Osoro, Rafael Sarrionandia y Oscar Santisteban, en un artículo en el que concretan las que a su juicio son las vías para tomar en este momento, destacan la importancia de las personas, en los mismos términos en los que se establece en Un nuevo estilo de relaciones: «las personas constituyen el alma de nuestro tejido industrial», dicen. Lo mismo, aunque con mayor énfasis, escribe Koldo Saratxaga en su último libro (página 11):

«para mí es, sin duda, lo más importante en la empresa, lo que contituye su aliento vital y su alma: sus personas»

Por este motivo, siempre hay razones para el optimismo y para dirigir la mirada al futuro.

En el presente, hay realidades que funcionan y si ayer en nuestra página de actualidad estaba Matia Fundazioa con su importante proyecto a cinco años del Polo Matia de Innovación en Envejecimiento, hoy es Irizar Maroc la que nos permite hablar de buenas noticias por haber entregado 16 unidades del Nuevo Century fabricadas en su planta de Skhirat, estrenada hace unos meses.