Como cada fin de semana que se acerca, y dado que son mayoría las personas que tienen la ocasión de disfrutar del sábado y el domingo como no laborables, nos gusta mirar al reino animal irracional y al reino vegetal, pues el tiempo libre nos permite dedicarnos a contemplar la naturaleza. «Necesitamos acercarnos más a la naturaleza y aprender de ella», acaba de escribir Koldo Saratxaga en su artículo «Relaciones laborales: lo sencillo es lo inteligente», en Deia.
En nuestras ciudades y localidades grandes no hay muchas oportunidades de ver la vida animal en su estado natural. El viernes pasado trajimos unas hormigas, unos animales que podemos ver, si nos esforzamos un poco, al pasar por un parque o cualquier terreno sin asfaltar. Hoy podríamos traer algún ejemplar de los veloces murciélagos que no faltan en ningún lado, casi siempre de la especie pigmea. Producen el beneficio ecológico de regular la población de insectos, entre otros. Por su apariencia resultan unos simpáticos ratones especialmente pequeños. Esta semana nos hemos encontrado un pequeño murciélago posado en una acera, verdaderamente bonito, con un color gris muy oscuro. Aunque echó a volar casi enseguida, se detuvo el tiempo suficiente para permitirnos imaginar el gran tamaño de sus pulmones —hechos para volar— por el modo como se inflaban y desinflaban sus costados al respirar para recuperar el aliento. Y cuando arrancó a volar también nos dejó distinguir el contraste entre la gran envergadura de sus alas y su pequeño cuerpo. Sin embargo, no hemos de perder de vista que los murciélagos son transmisores del virus de la rabia, un virus mortal si no se recibe su vacuna, por lo que se recomienda no tocar a estos simpáticos animales y menos si encontramos uno en el suelo, como nos ha ocurrido a nosotros, pues no es su lugar corriente y es probable que esté enfermo.
Además de su atractivo, casi todos los animales en su estado original, casi todas las especies, nos ofrecen siempre otro bonito espectáculo y es su gregarismo. No pueden sobrevivir solos y viven en manadas, bandadas, enjambres, rebaños... Los animales llevan escrito genéticamente su comportamiento gregario, no sólo como instinto de unirse a otros, sino hasta los comportamientos concretos. Pensemos, por ejemplo, lo que ocurre entre las abejas: zánganos, abeja reina, obreras... así las hemos clasificado.
En el género humano pasa algo parecido y algo muy diferente. Pero no pienses que te vamos a contar lo que ocurre en el género humano, pues en esta página no somos especialistas en esa materia. Sencillamente compartimos que hoy los animales nos han recordado —una vez más— que cada persona somos diferente. «Del mismo modo que no hay dos personas iguales en el mundo, y somos más de siete mil millones, no hay dos organizaciones o dos empresas iguales», enfatiza Koldo Saratxaga en su libro Un nuevo estilo de relaciones para el cambio organizacional pendiente.
Como los animales, las personas somos «animales sociales» —según dijo Aristóteles (zoón politikón) y nadie le ha rebatido—. A diferencia de ellos, somos libres, podemos elegir qué acción llevar a cabo en cada momento. Además, tenemos capacidad para ir acumulando conocimiento intelectual, experiencias emocionales... Todo esto influye en nuestra actividad, en nuestras relaciones, nuestras decisiones...
En la foto arriba que abre nuestra página ves una versión gráfica invernal del Nuevo Estilo de Relaciones. Son todas las «coordenadas» que forman este estilo y que tienen todo el potencial de activar nuestras mejores energías. ¡Qué afortunados podemos llegar a ser por trabajar en un entorno así! ¡Vaya diferencia a trabajar en un entorno jerárquico!, y ya no digamos si el mismo se ha degradado y falta por completo la noción de «persona».
Hasta a las cosas buenas hay que acostumbrarse y requieren tiempo para llegar a conocerlas y disfrutar de ellas totalmente. Nos imaginamos que quienes cambian desde una organización jerárquica a otra basada en las relaciones asumen un esfuerzo importante, mental y emocional, que, naturalmente, se verá recompensado con creces, puesto que nadie hacemos nada para ir para atrás o perjudicarnos.
Pero incluso en el caso de las personas que llegan nuevas —con su primer contrato laboral o provenientes de otras organizaciones empresariales— a una organización donde ya se funciona con un Nuevo Estilo de Relaciones, también todo requiere su tiempo de rodaje. Imagina, por ejemplo, que te hablan de confianza. Cada uno tendremos nuestra idea de lo que es, no ya por la experiencia previa en esa organización, sino sencillamente por nuestra experiencia en la vida, fuera del trabajo.
Entonces, ya no sería la experiencia de una organización empresarial previa lo que influirá en nuestra vivencia de un Nuevo Estilo de Relaciones, sino una experiencia particular. Y en este caso la propia experiencia de emprender un Nuevo Estilo de Relaciones tendrá que ver sólo con nuestras «tripas», y no con algo estrictamente empresarial.
Estábamos pensando en estas cosas y nos hemos encontrado con un post reciente del blog servicio de innovación 2.0, escrito por Mª Eugenia García de Andoin, en el que se habla del cambio organizacional en Lancor, una de las organizaciones que forman parte de gbe-ner. Casi empieza el post recogiendo palabras de José Luis Aramburu y Unai Mendikote sobre el esfuerzo que ha costado (y suponemos seguirá costando) cambiar al Nuevo Estilo de Relaciones, pues no todas las personas aceptan eso, las relaciones. Pero a continuación todo el post refleja hechos concretos de la confianza, el compañerismo y la responsabilidad, para todas las personas, también para quienes no comparten de entrada querer unas relaciones en estos términos. Nos ha encantado todo el post, disfrutamos conociendo estas experiencias y lo que piensan y sienten las personas al tenerlas.
Te dejamos unas palabras del final y en este enlace podrás disfrutar de leer todo:
«La comunicación, la total transparencia, dar confianza y permitir el error han sido clave para generar el sentido de pertenencia de estas personas hacia la organización.
— Somos un nudo más de la empresa. Perteneces a ella. Vamos a estar trabajando 30 años en ella, y si no la cuidas pues, ¿qué vas a hacer?— argumentaron.
Me quedo con la anécdota del COMPAÑERISMO, la savia, la frescura, la naturalidad y la madurez con la que nos contaban su experiencia desde las tripas: los compañeros del turno de mañana habían hecho el esfuerzo de montar más motores para que Oscar, Jon, David, Guillermo y Jose pudieran estar con nosotras y poder así, cumplir con el objetivo diario.»
Sobre todo, con este post, podemos darnos cuenta de que un Nuevo Estilo de Relaciones es una cultura empresarial especialmente evolucionada pues además de permitir el crecimiento individual, permite el desarrollo de la faceta que nos define por excelencia a los seres humanos: la vida en sociedad con otras personas.
Como afirmaba Peio Alcelay en la charla que hemos compartido esta semana en vídeo, con un Nuevo Estilo de Relaciones somos personas, pero además unas personas especiales: personas que trabajan en equipo.


