Colaboración de Koldo Saratxaga en Herria 2000 Eliza
He sentido una vuelta al pasado al recibir la petición de Herria 2000 Eliza, ya que durante muchos años fui lector de la revista. Eran los 70, cuando muchos jóvenes inconformistas e iconoclastas estábamos ávidos de libertad y justicia. Si tengo que ser sincero, no creo que los avances logrados en estos cuarenta años transcurridos sean para tirar cohetes.
Como está de actualidad el tema de las cooperativas, y sobre la base del título que me han sugerido, trataré de compartir mis sentimientos al respecto.
Una manera de hacerlo es transcribiendo, de inicio, un artículo que escribí en julio de 2008, con el título:
“¿Cooperativas o cooperativismo?”
“En los últimos años, cada vez que llega a mis oídos el término ‘cooperativa’ —o ‘cooperativo’ o ‘cooperativismo’—, me planteo qué entiende la persona emisora por el mismo, así como qué experiencia puede haber tenido en relación con su significado.
Quizá conviene que me presente en cuál es mi vivencia al respecto, para posteriormente apoyar mis opiniones.
De mis treinta y ocho años de actividad, pasé mis primeros catorce en la Sociedad Anónima, veintiuno en las Sociedades Cooperativas, incluida la creación de una de ellas, y los últimos tres, y en este momento, liderando o asesorando, a la vez, a siete Sociedades Anónimas y a siete Sociedades Cooperativas, junto con el equipo que formamos en K2K Emocionando. (1)
Tengo que apuntar que con treinta y siete años, en 1984, lideré con pasión la creación de una cooperativa como única opción para mí de realizar mis sueños de compartir y dividir lo creado entre todos.
Mi conclusión de hace varios años es que existen cooperativas pero no cooperativismo, como práctica. Que para compartir y repartir no es necesario ser administrativamente una cooperativa, que para comunicar y ser transparentes, tampoco.
La realidad me indica que las estructuras organizativas, los organigramas y estilos de orden y control son patrimonio de todas las organizaciones por igual, y que éstas se diferencian en tanto quien las dirige o lidera les da su estilo personal. Entonces, es fácil entender que las personas que en ellas trabajan no tengan —en general, bienvenidas sean las excepciones— una entrega ni una ilusión especial por su trabajo.
He oído personalmente cientos de veces el tópico: ‘Claro, en las cooperativas los trabajadores empujan más porque son dueños’. Si tengo que ser sincero, debo decir que esto es una leyenda urbana. La práctica no es así, salvo en donde se han realizado cambios hacia modelos de relación basados en las personas. En nuestra experiencia de estos tres últimos años, con estilos de gestión idénticos, es decir, sembrando y cosechando entre todos, la doble posición que adoptan algunas personas en las cooperativas, de dueños o trabajadores según los intereses del momento, comporta la dedicación de muchas energías que cada vez son más necesarias en otros frentes de cara a tener una garantía de futuro.
En la práctica, debemos reconocer que son muy pocas las personas que, tanto en su primer trabajo como en sus cambios, persiguen como objetivo la razón social de la organización y un teórico modelo de organización. Ver los anuncios de puestos de trabajo también nos indica que la diversidad de ofertas no es relevante. Luego las personas trabajan donde pueden, más que donde quieren o por lo que sienten.
De esta manera, son las oportunidades que se ofrezcan en la propia organización lo que permitirá que cada persona aporte lo mejor de sí misma.
Por tanto, no dudo en afirmar que es más importante el fondo que las formas, es decir, crear un entorno cooperativo que creer todo funcionará por ser una cooperativa.”
(1) Indicar que ese inicio comentado hoy es lo que se conoce como ner group, compuesto por 10 S.L., 9 Cooperativas, 1 S.A. y 1 asociación sin ánimo de lucro, con 1.500 personas en un estilo claro de ética y transparencia y reparto de la cosecha (www.nergroup.org).
Hoy, casi seis años después y transitando por la crisis más grave de la economía industrial en el último siglo, continúo ratificando cada palabra de su contenido.
La caída de la mayor cooperativa del principal grupo cooperativo del mundo ha puesto sobre la mesa si el cooperativismo y, por tanto, las cooperativas están en crisis, y en consecuencia, son un modelo caduco.
Una de las muchas cosas que nos ha aportado en las últimas décadas este mundo de consumo y despilfarro, basado en el petróleo y sus derivados, y en la locura por el crecimiento y la competitividad, es una pérdida de sensibilidad por lo pequeño, por lo sencillo, por lo inteligente, por los valores.
Cooperativas hay miles. En los medios de comunicación y en la retina quizá solo tengamos unas pocas. Pero lo que realmente estaba y está en crisis es la posición de la sociedad hacia un entorno, hacia las personas que la conformamos. Lo que está en crisis es la sensibilidad de una sociedad cada vez más dispersa, más preocupada por tener que por ser, con una brecha mayor entre los que más tienen y los que casi nada tienen.
No nos debe preocupar tanto si lo que se cae es una Cooperativa, una Sociedad Anónima o una Sociedad Limitada. La diferencia, tras su posición mercantil, solo está en cómo estas organizaciones quieren tratar sus relaciones con la Administración, ya que en las tres modalidades se puede tener unas excelentes relaciones humanas, así como existir una ética, transparencia y libertades que sean el orgullo de esa organización; igualmente se puede compartir las decisiones y los compromisos entre todas las personas que participan, sin que existan las divisiones —centenarias, por cierto— de propiedad, dirección y trabajadores; también es posible, en las tres modalidades, tomar las decisiones importantes en asambleas, comunicar e informar lo más posible —como lubricante imprescindible—; y sin ninguna duda, compartir la cosecha, es decir, repartir una parte de los beneficios obtenidos conjuntamente.
En esto quiero insistir, en que debemos ser las personas los actores de nuestra propia realidad allá donde estemos, los que debemos cambiar y actuar con estilo cooperativo y solidario, vivir con pasión e ilusión lo que hacemos, y entender que por el camino del compartir vamos mejor que por el camino de la competición personal y querer ser mejores y estar más arriba que los demás.
En mi opinión, no es por tanto el hecho en sí de dónde trabajo, sino de cómo me relaciono. No es tanto qué sociedad jurídica es aquella en la que trabajo o quiero trabajar, sino cuál es, cuál quiero que sea el estilo de relaciones y de compartir el proyecto que hay o que quiero que haya.
En la gran mayoría de las cooperativas, al igual que en los otros modelos de organizaciones empresariales, la gestión tiene un carácter piramidal, con una clara definición de la cadena de mando —procedente de la primera revolución industrial—, que continúa siendo alimentado en el modelo de enseñanza actual, donde priman el individualismo y la competitividad. Esto poco tiene que ver con los criterios que dan vida al cooperativismo de verdad.
Alguien se puede estar preguntando: ¿Y cómo cambiamos esta situación? Pues no es difícil, pero requiere de unas décadas y de una clara voluntad política, social y económica, como es hacer de la educación la base del futuro de un país.



