Decía Aitor Aurzelai en su antiguo blog que se había puesto a leer, lápiz en mano, el libro de Koldo Saratxaga, Un nuevo estilo de relaciones para el cambio organizacional pendiente, «con la intención de subrayar las ideas más interesantes y, la verdad, casi me quedo sin mina. [...] El libro está lleno de proposiciones interesantes». Nos hemos acordado de esto ayer, cuando, más que lapicero o memoria o comprensión de los proyectos basados en las personas, del Nuevo Estilo de Relaciones que Koldo comparte generosamente, lo que sentimos que necesitamos es pasar a la práctica. ¿Es posible que Aitor Aurzelai echara en falta lo mismo que nosotros, o algo parecido, aunque de buenas a primeras pensaba que lo que le faltaba era mina al lápiz?
¿Quién no se propone que cada día sea un avance, una nueva práctica en innovación, en relaciones? Ahora estamos viendo a Edurne Pasaban en marcha a la cumbre del Annapurna: cada día es una etapa más. Tramo a tramo, la meta del viaje está más cerca. Pero ahí no se terminan las cosas, pues aún queda otro 8.000 y después surgirá otro reto.
Ayer leíamos a Pedro Robledo comentando ideas de Koldo Saratxaga para indicar su esperanza en que Koldo es una de las formas de pensar que nos colocarán en el postindustrialismo. Además nos presentaba la innovación como el pasaporte para el futuro.
Palabras como «innovación» y «emprendedor» quizá nos parezcan en algún momento metas inasequibles. Una vez, hablando con un pequeño comerciante (así lo llamaría la estadística), propietario de un establecimiento con más de dos décadas y una respetable facturación, nos contaba su historia, que había salido adelante con su trabajo, ingenio, atención al cliente, constancia... pero no se consideraba «emprendedor», la palabra le parecía demasiado para él, pensaba que ese nombre lo merecían personas que hubieran creado algo nuevo.
Nosotros pensamos en ese momento que tal vez no había inventado algo nuevo para el género humano, pero sí en su vida había innovado continuamente y seguía haciéndolo. El resultado era su negocio, una creación suya de cada día, ya que cada día seguía en pie y de forma próspera, no precaria.
De una forma o de otra, es fácil darnos cuenta de que tiene razón Koldo Saratxaga cuando sostiene con tanto convencimiento: «Todos somos creativos». Esto decía a los directivos en una de las citas de CEDE, la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos, en Bilbao:
«Las personas disponemos de una habilidad, llamada CREATIVIDAD, que nos permite generar ideas, alternativas y soluciones frente a problemas concretos.»
La realidad de esta capacidad de reacción e iniciativa que todos tenemos nos permite evitar confundir la creatividad con tópicos como fantasía, imaginación, aptitudes artísticas, talento para inventar... De la identificación entre el creativo y el inventor nace el error de «asociar creatividad con producto, servicio, proceso»,nos dice Koldo.
No es así y de este mito nace a su vez una gran limitación para el futuro de las organizaciones. Entendemos igualmente a Koldo Saratxaga cuando nos urge a tener organizaciones creativas. La suma de tanta creatividad como personas es un recurso muy valioso para problemas como responder al mercado de la mejor manera, o incluso hasta encontrar mercado al que responder, que es el reto que tienen hoy muchas organizaciones empresariales.
En el caso del estilo Saratxaga, la creatividad de cada persona recibe dos multiplicadores exponenciales. No sólo al sumarse a la creatividad de todas las personas de la organización en el conjunto del avance de la misma, sino en el día de su actividad en el contexto del trabajo en equipo.
Explica Koldo Saratxaga, muy sencillamente y al alcance de todo el mundo, que aunque las personas somos lo mejor de la creación no somos perfectas. El medio de compensar nuestras limitaciones respectivas y así afrontar con éxito los retos que se nos presentan es el trabajo en equipo. Lo explica en su charla en Bizkaia Creaktiva:
«Necesitamos trabajo en equipo. Somos una joya, somos diamantes, pero no somos perfectos. Si nos unimos, el talento crece exponencialmente, nos complementamos, pero con ilusión y creyendo en las personas. El trabajo en equipo es vital.»
Algún estudioso, o unos cuantos, algún día analizarán el talento insólito del que dispone Koldo Saratxaga para construir rutas entre las ideas y la realidad, y entre los sentimientos y las emociones a la realidad del terreno que es la empresa y allí favorecer el avance de los proyectos.
Nosotros como siempre lo que hacemos es proponernos este estilo de relaciones. Ayer pensábamos en la innovación, hoy pensamos en el trabajo en equipo y en la solidaridad que significa dar lo que está a nuestro alcance.





Uno de los lujos que nos trae el fin de semana a casi todas las personas es la mayor disponibilidad de tiempo para la familia y para los amigos. Los vínculos con las personas hacen que nos sintamos realmente ricos; «soy rico en amigos», afirma Koldo en una de las entrevistas que traíamos ayer a nuestra página, y expresa una sensación que compartimos fácilmente.

