Ongi etorri, amigas y amigos! ¿Y qué decir de «transparencia, confianza y generosidad»? Porque todos sabemos lo que son y significan estas palabras, no vamos a descubrir el Mediterráneo. ¿O quizá sí? Porque ya se sabe que utilizamos las palabras para referirnos a realidades, mientras que estas tres palabras, también dentro del mundo empresarial, a menudo no encuentran realidad a la que agarrarse.
¡Cómo nos gusta a todas las personas, nos impulsa, nos lleva a dar pasos, a crecer, encontrarnos con que nos tratan así: con transparencia, que confían en nosotros, recibir la generosidad de una persona! Es una reacción que existe en el nivel personal y también en el nivel organizacional. Así que podemos decir que estos valores de «transparencia, confianza y generosidad» son una semilla, como encontramos que lo es todo lo que define a este Nuevo Estilo de Relaciones, al NER.
Por esto nos ha gustado encontrar la siguiente definición del NER en la colaboración de Koldo Saratxaga incluida en San Sebastián 2016 propuesta de candidatura al título de capital europea de la cultura:
Un NER como una manera diferente de entender la vida dentro y entre las organizaciones, donde los valores, la creatividad y la capacidad de compartir sean los pilares del éxito, haciendo que el trabajo en equipo, con libertad y responsabilidad, con transparencia y confianza, permita el desarrollo de las personas y de la sociedad que las une.
Son vida las ideas, los sentimientos, los valores y todo aquello que nos mueve a sacar lo mejor de nosotros mismos. Al contrario del «ordeno y mando» y del «no pienses, ya está pensado», que nos anula, nos condena a ser «mano de obra» a las órdenes del jefe que corresponda.
Si escuchamos a nuestros mayores, más de una vez les oiremos hablar de las relaciones de confianza que existían antaño en los negocios. Eran según esta foto que nos ofrece Koldo Saratxaga en su libro Un nuevo estilo de relaciones. Para el cambio organizacional pendiente:
El cliente es un bien al que hay que cuidar. Diría más: mimar. Cada vez son menos los clientes basados en las relaciones de amistad o de años. En la confianza sí, pero en la confianza de que se cumplirá lo acordado. En los momentos en que todo lo que se producía se vendía, cuando la oferta era siempre conocida y no excesivamente amplia ni lejana, la relación con el cliente estaba basada en contactos más o menos agradables para cambiar impresiones sobre lo que los demás departamentos informaban acerca de problemas ocurridos o necesidades que tenían, así como para hablar de programas de entregas y, una vez al año, revisar los precios. Simplifico, pero ésta es la foto con la que estoy seguro nos entendemos como estereotipo de la relación en el siglo pasado.
También podemos recuperar estas relaciones de amistad dentro de las organizaciones, con quienes trabajamos. Porque, si describimos en detalle esta amistad, vemos que se basa, tal como destaca Koldo, en el compromiso: en saber dar una palabra y mantenerla. Ser así nosotros y contar con que las personas serán así. Y si es necesario cambiar la palabra acordada, dialogar, hablar, en lugar de encontrar atajos o imposiciones para establecer un acuerdo.
Al «ordeno y mando» podemos aplicarle lo que se dice popularmente de las mentiras, que «tiene las patas muy cortas», porque impide el avance eficiente de los proyectos. Empezando por que una persona «ordenada y mandada» rendirá abrumadoramente menos que una persona a la que se trata con la mencionada transparencia. Tal vez lo hayamos comprobado personalmente, pero, sea como sea, es una experiencia a la que hoy te invitamos a prestar atención. Vamos a visualizarla según aparece en el citado libro de Koldo, contada a propósito de la visita a Irizar de tres estudiantes de Santurtzi. Como ya sabes que algún que otro viernes nos tomamos el permiso de dejarte una cita más larga, hoy también te dejamos estos párrafos que reflejan plásticamente la diferencia entre contar con las personas, con «transparencia, confianza y generosidad», e imponerles jerárquicamente una tarea:
Calculo que no tendrían, entonces, más de veinte años. Recuerdo que me llamaron porque querían tener un encuentro conmigo para un trabajo que estaban haciendo sobre empresarios y empresas.
Estuve unas dos horas contándoles qué era eso del Proyecto Irizar, qué nos diferenciaba, que la base de nuestra misión era ser un proyecto basado en las personas, cómo se creaban y funcionaban los equipos, que éramos una organización sin jerarquías, sin horarios de entrada y salida desde hacía muchos años, cómo la comunicación, la libertad y la responsabilidad formaban parte de nuestra cultura, siempre con mucho interés por mejorar como corresponde a las personas ilusionadas con un proyecto, etc.
Se quedaron sorprendidos: nadie les había expuesto una forma de trabajo parecida. Como es habitual, y más con su edad, les parecía que tenía que ser complicado y no acababan de ver eso de que las personas saben cuál es su trabajo en el equipo y no necesitan jefes que las controlen y les digan lo que tienen que hacer, sino que, como son responsables, lo hacen. Entonces se me ocurrió hacerles la siguiente propuesta:
«Imaginad que vosotros tres estáis trabajando en Irizar desde hace unos meses y os llamo para haceros el siguiente planteamiento: “Mirad, estoy pensando que dediquéis, los tres como equipo, una gran parte de vuestro tiempo durante más o menos un año, a buscar por el mundo oportunidades de compra, de nuevos proveedores, de una familia de productos de la que hoy compramos, por valor de unos diez millones de euros. ¿Vosotros cuánto creéis que podréis mejorar sobre la situación actual?”».
Recuerdo que el que estaba frente a mí, de pelo rizado y con sus pendientes, con una gran agilidad mental, dijo sin titubear: «Un treinta por ciento». Yo miro a los otros dos y les digo: «¿Qué? ¿Vosotros estáis de acuerdo?». Se miraron entre ellos, miraron al primero y dijeron: «Sí, sí, de acuerdo».
«Bien, ahora vamos a ver otro escenario. Estáis en Irizar, yo os llamo a los tres y os planteo lo siguiente: “He pensado que a partir de ahora vais a dedicar la mayor parte de vuestro tiempo, durante más o menos un año, a la búsqueda de nuevos proveedores por el mundo de unas determinadas familias de productos, con un importe aproximado de diez millones. Quiero que logréis una mejora del treinta por ciento. ¿De acuerdo? Pues en marcha, ya podéis empezar cuanto antes”».
A continuación les pregunté: «Ahora, en cuanto salgáis de aquí y crucéis la puerta: ¿qué vais a decir?». Inmediatamente, el mismo del pelo rizado, me contesta: «Este h… ¿qué se cree?». Entonces se volvieron a mirarse entre ellos, movieron la cabeza de arriba abajo y me miraron, sin más comentario. Tuve la sensación de que se fueron satisfechos.
Son un horizonte estas palabras de Koldo, un campo abierto que sin duda nos ayuda a reflexionar y a practicar.
Hasta el lunes, ¡te esperamos!

