»La capacidad de crear, de aportar, de decidir, de ayudar, de compartir, de empatía... Eso es fantástico. Pero no lo es la capacidad de querer ser siempre el primero en todo. Yo, hace 30 años, ya luchaba para que a mis hijas no les dieran notas. ¿Para qué? Yo quiero que mi hija sea feliz, no la primera o la mejor en esto o en aquello. ¡No la voy a querer más por eso! ¡Yo sólo quiero quererla! Ya desde la enseñanza se fomenta la competitividad. Este mundo es pura competitividad, y así nos va: mejores notas, mejor coche, casa más grande... ¿Queremos más? Pues seamos más humanos, más creativos, más empáticos... Por ahí tenemos que ir. [...]
»Las que nos han cambiado la vida han sido las multinacionales, la avaricia de quienes han detentado el poder, los medios de comunicación... Todos han forzado a la sociedad a vivir por encima de sus posibilidades. Nos hemos desviado demasiado hacia lo economicista. La sociedad es cada vez más consumista e individualista. Nos dejamos llevar por las personas que tienen poder, y así nos va. [...]
»Ganar más dinero no es mejorar. Una empresa necesita ganar dinero, pero no únicamente. Una empresa, y un gestor, y un trabajador, lo que tiene que hacer es generar para la sociedad: empleo, conocimiento, bienestar... Y para eso tiene que sobrevivir. Se puede sobrevivir engañando, traficando, machacando, exigiendo... o como nosotros, que sembramos, porque la cosecha siempre llega. Si tú eres generoso, recibirás generosidad. El que sólo busca dinero sólo tendrá frustraciones, nunca estará satisfecho. El que va al monte sólo a por setas, por muchas que coja, pensará que podía haber cogido más. Disfruta más quien sale a pasear y se encuentra unas setas: ése vuelve feliz. No hay que buscar el dinero, sino encontrarlo. Si no lo buscas, te vendrá. [...]
»La empresa que siembre durante esta crisis, la que apueste por las personas, la que confíe en ellas, va a salir muy reforzada. Porque estas personas son conscientes de la delicada situación y de tu esfuerzo gracias a la transparencia: conocen la realidad con todo lujo de detalles. Transparencia y confianza, no hay más. Aunque me gusta el fútbol […], me gusta más la metáfora del baloncesto para la transparencia. Sería imposible mantener un equipo de baloncesto 40 minutos en juego y en forma si no hubiera un marcador que estuviera diciendo: pierdes 63-70, te faltan 4 segundos de posesión y te quedan 2:53 de partido. En una empresa, exactamente igual: las personas necesitan manejar una información que les haga sentirse parte del proyecto. Es algo tan sencillo como pasar de ser a títere a actor. [...]»

