«Me cuesta interiorizar como razonable lo de los convenios colectivos. No creo que hoy en las sociedades avanzadas, democráticas —así es como se las denomina, aunque personalmente no conozca ninguna—, se permitiera que nos crearan normas generales, provenientes del exterior, de cómo convivir en el entorno de nuestra familia o amigos, ni tampoco que se nos tratara para todo y en todo como un número y no se tuvieran en cuenta nuestras personales y únicas características. De igual manera me parece una entente entre bloques, patronal y sindicatos, lo de discutir y aprobar los convenios colectivos. No es cuestión de analizar si fue positivo en el pasado, simplemente no sirve para el futuro. Cada Pyme siente, tiene y sueña de una manera diferente, tiene unas relaciones y unas necesidades propias, pero actualmente debe esperar a que, tras meses de sinsabores, incertidumbres, en muchos casos huelgas y más divergencias personales —cabe recordar el último convenio del metal en Gipuzkoa—, venga la receta obligatoria que a cada organización le encajará de forma diferente. Apostaría por que se colectivicen algunas bases como horas/año, salarios mínimos, aspectos de seguridad y salud laboral... y dejar que lo más próximo se acuerde con comunicación interna de los participantes de cada proyecto. Ya sé que para muchos empresarios pequeños y ejecutivos de corte clásico, las relaciones humanas con los trabajadores no son sus mayores habilidades y preferencias, pero se ha pasado el tiempo en el que todo era producir a cualquier coste. Esto, ahora, lo hace cualquiera y en cualquier lugar del mundo.
»Soy partidario de aplicar los incrementos del IPC a todas las personas en el inicio del año y como referencia permanente, también por su incidencia de cara a la jubilación. Por supuesto que apoyo, lo hacemos, que en años duros como los que estamos pasando y pasaremos, se pueda percibir salarios por debajo de lo correspondiente, y hasta donde se crea adecuado, por acuerdo de una clara mayoría, así como repartir de forma extraordinaria y generosa, sin repercutir en la base salarial, de acuerdo con los resultados positivos logrados. El objetivo debe ser mantener o crecer en personas, pero y sobre todo, asegurar la continuidad de la actividad, que supone la continuidad de la mayoría. En el futuro, con la competencia global como nueva e inevitable realidad, no será posible otro camino. Me refiero a Pymes.
»También creo positivo y necesario que trabajadores, personas con diversas responsabilidades, elegidos por todos, participen en la toma de decisiones de la organización. Debemos pensar que la mayoría de las personas quiere lo mejor para sí mismas y, por tanto, para el lugar donde trabajan, por lo que deben pasar de ser marionetas a ser actores reales y permanentes, y tomar parte a la hora de crear un guión que, cada vez más, necesita de improvisación en función de los acontecimientos. Se terminó pensar en los trabajadores en términos de obreros que deben ser mandados y controlados. Pueden y deben asumir compromisos.»

