Todavía tenemos tiempo para aprovechar las oportunidades que siempre traen consigo las dificultades, como es este momento.
Hay movimientos en las organizaciones empresariales, se están tomando decisiones al abrigo de este vendaval, pero ¿de cuánto calado? Vemos que se refieren al producto y producto como producción. Sigue teniendo mucha fuerza la manida concepción de que innovación y tecnología son lo mismo. Más que nombrar ningún ejemplo, te invitamos a que hagas tu excursión por las noticias.
Escribía Carlos Etxeberri el domingo pasado en Noticias de Gipuzkoa:
«Nada ha cambiado y porque los mismos que provocaron la catarsis, tras algún tiempo de estar agazapados, están tratando de aparecer para volver a hacer lo mismo que nos ha llevado a esta situación.»
Es posible que tenga razón porque ¿hemos oído hablar de rentabilidad y tecnología con igual vehemencia que de las personas, de valores, de sociedad? Por eso necesitamos aprovechar la oportunidad que representa Koldo Saratxaga, desde lo que responderíamos: sí.
Aunque la cuestión quizá no sea exactamente que no se hable de personas, sino que se piense y se diga, ¿y qué tienen que ver las personas con la innovación? ¿y con la cuenta de resultados? A pesar de todo, las personas van ganando terreno, ya no resulta extraño oír decir que las personas son lo más importante en las organizaciones empresariales. Hay perspectivas diferentes, que colocan a las personas en la base de la actividad. En el blog de Alberto Lacalle hemos leído una de sus opiniones sobre la innovación, tomando como apoyo ideas de Koldo:
«Alguien con miedo está orientado exclusivamente hacia su jefe.
Dice Koldo Saratxaga que “El 75% de los trabajadores que se marcha de una empresa lo hace enfadado por la actitud de sus jefes. Eso es un síntoma de que pasa algo. El 75% de los mandos intermedios se limitan sólo a cumplir órdenes y a hacerlas circular hacia abajo. No aportan nada, por eso están robando a la empresa, y además impiden que sus subordinados estén en disposición de crear, de aportar ideas, de asumir responsabilidades mayores”.
La innovación se produce en ambientes de libertad, donde no se penaliza el error y se pueden aportar propuestas de mejora. Las personas somos creativas en esencia, sólo necesitamos el entorno adecuado y unos objetivos que alcanzar.»
Buena propuesta, para leer con atención y rumiar con miras a la práctica: tener unas metas para la innovación y que se integren en la razón de ser de la organización: el servicio al cliente y el desarrollo de sus personas.
«No queremos ser esclavos del cliente, sino estar en CONTINUA RELACIÓN con él», es la idea de Koldo Saratxaga que Izaskun Agirre y Juan Carlos Alcaide recogen en su estudio sobre lo que denominan «la urgencia inaplazable del marketing industrial» y que arranca de estas dos ideas:
«En la industria no hay, todavía, una percepción del cliente como centro de la estrategia. La gestión de las relaciones es menos importante que la de la producción.»
Son ideas (y disculpa que repitamos la palabra, estamos encantados de saber que hay ideas a nuestro alrededor) con las que poder construir. Es decir, ideas constructivas si es que sabemos y logramos conseguir el sueño de hacer, no sólo de hablar o pensar.
También es constructiva esta idea de Antonio Palacián que, apoyado en Koldo, destaca el valor de las personas y el equipo sobre las máquinas:
«Se demostró que las personas, siguen siendo abrumadoramente más creativas que las máquinas, el individuo es inferior al equipo y que como dice Koldo Saratxaga “no hay que caer en la idea de formar a los jóvenes para el trabajo sino para ser personas”.»
Es una idea que hemos leído hace no mucho y hoy vuelve a ser actual. Antonio Palacián también tiene en mente a Luís Bassat (en el programa de la Sexta El Aprendiz), con su idea de que la creatividad no de gestiona, sino que se lidera, un aspecto que de nuevo nos lleva a lo que afirma Alberto Lacalle.
A la fuerza, con órdenes y temor no es posible obtener sentimientos y capacidades de las personas. Alberto Lacalle aporta como referencia a Pilar Jericó, a quien ya es habitual nombrar cuando se trata de hablar del miedo y del no-miedo —como Pilar Jericó lo denomina— en las organizaciones empresariales. Esto es lo que dice Pilar después de leer a Koldo:
«Dice Koldo “la empresa es uno de los raros reductos de dictadura que quedan en las sociedades democráticas y está pidiendo a gritos transformarse en espacio de libertad y de bienestar”. Y qué razón tiene. Las primeras empresas que se constituyeron tomaron como referencia los modelos organizativos militares y eclesiásticos de entonces. Eran modelos que servían, porque lo que importaba era que la gente obedeciera sin más. En la actualidad, perder un gramo de talento en la empresa es un lujo que ninguna compañía puede permitirse. Ya no tiene sentido que se emplee el ordeno y mando si lo que se quiere es iniciativa e innovación. Ni tampoco tiene sentido estructuras organizativas piramidales si lo que se busca es crear valor al cliente y ser competitivos en el mercado. Pero uno de los principales frenos para el cambio está en los jefes. Como dice Koldo, éstos “están agobiados de trabajo porque no quieren ceder el poder de decisión. Tienen miedo y por eso se dedican a controlar, en lugar de estimular, facilitar y responsabilizar”… Una vez más, el miedo.»
Ahora que estamos en estas fechas con familia, vacaciones, cambios, etc., ayer hicimos aquí nuestra composición de lugar inspirada por las fechas y hoy estamos estamos en plena fuerza y salud —por fortuna que debemos aprovechar— soñando y proyectando el año próximo, en el que la crisis será una palabra muy pequeña al lado de otra muy grande que empieza por las mismas consonantes: creatividad.
Y para terminar decir que el nombre de Grupo Mondragon que ayer estaba en nuestra actualidad no es el real según hoy hace notar Josu O. en un comentario en el blog CyberEuskadi. La denominación comercial es Corporación MONDRAGON.



La comunicación ha sido protagonista de nuestra página de actualidad en estos últimos días, con algunas acciones y actitudes o sentires para mejorarla o incluso establecerla. Hoy seguimos en la comunicación, con la apasionante idea de Koldo Saratxaga que da título a nuestra actualidad:
Pero no todo lo hace el líder. Mejor dicho, es imprescindible que las todas las demás personas –al principio tal vez lo hagan por propio interés y, con el tiempo, también por necesidad emocional– compartan los objetivos comunes y una comunicación directa. Requiere de todos confianza, responsabilidad y libertad:
La relación directa y la implicación en las metas comunes crean tanta energía que hacen realidad «esa gran energía emocional capaz de mover montañas», el «querer es poder»: «partimos de que si queremos, podemos», dice Koldo y nos anima con toda su experiencia y su entusiasmo:
En resumen: miles y miles de horas dedicadas por Koldo a la comunicación a través de charlas, muchas más a la comunicación en asambleas, con equipos, individualmente, etc.