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jueves, 19 de febrero de 2009

«El único error que nunca hay que cometer es que el proyecto no esté basado en TODAS las personas»



La comunicación ha sido protagonista de nuestra página de actualidad en estos últimos días, con algunas acciones y actitudes o sentires para mejorarla o incluso establecerla. Hoy seguimos en la comunicación, con la apasionante idea de Koldo Saratxaga que da título a nuestra actualidad:

«El único error que nunca hay que cometer es que el proyecto no esté basado en TODAS las personas.»

La hemos leído en ¿Sinfonía o jazz?, en la página 179, en una respuesta donde Koldo nos ofrece todo un sugestivo análisis de la doble dirección en la que siempre se desarrolla esta realidad y especialmente al comienzo del cambio organizacional.

Por una parte, nos hace ver Koldo que «contar con todas las personas» empieza en el líder de la organización, aunque de paso es aplicable a todo líder dentro de la misma, como los líderes de equipos. Hacer que cada persona se sienta parte del proyecto, importante para su desarrollo y causante de su éxito abarca un gran trabajo por parte del líder:

«La clave del éxito de las iniciativas de cambio no está nunca en la estrategia, la organización o los procedimientos, aspectos habituales de actuación según los cánones de gestión, sino en la modificación de los comportamientos de las personas. Los sentimientos son la única fuerza capaz de superar los obstáculos e inercias contra el cambio que inevitablemente tienen que surgir. El miedo, la incertidumbre, la desconfianza y otros sentimientos destructivos frenan el movimiento y ahogan la creatividad. El promotor del cambio, el líder, debe actuar directamente sobre estos sentimientos negativos para sustituirlos por emociones de diferente signo, tales como el optimismo, el entusiasmo, la confianza y seguridad, la esperanza en el futuro... Se debe poner en marcha esa gran energía emocional capaz de mover montañas.»

Pero no todo lo hace el líder. Mejor dicho, es imprescindible que las todas las demás personas –al principio tal vez lo hagan por propio interés y, con el tiempo, también por necesidad emocional– compartan los objetivos comunes y una comunicación directa. Requiere de todos confianza, responsabilidad y libertad:

«Los no implicados sólo tendrán sensación de miedo por falta de información y de implicación en lo nuevo que está sucediendo. [...] Hay que comunicar directamente y no dejarlo en manos de intermediarios.»

Prescindir de intermediarios es un esfuerzo de todas las personas y organizaciones, porque todos tendemos, más o menos, a hacer que nos saquen las castañas del fuego o a salir del paso.

Los intermediarios –sean asesores, consultores, representantes de trabajadores, expertos, etc.– no suplen la comunicación directa entre las personas que han de sacar adelante un proyecto. Además, estos intermediarios no comparten el proyecto al cien por cien por lo que, en tales condiciones, no es responsable encomendarles la dirección de ningún aspecto. En el peor de los casos, los intermediarios desarrollan intereses en beneficio propio e incluso con el resultado de un mayor o menor perjuicio ajeno. Pese a todo, los posibles errores que se produzcan en esta línea no son de los intermediarios, aunque los cometan directamente ellos, sino de quienes los utilizan para que actúen en su lugar, como indica Koldo en una frase que hemos recordado aquí en esta semana.

Lo eficaz y lo gratificante para las personas es afrontar aquello que nos separa y buscar lo que nos une, para lo que tal vez tengamos que superar temores importantes, de toda procedencia. En este sentido desarrolla Pilar Jericó sus conclusiones en su libro No miedo, donde describe a algunos de los intermediarios, con los que las personas de una organización se encuentran o a los que recurren, y también el temor que da poder a cada uno de ellos. Pilar Jericó comparte en un post de su blog las reflexiones de Koldo Saratxaga acerca de las empresas-dictaduras y el miedo que forma parte del funcionamiento de las mismas.


La relación directa y la implicación en las metas comunes crean tanta energía que hacen realidad «esa gran energía emocional capaz de mover montañas», el «querer es poder»: «partimos de que si queremos, podemos», dice Koldo y nos anima con toda su experiencia y su entusiasmo:

«En los tiempos actuales, las personas deben ser, sin ningún género de dudas, lo crítico de las organizaciones, frente a las creencias pasadas, en las que el capital y los medios de producción y las tecnologías constituían el corazón de la actividad.»

¿Cuántas personas habrán escuchado a Koldo Saratxaga hasta hoy, 19 de febrero de 2009? Miles y miles y miles.

Podemos suponer, sin temor a equivocarnos, que si esas personas han querido escucharle es «porque esperaban llevarse algo en el zurrón», como indica Koldo al saludar a los asistentes a su charla sobre Hacia un nuevo concepto de la organización empresarial.

En resumen: miles y miles de horas dedicadas por Koldo a la comunicación a través de charlas, muchas más a la comunicación en asambleas, con equipos, individualmente, etc.

Uno de los oyentes de estas charlas, del Grupo Xupera, recoge en su web esta idea que ha escuchado: «Saratxaga remarcó la comunicación entre las personas, entre los diferentes equipos, y también la comunicación con los clientes y los proveedores, como uno de los ejes vertebradores del proyecto y la actividad que más tiempo requiere.»

Tanto tiempo requiere que no debe interrumpirse en ningún momento, es decir, ser:

«permanente comunicación, una permanente relación promovida por un modelo basado en la responsabilidad y la libertad.»

Así habla Koldo en ¿Sinfonía o jazz?, páginas 180 y 250.

Y más aún, concreta el mayor valor de su modelo de gestión en sus resultados-realidades de relaciones y comunicación (página 266):

«El Modelo Irizar da resultados sobre todo desde el punto de vista de la relación, de lo que se comparte.»

En último término, esto es la clave para que la organización «funcione», su lubricante, dice Koldo en muchas páginas de su primer libro, como en la 250:

«Hay que lograr que constituya una necesidad, precisamente para el logro de esos objetivos. Debe ser el lubricante necesario para que el devenir de la organización discurra sin fricciones. Y como es muy difícil, el propio sonido del roce, de la falta del aceite, pone en evidencia la carencia y, por tanto, la necesidad de la comunicación. Es vital en un modelo como el nuestro en el que la decisión está en manos de cada persona. El trabajo en equipos requiere y facilita la comunicación y potencia el encuentro natural entre personas.»