«Recuperación» será el titular que leamos en la prensa cuando la recesión quede atrás. Cerremos los ojos e imaginemos ese momento futuro que todos, sin ninguna duda, deseamos llegue cuanto antes.
Koldo Saratxaga, con su modelo de gestión, invita a visualizar el futuro, a ver dónde queremos llegar, para, a continuación, crear ese destino. Es uno de los elementos de su modelo, como destaca, por ejemplo, la profesora Amaia Agirre en la ponencia que presentó junto con Iosu Lizarralde en el Primer Congreso de Investigación en Economía Social del CIRIEC, un estudio del que hemos tratado recientemente en nuestra página de actualidad.
¿Cómo pensamos, cómo piensas estar en ese futuro de empleo y bienestar? ¿Porque un directivo de una empresa ha llamado a tu puerta para ofrecerte un trabajo? ¿Porque recuperarás tu antiguo empleo? ¿Confías en que vuelva a soplar el viento y esperas que el mercado demande de nuevo la actividad que tú desarrollas o la cualificación que posees? ¿Acabas de proponerte llegar a ser funcionario o funcionaria para no verte nunca más en una situación de incertidumbre? En estos días se ha conocido el dato de que ha aumentado el número de personas que aspiran a un puesto en la Administración pública.
Los mercados han cambiado y ahora rechazan productos y servicios que hasta hace poco consumían o bien regulan sus niveles de consumo de otro modo. Lo que vaya a ocurrir en el futuro no conocemos qué será ni cuándo será, pese a las predicciones que acompañan inevitablemente todo informe económico, especialmente los que se emiten hoy en día. Por lo tanto, además de contar con el factor de lo que podemos hacer por propia iniciativa, tendremos que contar con la influencia del entorno y habrá que esperar su evolución. ¿Cómo esperar? ¿Invertiremos la paciencia de la que disponemos en esperar a que todo pase y el futuro florezca? ¿O esperaremos como espera quien ha sembrado, que conoce la semilla y lo que puede germinar de ella?
El futuro es la siembra, tanto si somos responsables en una organización, como si estamos al frente de nuestras familias y en nuestras vidas:
«Debe producirse un cambio, se trata de interiorizar una nueva cultura, unos nuevos sentimientos. En los tiempos actuales, las personas deben ser, sin ningún género de dudas, lo crítico de las organizaciones, frente a las creencias pasadas en las que el capital y los medios de producción y las tecnologías constituían el corazón de la actividad.
Me parece que todavía hay pocos, aunque cada día más, dirigentes que tienen asumido e interiorizado que lo realmente indispensable en su organización son las personas que la componen.
Personas portadoras de energía que es necesario desarrollar; tanto la parte física como la emocional, la mental y la espiritual. Saber que lo más importante es cómo tratar con inteligencia y eficacia esta energía para poder crear cambios y transformaciones únicas. La clave está en la energía a compartir y no en el tiempo o control de las personas.»
(Koldo Saratxaga, ¿Sinfonía o jazz?, pág. 267)

