Salir de lo urgente para pensar en lo importante, en el largo plazo, es uno de los logros principales del trabajo en equipo. Significa convertir la visión de futuro en un motor para la adecuada toma de decisiones:
«En todas las oportunidades de colaboración que he tenido y tengo, veo este como un problema muy serio. En las organizaciones actuales, es decir, las de siempre, el modelo imperante, el jerárquico, no libera energías suficientes para diseñar el futuro y para salir de la dinámica de las urgencias. […]
»Los equipos nos permiten cambiar la organización. Con ellos, liberamos a personas de las tareas aburridas que, en un 60%, no añaden valor y vamos implicando a más y más personas en retos a medio o largo plazo, con lo que separamos a la organización de lo urgente y la posicionamos en los temas más importantes y con visión de futuro.»
Cuando el riesgo de la toma de decisiones se asume sobre la base de realidades, y no ya de posibilidades, el concepto de «realidad» que cabe aplicar no se limita a aquello que se puede cuantificar. También son realidades las que generan los sentimientos y las emociones, los intangibles que no pueden definirse en cifras:
«Una imagen, un buen nombre […] pueden ser más importante que unos buenos resultados a corto. Eso no lo reflejan los indicadores cuantitativos. Eso se siente, se vive y, por ello, se arriesga.»
En definitiva, la toma de decisiones no es otra cosa que, dicho con otro nombre, «creer para crear». El hecho de que las personas de una organización decidan juntas lo importante y lo urgente aporta una clave principal respecto al alcance del cambio generado por el pensamiento organizativo de Koldo Saratxaga:
«Precisamente el modelo lo que cambia es el estilo de toma de decisiones.»

