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Nuevo Estilo de Relaciones NER Harreman Estilo Berria

miércoles, 12 de enero de 2011

«Equipos autogestionados (caos organizado)» (2)



Entre las mejores cosas que las personas suelen reflejar cuando hablan de su trabajo están los compañeros, las buenas relaciones con ellos, lo mucho que les aportan, en muchos aspectos. Y entre lo más negativo también suele hablarse se lo contrario. No es raro oír decir que tener buenos compañeros es una suerte, algo poco común.

A todos nos gustaría trabajar en un entorno de confianza, solidaridad, cooperación, respeto... Y sin embargo, ¿cómo pueden existir estos valores en un entorno organizativo en el que, nada más entrar, una persona se encuentra clasificada para realizar la función de no pensar y la de convertirse en «fuerza de trabajo» o «recurso humano»?

Cuando tratamos de usar un objeto para algo para lo que no se ha fabricado, no nos extraña si no conseguimos lo que queríamos, o nos resulta muy costoso y chapucero. Tomemos un ejemplo muy sencillo, intentemos descorchar una botella con un simple cuchillo de cocina, algo que tal vez hayamos hecho unos cuantos lectores de esta página. Se tarda mucho, mientras lo intentamos van cayendo trozos de corcho dentro de la botella, etc.

A partir de esta experiencia, podemos pensar por un momento en la situación que se crea cuando las personas, que tenemos capacidad de pensar, crear, hablar, sentir, conocer, decidir, etc., debemos actuar como fuerza física, como máquinas de obedecer. Es posible que lo consigamos, pero ¿cómo y a qué precio, tanto personal como para la organización?

Quizá sentimos no existen las condiciones adecuadas para que las personas actúen como tales en las organizaciones y para que podamos disfrutar del entorno positivo que todos deseamos.

Hay términos que utilizamos habitualmente con un significado negativo, como, por ejemplo: «problema», «difícil», «individualismo», «egoísmo»... y que funcionan como frenos, disculpas y excusas para acometer cambios innovadores en las organizaciones.

Ante esta situación diaria hay que responder con un nuevo estilo, con una nueva forma de relacionarnos y de afrontar el futuro: los equipos.

Estos dos párrafos se encuentran seguidos en el libro Un nuevo estilo de relaciones. Para el cambio organizacional pendiente, de Koldo Saratxaga. Corresponden a unos de los momentos del libro donde mejor podemos visualizar la energía del nuevo estilo de relaciones, ner, para cambiar la realidad de las organizaciones. ¿Que es muy difícil conseguir unir a las personas en una misma dirección y disfrutar de estar en una organización donde hay personas que son compañeros? ¡Pues hay que cambiar! Y en el ner se cambia sustituyendo la problemática, el individualismo, el egoísmo... por todo aquello que deseamos que exista: cooperación, relación entre iguales donde las personas dan lo mejor de sí... En definitiva, trabajo en equipo, que es el auténtico cambio organizacional, como va mostrando Koldo en estas páginas apasionantes.

Un equipo no es un número de personas elegidas por un superior para realizar una acción definida.

Un equipo está formado por un número de personas (cuatro a cinco es la mejor opción), que interesa que se elijan entre ellas, que debatan y escojan a su líder, que decidan juntos y de común acuerdo marcarse un reto, entendiendo a priori el mismo como algo muy difícil de lograr, en un tiempo determinado.

Cuánta energía —y cuánta alegría— hay en un equipo que recibe un reconocimiento a un logro al que todos han contribuido. Es posible que estemos de acuerdo en decir que es una alegría más intensa que el de una persona que muestra en soledad a los demás un logro.

El equipo es el lugar donde poder sacar nuestra energía, gracias a las relaciones con las demás personas: los acuerdos, los desacuerdos, los choques, la unión... van despertando las capacidades de las personas, su interés, todo aquello que permanece adormecido donde hay jerarquía y ordeno y mando.

Podemos cambiar la organización piramidal de un día para otro o podemos migrar hacia una organización horizontal de forma progresiva si nuestro objetivo es que los equipos actúen de manera transversal a la organización establecida. Conozco y comparto asesoramiento en ambos tipos de proceso. En ambos casos, sólo se requieren ideas claras y un liderazgo integrador.

Lo más preciado que tenemos en las organizaciones son las personas y debemos ejercitar la habilidad de obtener lo más valioso de ellas, que no es ni su fuerza física ni su capacidad de obedecer y repetir tareas.

Aunque no tengas responsabilidades sobre otras personas, sí puedes asumirlas en tu propia vida. Si el lugar de trabajo en el que te encuentras sólo cuenta con tu fuerza y tu capacidad de repetir tareas, puedes asumir el liderazgo de tu vida laboral y encontrar tus propios retos y vida como persona.