¿Te imaginas una cultura organizativa en la que exista todo esto de «ofrecer oportunidades, no control, cometer errores»? La mayoría de las personas tendrán que imaginarla, pues sencillamente esto no forma parte de la cultura organizativa jerárquica, la que aplica la mayor parte de las empresas y rige también en la mayoría de las actividades humanas. No vamos a lamentarlo, aunque lo sintamos, porque nos trae aquí la energía positiva y constructiva del Nuevo Estilo de Relaciones. Mejor, vamos a pensar en este buen párrafo de Koldo en su libro con Jabi Salcedo El éxito fue la confianza, que es una propuesta de avanzar al futuro, desde el punto en el que estamos, la mayoría en la cultura jerárquica y una minoría ya convencidos y experimentando otros modos y maneras, sean los del NER o sean otros con metas semejantes:
«Me cuesta creer cómo, tras casi una década del siglo XXI, todavía podemos pensar que las personas han nacido para ser mandadas y manipuladas por un mundo consumista en lo exterior y por una jerarquía impuesta en lo referente a su trabajo. Debemos ver la capacidad creadora y la energía positiva de los seres humanos. Todos podemos y debemos contribuir, con nuestras posibilidades, a dar oportunidades a las personas.»
Al leer esto, e incluso desde el título de nuestra página hoy, es casi imposible no pensar en una de las dos palabras de moda, como las llama Koldo: «crisis» —la otra es «innovación»—. Este tiempo es de problemas para muchas personas y organizaciones, pero los problemas pueden ser oportunidades, como se suele decir, y siempre valdrá la pena intentar la experiencia de comprobar si es así.
Koldo habla de capacidades de las personas en el párrafo citado y todos habremos comprobado que son diferentes en cada persona. No todos sabemos hacer igual de bien las mismas cosas o ni siquiera sabemos hacer las mismas cosas que otra persona. ¿Verdad que no podríamos imaginar un mundo solo con personas que supieran hacer lo mismo, lo cual, además, sería limitado, tal como los seres humanos somos limitados? Nos complementamos, otra idea en la que insiste mucho Koldo a la hora de hablarnos del elemento del NER que son los equipos autogestionados. Hoy también nos sirve para el aspecto de no controlar a las personas y asumir que hay que cometer errores si queremos crecer en conocimientos. De nuevo tomamos a Koldo como referencia para expresarlo, esta vez en unas líneas de su libro Un nuevo estilo de relaciones. Para el cambio organizacional pendiente, donde insiste
«en la necesidad imperiosa de basar nuestro futuro en la capacidad creativa de las personas, que fluye cuando la organización permite que ellas definan sus retos y que, para alcanzarlos, generen experiencias y errores que, a su vez, generan los aciertos que nutren los conocimientos.»
Cuando se actúa pendiente del control, como en función de cualquier otra meta concreta, se pierde fácilmente el sentido de la realidad. Es otra reflexión sumamente útil de Koldo que viene bien releer, en esta ocasión traída de las páginas del periódico El Correo:
«Yo no busco cosas, encuentro. Cuando te planteas una meta muy definida, pierdes libertad para observar lo que sucede alrededor y para descubrir nuevas oportunidades.»
Si aplicamos esto al control, vemos lo que ocurre a menudo en tal situación: se desfigura la perspectiva de, por ejemplo, para qué sirve lo que se hace, a quién sirve, etc., y la meta no llega más allá de evaluar o controlar que algo se haga como se ha mandado. En cambio, qué diferente es poder contar con las capacidades de todas las personas y hacerlas salir a la luz dándoles la oportunidad tanto de acertar como de equivocarse.
El tema daría para mucho, lo cual ya es un indicador de su utilidad para aprovechar problemas y errores y convertirlos en oportunidades. Para terminarlo bien hoy, compartimos esta bonita reflexión en la que llevamos pensando hace días. Trata sobre unir a las personas y trabajar juntos, en equipo, por un proyecto común. Así les decía Koldo a los asistentes a una de sus charlas:
«Os aconsejo que leáis a W. E. Deming, en La nueva economía (1993). Decía que la práctica actual es: “Clasificar a las personas, a los vendedores, a los equipos, a las divisiones y luego, recompensar a los de arriba, castigar a los de abajo”, e indicaba ya entonces, catorce años atrás, como práctica mejor: “Abolir la clasificación y el criterio por méritos. Dirigir toda la empresa como si fuera un sistema.”»
Como siempre, no es leer solamente lo que nos importa, sino tenerlo en las entrañas, interiorizarlo, para realizar el cambio cultural que necesitamos en nuestra sociedad.

