Quizá hayas visto en buena parte de toda la prensa vasca este fin de semana la noticia relativa a ner group, el éxito que ha compartido y que en el Twitter de K2K hemos definido así:
«ner group acaba de presentar su éxito organizativo en medio de esta crisis: creer en las personas, en sus empleos»
Una parte de la noticia dice que las ventas de ner group han descendido algo más de un tercio, descenso a veces más cerca de la mitad, como consecuencia del momento económico que vivimos. Es la noticia de siempre, desde hace los años que nos encontramos en esta llamada crisis. Es la mala noticia, aunque mejor que la desaparición o la amenaza de desaparición de tantas organizaciones como conocemos a diario.
La otra parte de la noticia es insólita y no la encontrarás en ningún otro sitio que no sea en la edición del sábado de los más importantes periódicos vascos, así como en su difusión hacia otros medios: Gara, Diario Vasco, El Correo, Deia, Noticias de Gipuzkoa, Finanzas, ICEX País Vasco... La noticia es que en ner group los empleos se han mantenido en estas circunstancias adversas, apenas han variado el 4%, especifican algunas fuentes.
De siempre ha sido el País Vasco motor industrial y una gran fuerza económica. Y ahora parece que nos encontramos ante algo más. A la vista de esta noticia sobre ner group, indicando el grave descenso de ventas, por un lado, y el número prácticamente invariable en los puestos de trabajo, por otro lado, ¿se puede decir que el descenso de ventas motiva la destrucción de una organización empresarial?
Si alguna consecuencia nos pone todo esto ante los ojos es que ner group están demostrando que el mercado, las ventas, la última línea de la cuenta de resultados… no son lo que gobierna la vida de una organización empresarial, ni tampoco la vida de sus personas.
Al contrario, las organizaciones de ner group están evidenciando con hechos y números que los proyectos empresariales tienen timón y timoneles propios, ideas propias y músculo propio. La respuesta del mercado es una influencia importante en la marcha de una organización, ahí tenemos el descenso de salarios que ha ocurrido en las organizaciones de ner group, al igual que en tantas otras. El mercado es importante, pero no es decisivo.
Los mercados que destruyen organizaciones pueden construirlas: organizaciones pasajeras, coyunturales. ¿Y a la inversa? ¿Pueden las organizaciones crearse mercados, crear su vida, decidir por sí mismas y de forma que sean beneficiadas todas las personas y la propia organización como entidad, además del mercado?
Merece la pena dejar estas preguntas en el aire y dedicar nuestro pensamiento, aunque solo sea por unos minutos, a esta posibilidad de evolución. Así te lo proponemos.
De lo que estamos seguros en esta página es de que no serán solo minutos lo que las realizaciones de ner group ocupen en la realidad económica actual y en la historia de estos momentos difíciles, sino páginas de innovación que sean realidades hoy y referencia para el futuro.
Para empezar, vemos no solamente los puestos de trabajo invariables, sino también unas perspectivas importantes de recuperación, como podrás leer en los enlaces que hemos compartido.
Hoy el título de nuestra página es «Experiencia compartida» y parece que no hemos hablado nada del tema. Sin embargo, ha sido protagonista implícito, porque los proyectos con el nuevo estilo de relaciones se basan en todas las personas, no en los mercados. Todas las personas tenemos experiencias que aportar y podemos compartirlas cuando disponemos de oportunidades.
¿Hay oportunidades para las personas en la cultura jerárquica? ¿Hay capacidad para ver las posibilidades que suponen las personas para una organización? Donde falta esto, puede ser porque estamos orientados al corto plazo y no tenemos capacidad para compartir experiencia, ni siquiera para crearla. En definitiva, porque no haya proyecto.
Dicho de otra forma, con estos dos párrafos de Koldo Saratxaga en su libro Un nuevo estilo de relaciones. Para el cambio organizacional pendiente:
A las personas ―portadoras de conocimiento, de ilusión, de pasión y de capacidad creativa, como seres superiores que son― no se las puede tratar como a los recursos tecnológicos, financieros o materiales. Estos últimos deben ser estrujados a corto plazo ya que su valor se deteriora con el paso del tiempo. Sin embargo, el valor de las personas que disponen de oportunidades, para sí mismas y, por tanto, para la organización, aumenta con la experiencia, con el tiempo.
Personalmente, me niego a continuar usando los términos de puro corte material acuñados en el pasado como: «recursos humanos», «capital humano», «activo», «gestión de personal»... cuando nos referimos a las personas. Son maquillajes que no nos permiten ver más lejos de una gestión basada en la competitividad y los resultados a corto plazo. Es decir, más de lo mismo.

