Empezamos nuestra última semana antes de las vacaciones de agosto, nuestro fin de un nuevo curso durante el que hemos tenido la ilusión de poder compartir desde aquí el Nuevo Estilo de Relaciones. Lo comenzamos con un cambio de enfoque en la todavía pequeña historia de este espacio web, ya que desde el mes de septiembre la página se ha centrado exclusivamente en el NER, con referencias externas a las actividades del equipo K2K cuando han sido difundidas en medios de comunicación.
La opción de comentarios se ha suprimido también en este curso, pues la actividad de K2K ha crecido tanto —son alrededor de 30 las organizaciones a las que emociona— que resultaría imposible a su equipo atender comentarios, opiniones y preguntas.
Aunque podríamos celebrar encuentros digitales, como hacen muchos medios en Internet, K2K opta por encuentros directos: las charlas —llámense charlas, conferencias, ponencias, etc.—. El equipo K2K es invitado a los más diversos foros, ya sea a una comida familiar entre colegas de profesión —por ejemplo, la comida-coloquio en la Escuela de Hostelería de Leioa con Koldo y Jabi— o a citas concurridas y de solera como la Asamblea General Anual de la Asociación Española de Fabricantes de Máquinas-Herramienta, AFM, en la que Koldo ha sido el conferenciante invitado.
A lo largo de todo este curso, y así continuaremos en el próximo en tanto K2K no acuerde algo diferente, el NER es la propuesta central de esta página. El Nuevo Estilo de Relaciones es una propuesta de cambio, no para este momento crítico, es para un largo plazo. Conocemos una de las características principales de este tiempo que llamamos largo plazo: es la era del conocimiento, tras la superación de la Revolución Industrial con su producción en serie.
Y ya regresando a nuestro día de hoy, el tema del Nuevo Estilo de Relaciones que compartimos es la «perspectiva de futuro».
Es positivo y motivo de ilusión poder pensar en el futuro. Nos sirve para sentirnos con capacidad de construirlo y también para calibrar o valorar dicha capacidad, independientemente de que nadie conoce el futuro, menos aún ahora, en esta crisis de impredecible futuro, como la describe Óscar García en su libro Cuando la propiedad no quiere ceder el poder.
Sin embargo, en todas las organizaciones empresariales, también en muchas otras de diversa índole, se acuerda el futuro que se va a tener y se pone por escrito con el título de «Visión». La «Visión» suele escribirse unida a la «Misión», que es el presente, y a los «Valores», que son los principios de actuación de una organización.
Para quienes determinan una «Visión», la pregunta, que recogemos en las páginas de Koldo Saratxaga en su libro Un nuevo estilo de relaciones. Para el cambio organizacional pendiente, es:
¿Cuántos empresarios y ejecutivos tienen una visión y una perspectiva lo suficientemente claras como para sentirse seguros y transmitirlas a su entorno?
Entendemos de sentido común que para llegar a un destino tenemos que saber cuál es, dónde se encuentra. Lo expresa muy claramente la frase de todos conocida que dice «si no sabes adónde vas, ningún camino te llevará allí».
No solamente es cuestión de situarnos, como si estuviéramos leyendo un mapa. El listón está más alto en el contexto de las organizaciones donde Koldo nos sitúa, pues en este caso el lugar al que queremos llegar no existe, a diferencia de cuando leemos un mapa. En consecuencia, se entiende que sea necesaria la seguridad sobre el futuro elegido, por el que vamos a apostar nuestros recursos. Y se comprende también que una muestra de seguridad sea saber comunicarlo a las personas con las que haremos el viaje hasta el destino...
Se comprende porque esta idea de Koldo nos lleva de nuevo a tener delante muy presente que las llamadas «empresas», a las que se define como «lugares» (instalaciones, maquinaria y equipamiento, etc.), no son las que «caminan» hacia su futuro o destino. Quienes caminan y hacen caminar los proyectos son las personas. Y las personas no se manejan como las máquinas porque no lo son.
Por lo tanto, está condenada al fracaso futuro, además de haber llegado al fracaso presente de esta crisis económica, la idea de que las personas se pueden despedir, reemplazar indefinidamente, aquí o allá donde los salarios son más baratos. No cabe duda de que esta llamada «crisis» tiene casi tantos factores como características presentaba nuestra vida económica; por lo mismo, es claro que la forma de afrontar las relaciones entre las personas dentro de las organizaciones empresariales ha sido una de las realidades que han fracasado con resultados tan crueles como los que estamos padeciendo.
A todos los participantes de una organización les interesa el futuro, el avance de su organización ―con las excepciones de no poderse generalizar que siempre se hacen a la palabra «todos»―. Entonces, hay que pensar en nuestro presente difícil y reflexionar sobre este otro panorama muy diferente que, en sus palabras, así expresa Koldo:
Si visualizamos qué futuro queremos para nuestra organización y éste es compartido, las posibilidades de encontrarnos con él aumentan considerablemente.
Aquí encontramos una segunda clave, sumamente sencilla, como todo el Nuevo Estilo de Relaciones, para dar respuesta a nuestro interés por tener éxito en crear nuestro futuro: que este sea «compartido».
Si ahora buscamos en Internet, encontraremos en multitud de páginas web este mismo retrato de las características que debe tener la «visión» empresarial ideal: clara y compartida. Incluso, en bastantes de estas páginas se habla del diálogo y de compartir, de hacer sentir, de responsabilidad individual, no tanto de mandar e imponer. Es muy parecido a lo que propone el NER.
Después, el último paso es hacerlo realidad. Y de esto ya no encontramos tantas noticias, muy pocas o ninguna. No pensamos que no las haya, sino que solemos reservamos lo que pasa en nuestra casa empresarial, en nuestra organización. No nos gusta airearlo a los cuatro vientos, con los extraños.
Por ello, ya entrando en este terreno de las realizaciones, solo nos queda decir que el NER es una forma posible de hacer las cosas en esta nueva época del mundo en el que nos ha tocado vivir, en la llamada era del conocimiento. Es una forma posible… un estilo, hay otros, pero no hay que olvidar la segunda parte: es un estilo de «hacer» las cosas.
También nos dice el NER que no hay que confundir realidades y resultados, cosecha. Una realidad es también sembrar.
Si comparto la siembra, es decir, si hemos trabajado y preparado juntos la tierra para la campaña, si hemos analizado qué, cómo y cuándo sembrar, si hemos previsto qué queremos o podemos obtener de esa semilla, si, entre todos, hemos hecho un seguimiento cuidadoso de la evolución, está claro que será más fácil analizar y sacar conclusiones de qué ha pasado y aprender para mejorar en el año siguiente.

