Las organizaciones tienen que ser eficientes, pero no solo las organizaciones tienen que ser eficientes —es una palabra que en el futuro la tendréis que oír mucho, yo llevo veinte años diciéndola—, nosotros tenemos la obligación de ser eficientes, desde que nos levantamos de la cama. No eficaces, porque eficaces es hacer las cosas y puede ser a cualquier precio, no es el concepto de la rentabilidad de las cosas. No somos eficientes en las organizaciones, tampoco nos han educado para ello. El entorno: la naturaleza, la sociedad, no puede permitirse el lujo de que no seamos eficientes. Al no ser eficientes, tampoco disfrutamos lo mismo de lo que hacemos porque no tenemos la sensación de éxito en lo que hacemos, y a los humanos nos gusta el éxito. Es muy difícil tener éxito sin conceptos económicos compartidos, es como jugar un partido de baloncesto sin saber dónde está la canasta ni contra quién se juega el partido. Lo mismo sucede sin conceptos financieros claros y compartidos, un terreno en el que la ignorancia suele aún mayor.
Todas las organizaciones tienen conceptos económicos, ¿cuántas personas en las organizaciones los conocen y los comparten? Lo normal es que sean solo dos, el director financiero y el gerente. Mirar al futuro, compartir las ideas y los conceptos mirando al futuro, pero no el futuro de las cifras. El plan del año, ¿quién lo cumple? Se justifica, pero no se cumple. El futuro se intuye y, sobre todo, se crea.
Egun on, amigas y amigos. Aquí estamos en el ecuador de la semana, con la ilusión de seguir compartiendo nuestro ner. Todos tenemos ilusiones, no es privativo de los niños, aunque lo que tal vez sí sea de mayores es el evitar expresarlas. Hablando de niños, seguramente más de un hijo o niño de la familia nos ha preguntado alguna vez lo de ¿dónde trabajas? La primera respuesta quizá la hayamos dado en los términos más tangibles, describiendo la ocupación concreta que realizamos, o la maquinaria o útiles que manejemos, o el lugar, etc. Si la conversación ha seguido por la senda de las preguntas y respuestas que tanto gustan a los más pequeños, tal vez hayamos llegado a una descripción más abstracta y al denominador común de la mayoría de los lugares de trabajo: una empresa, un hábitat fuertemente marcado por la vida económica y financiera. Así desarrollamos nuestra vocación laboral y profesional, nuestras relaciones con compañeros, en un entorno que necesita y debe funcionar en estos dos terrenos.
¿Cómo se comprende y realiza en el ner (Nuevo Estilo de Relaciones) esta dimensión económica de una «empresa»? Como todo en el ner, de forma compartida, sí, entre todos, de manera compartida, como se hace todo en el ner, contando con todas las personas, ya que este aspecto les atañe directamente. Y a la inversa, todo cuando hacemos las personas en este entorno de carácter económico-financiero tiene una repercusión en estos mismos términos.
En concreto, ¿qué información económica empezamos por conocer todos en el ner, qué datos, en qué consiste el marcador de este partido que queremos ganar? Aquí lo tienes enunciado, en la imagen que ves al pie de este post, tomada del libro Cuando la propiedad no quiere ceder el poder. En las organizaciones con el ner, todos empezamos por conocer la Cuenta de resultados del ejercicio anterior al comienzo del cambio organizativo. Esta cuenta comprende los conceptos que puedes ver en la primera columna. Son los mismos conceptos de los que seguiremos pendientes en la actividad diaria, compartiendo la información de su evolución, para saber cómo va nuestro juego en el campo. De esta forma, partimos de entrada con la ventaja de que, ya vayamos ganando o vayamos perdiendo, no vamos nunca perdidos, sino que sabemos dónde estamos, de dónde venimos y adónde vamos.


