«En los últimos 15 años la riqueza generada se ha repartido de manera pésima ya que los salarios escasamente han seguido al IPC, mientras que los resultados empresariales han sido los más generosos de la historia.
»Ahora, con las vacas flacas se pide un esfuerzo colectivo, sin el cual es evidente que no saldremos adelante: estoy de acuerdo, pero a cambio de participar realmente en la actividad de la empresa, fuera pirámides, para así sembrar juntos, repartir juntos y tener un futuro juntos. No creo en una RSC ni en una ética empresarial que no comparte y que no es transparente con la realidad en todos sus aspectos.
»En lo referente a la reducción de jornada, o la decisión es de nuevo repartir lo que hay, es decir la actividad que nos demanda el mercado, o bien los más débiles se van a la calle o permanecen excluidos que en este momento son los eventuales, los menos formados y los jóvenes que esperan. Una solución es, como plantea un sindicato, reducir la jornada y continuar todos. Esto se llama solidaridad, pero no parece que sea el sentir mayoritario porque el ejemplo no cunde y tampoco a la propiedad le gusta. Vuelvo a repetir lo que tantas veces vengo denunciando: ¿cómo es posible que haya personas en el paro y miles de empresas y por tanto decenas de miles de trabajadores, metiendo y cobrando horas extras? Nunca veo este tema encima de la mesa. Tampoco es ético que se permita desde la administración. ¿Cuándo vamos a darnos cuenta que algo debe empezar a cambiar de verdad? ¿Hasta cuándo vamos a seguir engañando y decepcionando a la sociedad y a los muchos jóvenes que esperan algo diferente?
»Por otro lado, se plantea desde la patronal que es necesario aportar competitividad y flexibilidad, es decir adaptación a la realidad según la demanda para así poder estar entre los mejores. La actividad la genera el mercado y nos la otorgan los clientes, no la propiedad ni los directivos. Sin embargo, no he conocido una organización donde el cliente sea la máxima preocupación. Quienes no entiendan esto están abocadas a la frustración y el fracaso profesional. El permanente aprendizaje, las nuevas experiencias como base del conocimiento es, y lo será de forma exponencial, base imprescindible para esta nueva era que ha nacido. Se necesita diálogo y confianza para lograrlo.
»Todo esto que planteo no lo hago desde la teoría, sino desde la experiencia real y actual: en las organizaciones con las que colaboramos, al inicio de la crisis en septiembre de 2008 las personas en activo eran 1.860; en diciembre de 2009 —con una actividad de entre el 45% y solo dos organizaciones que han mantenido el 100%— las personas en activo han sido tan solo 51 menos, producto de 45 jubilaciones y bajas voluntarias; todos los contratos eventuales se han mantenido o han pasado a indefinidos; tenemos muchos ejemplos de organizaciones cuyas personas están hasta al 90% de su salario, pero que cuando los resultados eran o sean buenos estaban o estarán hasta un 30% por encima.
»Si algo me caracteriza es mi optimismo, pero con pena y dolor vuelvo a indicar que con este modelo caduco de relaciones laborales, el futuro de la mayoría de las pymes tiene próxima fecha de caducidad. Casi nada del pasado sirve; estamos en un momento crítico de la historia, consecuencia de una sociedad mal educada y desorientada, que, por otro lado, no quiere creerse que su nivel de consumo, desperdicio y desprecio al entorno deba cambiar. Necesitamos acercarnos más a la naturaleza y aprender de ella. Por lo que parece, los humanos somos los seres más inteligentes conocidos hasta el momento. Por favor actuemos en consecuencia.
»Para movernos con facilidad en este largo caminar, en todo maratón que supone un proyecto empresarial, necesitamos un líder que se sienta cómodo llevando las riendas del proyecto. Un líder coherente, con autoridad, que disfrute de estar al servicio del proyecto y de quienes lo componen, que tiene claro que recoger, recolectar, primero y siempre supone sembrar, plantar, esperar…, es decir unir energías en una misma dirección.»

