La comunicación que permite a las personas conocer y dar a conocer capacidades emocionales permite también integrar las diferencias para encontrar elementos de unión:
«Creo en que una cultura integrada y compartida acerca más a las personas, crea lazos afectivos, genera más seguridad de cara al futuro, hace que se sientan más fuertes porque ven espacios amplios de actuación que provienen del mayor conocimiento global y de una comunicación unificadora, así como de un liderazgo cercano que genera confianza.»
Armonizar la diversidad supone así crear un proyecto común que, además de diferente, se basa en la confianza entre las personas. Se asume como cultura y en el día a día del trabajo en equipo, donde favorece el desarrollo de las capacidades de las personas:
«Sin confianza, toda creatividad, toda ilusión, toda disponibilidad del talento al servicio de la actividad son pura fantasía.»
«Confiamos en las personas y en que los equipos actúen y respondan con responsabilidad. Con estas pocas ideas sencillas hemos ido caminando.»
«Las personas aportamos más en un entorno de confianza, y libertad que de mando. Las personas aportamos más si se nos ofrecen oportunidades y se nos dan responsabilidades que si se nos controla continuamente de una u otra forma.»
La confianza nace al compartir la verdad:
«La verdad es el fundamento de la confianza y la confianza resulta indispensable para que las actividades interpersonales sean realmente efectivas.
Cuando me refiero a la verdad y su contenido, no me refiero a la verdad absoluta ―que, por cierto, nadie posee―, sino a esos pensamientos, conocimientos, noticias e informaciones de los que cuantas más personas son partícipes más cómodas, seguras y confiadas se sienten con serlo.»

