«Vivimos en una cultura de golfos que la sociedad alimenta»: es uno de los titulares elegidos por la revista Dato Álava para la entrevista con Koldo Saratxaga que publicó hace unos meses.
Al igual que Koldo Saratxaga, muchas otras personas con perspectiva sobre la vida económica nos hablan reiteradamente del papel decisivo de la codicia humana como causa de esta crisis. En esta semana, por ejemplo, lo hacía John Roberts, que ocupa la cátedra John H. Scully de la Graduate School of Economics de la Universidad de Stanford. Ha recibido el premio IESE-Fundación BBVA de Economía para la Gestión por haber unido en su trayectoria la economía académica y la gestión empresarial. Con este motivo hemos podido leer entrevistas como la que publicaba Cinco Días, realizada por Marcos Ezquerra. Así hablaba John Roberts de la afición al dinero que tanto campo ha encontrado en los años anteriores:
«Pregunta - ¿Podrán evitarse crisis como estas en el futuro?
John Roberts - En absoluto. No me cabe duda de que volveremos a ver recesiones como esta en los próximos veinte años. No aprendemos. Todos sabíamos que había una burbuja, pero nadie la paró. Todos quieren bailar mientras la música sigue sonando.»
La ambición puede perjudicar a terceros, como ocurre en el caso de algunos propietarios de organizaciones empresariales, de los que alguna noticia se está dando en el contexto de esta crisis, pero también hay casos en otros ámbitos de la vida social. Es decir, la ambición puede catalogarse como una «enfermedad» que afecta a la sociedad, con la paradoja, por otro lado, de que se considera «listo» a quien sabe acumular capital, lo que también afirmaba John Roberts:
«Pregunta - ¿No se puede crear una regulación que impida esos excesos?
John Roberts - Se puede evitar que se den hipotecas sin control, pero la gente es demasiado lista cuando se trata de ganar dinero. Encontraremos otra forma de fastidiarlo.»
Como los recursos son limitados, está claro que no todas las personas pueden aspirar a enriquecerse en el mismo máximo grado. Por este motivo se habla tanto de reparto equitativo de los recursos a nivel global. Ello nos permite comprender que atemperar la codicia debe formar parte del cambio cultural que necesitamos, una necesidad que la crisis está señalando, independientemente de que se desee o no darle respuesta.
Se repetirán crisis como éstas, afirma John Roberts. No podremos poner puertas al campo, pero sí conseguir en nuestro entorno inmediato un desarrollo económico que favorezca al máximo posible de personas, que sea resultado de la ética.
Hoy la web de El Economista publica un artículo firmado por Inma Pardo que compara las acciones para frenar el desempleo llevadas a cabo en diversos países de la Unión Europea. Se titula «Fórmulas de éxito para frenar el paro».
En España, son elementos importantes de la estrategia ante el desempleo la subvención del mismo, así como la formación. Esto se realizó también en la crisis precedente de comienzo de los años 90, de tal manera que salió de ella la generación mejor formada. ¿Es temerario preguntarnos si todo lo que esta generación tiene de formada lo tiene de desempleada o empleada con ínfima calidad? Tal vez, en lugar de temerario, sea necesario, hoy, cuando el paro entre los menores de 25 años es casi del 90% en determinadas áreas del Estado español y la media en el Estado roza el 40%, según datos conocidos este mes de octubre.
No hace mucho hemos recordado en esta página algunas secuelas laborales de aquella crisis de los 90 en las personas, por ejemplo, el caso en Japón de los «refugiados del cibercafé», que son por lo general titulados universitarios que han perdido la oportunidad de encontrar un empleo mínimamente digno y con su salario no pueden permitirse otra alternativa que pasar la noche en el sillón de un cibercafé.
Hay muchas razones para asumir por parte de las organizaciones empresariales un cambio organizacional que les lleve a ser proyectos basados en las personas. Combatir el desempleo es una de ellas, aunque expresarlo así tal vez sea exponer el lado negativo de este logro, puesto que tiene el lado positivo mucho mayor de que personas unidas en un proyecto consiguen no sólo no estar en las cifras del desempleo, sino generar más riqueza y empleo para ellas y su entorno.
Ayer, diversos medios daban noticia de los buenos resultados de Ipar Kutxa, una de las organizaciones basadas en las personas que han constituido gbe-ner, como recordaban finanzas.com y El Mundo. Uno de los aspectos que se han destacado de esta nueva asociación empresarial sin ánimo de lucro es su compromiso con el empleo.
EuskoSare lo subrayaba extensamente en su crónica de la presentación en sociedad de gbe-ner y transmitía parte de la exposición que realizó alguno de los directivos que protagonizaron dicho acto:
«Otros comentarios desde la mesa presidencial han recordado que el paro destruye personas, familias, pueblos y naciones. El paro nos hace más egoístas ampliando aún más las diferencias entre los que tienen y carecen de este bien social. Que en este mundo fragmentado mueren niños de hambre, sed y enfermedades desconocidas desde hace décadas para nuestros hijos y nietos. No se puede insistir en la crisis financiero-económica y olvidar las más profundas crisis de valores, sociales, culturales, etc. La revolución social será económica (eficiente) o no será; la revolución económica será social o no será.»
Y nuevamente, Juanjo Basterra concluye así un artículo a propósito de la huelga de hambre de dos personas por su empleo —publicado en Gara y en la web de kaosenlared.org—:
«Lo cierto es que en estas decisiones el modelo empresarial tiene mucho que ver. Esta semana se ha presentado la asociación GBE-NER, que agrupa a diez empresas y 1.300 trabajadores. En ellas, según manifestó a GARA, Koldo Saratxaga, no se ha despedido a nadie, a pesar de la crisis. Es otra forma de hacer.»
La ilustración de esta página, con este grupo de mujeres en un centro de orientación laboral y empleo, acompañada de las frases sobre la relación entre el empleo y la integración social, está tomada de la web de la Cruz Roja http://cruzrojamadrid.org/que_hacemos/empleo/