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domingo, 25 de octubre de 2009

«Innovar es un sentimiento, algo vivo»



Ayer estábamos dando vueltas a la tan traída y llevada innovación y pensando en la perspectiva más reciente que nos ofrece Koldo Saratxaga sobre este tema. Como tenemos identificado a Koldo como un punto de aprendizaje, nos gusta leerle y escucharle, además de conocer perspectivas de otras personas sobre lo que dice.

El signo de la vida es el movimiento, lo expresaron ya los filósofos griegos, y lo comprobamos de muchas formas, por ejemplo, en la naturaleza: algunos animales simulan con su inmovilidad la falta de vida, la utilizan como mecanismo de defensa y protección ante los depredadores.


Sabemos que algo se mueve porque se desplaza con respecto a un punto que tomamos como referencia. El movimiento no necesariamente es siempre hacia adelante, de progreso, puede ser hacia atrás —involución— o puede ser un movimiento circular —el destino es el mismo punto de partida— o puede ocurrir que no haya movimiento porque fuerzas con igual intensidad impulsan el movimiento en direcciones opuestas, etc.

Innovar es una necesidad siempre para seguir adelante con la trayectoria de la organización, pero en momentos como los actuales es una necesidad urgente, que reclama todo el ingenio. En esta línea, hemos leído el comentario que Josep Julián Vila intercambia en su blog con Javier Rodríguez Albuquerque.

«Lo que yo propongo es algo similar a lo que dice Koldo Saratxaga (a quien sé que sigues), lo que no podemos hacer son las cosas de ahora con los mapas mentales de antes. De cajón, vamos. Lo que pasa es que, como dices, está difícil la cosa y es por eso que estoy buscando una academia o la goma de borrar que usa M.»

La idea a la que se refiere Josep Julián ha sido expuesta por Koldo en varias ocasiones a lo largo de los últimos meses. Por ejemplo, en su conferencia en Nazaret Zentroa (puedes ver aquí el vídeo). Y hace muy pocos días la ha reiterado en su entrevista con Arturo García en Diario Vasco:

«Lo que no queremos es más de lo mismo porque más de lo mismo es igual a lo mismo. Queremos algo diferente.»

No es fácil escapar de los esquemas mentales, como indica Josep Julián, y como también expresa, es casi necesario contar con un agente externo para conseguirlo.

Si un aspecto de la vida de una organización no se ha superado o solucionado durante un tiempo lo suficientemente extenso como para que ese aspecto se haya convertido en un obstáculo que reclama atención, tal vez ello nos invite a preguntarnos si el fallo está en ese aspecto solamente o en cuántos más, comenzando por la capacidad de percepción y de reacción.

La necesidad de cambio concierne a toda la organización y hacer recaer esa responsabilidad sobre una parte de la misma tal vez suponga un desperdicio de tiempo y energía. Una reproducción a pequeña escala de esta realidad podemos observarla cuando se envía a una persona a mejorar su formación y, al regresar, esa persona no puede aplicar nada de lo aprendido porque la organización sigue como estaba. Pero mejor leamos cómo lo expone Koldo en su libro Un nuevo estilo de relaciones:

«Hemos estado muchos años haciendo muchos cursillos, mucha formación, pero en su gran mayoría no sirven para nada ¿Por qué? Simplemente, porque nada cambia después de que alguien vaya a un cursillo si antes no ha cambiado la organización. Podemos enviar a un seminario de una semana a una persona que, aparte de otras cosas, la estadística y la realidad nos dicen que está agobiada con sus temas diarios. Una persona que se pasa todo el día con el balde sacando agua de la chalupa puede recibir algunas ideas interesantes para poner en práctica el lunes siguiente cuando se reincorpore después del cursillo, estoy de acuerdo. Pero llega con mucha ilusión y, al poco tiempo, se da cuenta de que a casi nadie le interesa lo que le han contado en el seminario, incluido su jefe. Están con lo urgente.

Vuelve a lo suyo y se da cuenta de que la chalupa tiene más agua que cuando se fue al cursillo, así que tiene que ponerse a sacar agua con el balde, sin parar y a un ritmo un poco más fuerte. Cuando llega el viernes, está más cansado que antes, pero, sobre todo, está indignado y decepcionado.

Si no cambia la organización, no es con teorías aisladas, con cursillos, como podemos salir de males estructurales endémicos.»

Con esta idea de la vida y de la organización adaptada al cambio, hemos prestado atención a lo que afirmaba Koldo hace muy pocos días, en la entrevista que han publicado Noticias de Álava, Deia y Noticias de Gipuzkoa, firmada por Juanvi Baeza:

«En vez de repetir tanto la palabra innovación lo que hay que hacer es pensar más. Hace falta que las organizaciones den oportunidades para que la capacidad innovativa y creativa surja de las personas, de los más jóvenes. Innovar es un sentimiento, algo vivo.»

Ya se nos ha adelantado un blogger, Aitor Alcelay, a destacar esta idea de Koldo Saratxaga:

«Desde mi punto de vista 100% correcta su punto de vista. Considera que las empresas no innovan. Se usa mucho esa palabra pero las organizaciones no están preparadas para afrontarla.

“Innovar es una dinámica, un sentimiento, algo vivo”

“La innovación es una consecuencia de las personas con sus capacidades innatas y creativas y emprendedoras que tengan la oportunidad de utilizarlas y de equivocarse”

“Las organizaciones deben de dar oportunidades para que esa capacidad innata surja, tengan nuevas experiencias y conocimientos”.»

Éstas son ideas que Koldo exponía a Diario Vasco, en la entrevista «Las empresas caerán como moscas porque tienen un modelo caduco», firmada por Cristina Gómez Torrego. Se realizó tras la conferencia «¿Son las personas libres en las organizaciones actuales?», en los cursos de verano de la UPV-EHU.


Las organizaciones empresariales necesitan siempre ir adelante si no quieren comenzar el proceso de su desaparición. Necesitan innovar, comenzando por lo mínimo, que es actualizarse en formación respecto a su actividad, en conocimiento de su mercado, etc. Pero además deben innovar para «entusiasmar a su cliente» —en palabras que tomamos de Koldo—.

Pero ¿y las personas? ¿y los jóvenes que tienen hoy ante sí el gran reto de conseguir un empleo? ¿Cuánto abarca su idea de la innovación? ¿Se refiere a la parcela concreta en la que se han formado para desempeñar un trabajo o disponen de una visión tan amplia como lo es la vida de una organización, desde que se patea el mercado en busca del cliente con el que conectará la empresa para servirle hasta que se le dispensa una atención post-venta? ¿Se orientan a escoger en función de sus gustos o piensan en ser polivalentes y en comprometerse con la organización por entero, además de con su cometido concreto?

¿Cuántos jóvenes hoy en día están capacitados para desempeñar un trabajo mientras que su formación es nula en el campo relacional? Jóvenes y menos jóvenes, son personas anquilosadas con respecto a su relación con el conjunto de la organización porque —ya que hemos hablado del reino animal— son como polluelos en el nido, que se alimentan si les llevan el alimento, de lo contrario, mueren de hambre; es decir, no conectan con el cliente ni les atrae hacerlo. Quizá, no han tenido la oportunidad de aprenderlo y asocian «relación con el cliente» con la labor del comercial al uso.

Además, ¿cómo vamos a estar unidos a la organización si no comprendemos el lenguaje de los demás miembros de la misma? No ya saber hacer todo, sino comprenderlo en el nivel suficiente como para después pensar en compartir un idioma a la hora de hablar de metas y del esfuerzo por conseguirlas entre todos.

Sin embargo, para conseguir lo anterior no solamente sería necesario el compromiso de las personas y una formación integral, sino también, por parte de las organizaciones, ofrecer oportunidades, transparencia informativa, permitir una formación a través de la experiencia con el margen de error que ello implica... Así que terminamos releyendo el párrafo de Koldo que hemos leído antes, sobre la relación entre las equivocaciones y la innovación:

«La innovación es una consecuencia de las personas con sus capacidades innatas creativas y emprendedoras que tengan la oportunidad de utilizarlas y de equivocarse. Por eso hace falta que las organizaciones den oportunidades para que esa capacidad innata surja, tengan nuevas experiencias y conocimientos. Innovar es una dinámica, un sentimiento, es algo vivo.»




Fotografía superior: Ilustración en la web Ciencia Online. http://www.cienciaonline.com/wp-content/uploads/2007/07/cuerda2.JPG

Fotografía inferior: Polluelos de flamencos agrupados, a las dos semanas de vida. Reportaje en la web de Apple. http://www.apple.com/es/pro/profiles/crimsonwing/index2.html