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sábado, 21 de marzo de 2009

«Lo que nos interesa, en suma, es compartir esos intangibles que vamos a utilizar para conseguir los tangibles» (III): un modelo radicalmente nuevo




Cuando se publicaba ¿Sinfonía o jazz?, los «intangibles» eran una de las tendencias novedosas en la dirección y la gestión empresarial. Surgieron como una de las aplicaciones en el terreno económico del concepto de «inteligencia emocional», que había cristalizado a finales de los noventa, aunque hay quien ha señalado su primer precedente en Darwin, es decir, a mediados del siglo XIX.

Los «intangibles» estaban de moda desde hacía tiempo y en torno a ellos se habían escrito libros, ensayos y estudios, se habían propuesto modelos de gestión e incluso se habían creado organizaciones.

El término «intangibles» aparecía así en contextos diversos y hoy ha quedado como una de las palabras que forman parte del vocabulario empleado en la comunicación empresarial, principalmente.

¿Diríamos que Koldo Saratxaga se sitúa en las estela de pensadores y ejecutivos que, en las fechas contemporáneas a la publicación de ¿Sinfonía o jazz?, ideaban complejas arquitecturas empresariales a base de «intangibles» con la finalidad declarada de incrementar los beneficios?

En los párrafos de ¿Sinfonía o jazz? que ocupan nuestra página de actualidad, y que hemos compartido estos dos días anteriores, 19 y 20, Koldo Saratxaga simultanea con significado equivalente estos términos:

«cómo vamos a realizar la siembra» = «intangibles» = «compartir ideas con visión de futuro» = «todo eso que está entre líneas» = «los valores y las capacidades»

Es decir, Koldo habla aquí de intangibles igual que de valores y capacidades, y de la siembra y del compartir ideas.

Por lo tanto, nos equivocaríamos si clasificásemos a Koldo en una determinada tendencia por el uso de un término, en este caso «intangibles», pero pudiera suceder lo mismo con cualquier otro, como, por ejemplo, «caos organizado» o «equipos multidisciplinares autogestionados».

Para el caso que nos ocupa, quizá nuestro análisis debiera empezar, por ejemplo, en torno al por qué este número de términos equivalentes en el solo espacio de siete párrafos.

La primera conclusión que nos sugiere a simple vista es que Koldo se expresa con la meta de comunicar, en todos los niveles de una persona y a todos los estratos que hay en una organización: la imagen familiar de la siembra, el término más ejecutivo de intangibles, la apelación a una de las preocupaciones fundamentales de la existencia de toda persona: el futuro, otra imagen familiar con la que nos invita a abrir los ojos a lo que no es evidente: leer entre líneas, la apelación a la conciencia de la fuerza interior, etc.

La segunda conclusión, entonces, sería que no es posible encerrar a Koldo en una etiqueta, ni podremos comprenderlo a base de la llamada «crítica hidrológica» o «crítica hidráulica», es decir, de la búsqueda de «fuentes» de sus ideas.

Habremos de aceptar, o empezar a rumiar, que «Koldo inventó un modelo de gestión radicalmente nuevo.» Así lo afirman los profesores Ramon Casadesus-Masanell (Harvard Business School) y Joan Enric Ricart (IESE Business School) en su estudio Competing through business models, página 21.

Desde nuestra actualidad de hoy, éstas son las ideas que deseamos ofrecer a quienes pasen hoy por aquí con la intención de ver quién es y qué hace Koldo Saratxaga y lo que se hace en K2K emocionando.

Y proponemos leer las breves páginas de los dos días precedentes, ahora con un subtítulo que les hemos añadido: «liderar y «trabajar en equipo».