La semana pasada, Koldo Saratxaga participó con una charla en unas Jornadas sobre las personas en los proyectos empresariales, organizadas por la Escuela de Relaciones Laborales de la UPV-EHU, como ya compartimos aquí. Los últimos minutos en vídeo los trajimos a nuestra página desde el blog de Madalen Goiria. Son cinco minutos de vídeo que parecen multiplicarse asombrosamente ante las muchas sugerencias y aclaraciones que nos brindan para algo tan importante como enfocar nuestros proyectos a fin de hacerlos realidad. Y para que no pienses que nos puede el entusiasmo, echa un vistazo al post de Madalen Goiria, comentarios incluidos.
El diario Deia tuvo la iniciativa de aprovechar la cita de Koldo para entrevistarle junto con Koikili Lertxundi, también participante en estas jornadas. El autor de la entrevista es Unai Larrea y parece haber aplicado lo que tanto insiste Koldo Saratxaga de «creer en las personas y sacar lo mejor de ellas» porque ha «sacado» unas respuestas «de lo mejor», con las que hemos disfrutado —y re-disfrutado al releerlas— y hemos pensado. Puedes leer la entrevista en este enlace. Mejor dicho, deseamos que la leas. Si nos visitas tal vez porque te interesa Koldo Saratxaga y la has leído, nos gustaría que la releyeras.
Los proyectos crecen con personas, es lo que vemos claro gracias a Koldo Saratxaga. Sea cual sea nuestro proyecto o nuestro lugar, medios, etc., vemos también claro que siempre es posible involucrar en él a personas, atraer su participación. Y sin olvidar algo importante de lo que habla Koldo aquí: el cariño. Y como lo dice un reconocido gurú es cosa de tomárnoslo en serio o intentarlo seriamente. Cada persona lo definiremos de una manera, pero es probable que coincidiéramos en que el cariño tiene mucho que ver con lograr que las personas podamos dar lo mejor, con que las cosas salgan y salgan bien, con salir de considerarnos el centro del universo y dar el primer paso para aproximarnos, sin disculpas, a otros seres humanos junto a los que hemos de construir el futuro. Con frecuencia se oye a personas de diferentes gremios profesionales, sectores, etc. responder cuando les preguntan por el secreto de algo bien logrado: «hay que poner cariño».
Pues nada más por hoy. Queremos dejarte disponible todo el tiempo que pensabas dedicar a esta página para que leas a Koldo Saratxaga y a Koikili Lertxundi entrevistados por Unai Larrea para Deia.
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Enfadados con el mundo (este mundo) - Deia, 7 de marzo de 2010. Sección Economía
Koldo Saratxaga, gurú de la organización empresarial y de las relaciones laborales, y Koikili Lertxundi, defensa del Athletic y asesor de conocimiento, reflexionan sobre la crisis actual y esbozan una ruta de escape: el ser humano
LEIOA. LA extrema delgadez de Koldo Saratxaga (Sopuerta, 1947) es directamente proporcional al entusiasmo con que responde, una tras otra, y sin excepción, las preguntas que le formulan profesores y estudiantes de la Escuela Universitaria de Relaciones Laborales de la UPV, el foro donde esta fresca tarde de jueves imparte una charla sobre eso tan conocido, y sin embargo tan enigmático, como la gestión de grupos, las relaciones laborales, la asesoría del conocimiento. Pese a su enjutez, el aura de este gurú, cuyo archiconocido milagro en Irizar es venerado en medio mundo, llena el austero salón de actos cada vez que se levanta para dotar de mayor énfasis (¿o es seducción?) a su discurso, que en sus labios suena tan categórico, tan redondo, tan manifiestamente obvio («el dinero no hay que buscarlo, sino encontrarlo»; «no hay que innovar en tecnología, sino en personas»; «no quiero que mi hija sea la mejor en la escuela: sólo quiero quererla»), que al oyente no le queda más remedio que preguntarse: «¿Y por qué las cosas no son así, si deberían?».
Acabada la charla, callados los aplausos y vacías las verdes butacas, Saratxaga toma dos sillas. Una la ocupa él y la otra se la ofrece, gentil, al que será, a propuesta de DEIA, su interlocutor, Koikili Lertxundi (Otxandio, 1980), jugador del Athletic y, sin embargo, joven inquieto y buscador de respuestas, deseoso de despejar las incógnitas que plantea Saratxaga e incluirlas en el abanico de soluciones que propone a empresas e instituciones desde Gestión de Conocimiento Itzarri, la consultoría de la que es socio, la misma que ha impulsado la ya acabada conferencia. Una regla tiene este partido: prohibido no interrumpirse.
«Quien apueste por las personas, la confianza y la transparencia saldrá reforzado de esta crisis», coinciden.
Unai Larrea - ¿Es ésta una crisis de empresas, de mercados, de modelo?
Koldo Saratxaga - De las personas. Las que nos han cambiado la vida han sido las multinacionales, la avaricia de quienes han detentado el poder, los medios de comunicación... Todos han forzado a la sociedad a vivir por encima de sus posibilidades. Nos hemos desviado demasiado hacia lo economicista. La sociedad es cada vez más consumista e individualista. Nos dejamos llevar por las personas que tienen poder, y así nos va.
Koikili Lertxundi - Todo el modelo nos lleva a la crisis. Tenemos que conseguir que, en vez de que el sistema cambie a las personas, las personas cambiemos el sistema. Tú, Koldo, llevas muchos años intentado promover ese cambio, de ahí tu enfado.
K. S. - Estoy enfadado con el mundo: con los estudiantes, con los profesores, con los intelectuales, con los sindicatos, con los empresarios... ¿Por qué? Su discurso es el mismo de hace 20 ó 30 años. La sensación de incertidumbre y de inseguridad es tremenda, y sin embargo no está sirviendo para que ni estudiantes, ni intelectuales, ni empresarios cambien su discurso. Todos quieren que esto pase cuanto antes para volver a lo de antes, a los felices tiempos de los beneficios descontrolados, y no para diseñar un nuevo mundo.
K. L. - Hay un sector de la Humanidad, y me refiero a las mujeres, que tiene mucho que decir. Se están dando ya unos cambios, pero ahí hay un potencial enorme. En poco tiempo vamos a ver muchos cambios.
U. L. - Usted, Saratxaga, llama poco menos que a la revolución: reparto del beneficio, organización horizontal del poder, ni jefes ni subordinados, relojes fuera, nada de fichar... ¿Acaso preconiza un socialismo del siglo XXI?
K. S. - ¿Por qué una etiqueta? El comunismo a ultranza fracasó, pero ahora el capitalismo a ultranza está fracasando. No pongamos etiquetas. No intentemos que unos pocos dominen al resto en riqueza y poder, ni que los hombres dominen a las mujeres. ¿El beneficio? Yo digo que hay que repartirlo, pero no a partes iguales: 70% para el capital y el 30% restante para las personas. No hablo de socialismo puro, sino: «Sé inteligente y deja que cada persona dé lo que tiene». Si tú confías en las personas, si tú les sirves y dejas que sean ellas mismas, te van a dar más. La felicidad permanente no existe, pero sí la sensación de bienestar. Yo hablo de un nuevo estilo de relación. Cuanto más se relacionan las personas, más a gusto trabajan; cuanto más trabajan en equipo, más comparten y aportan, porque no compiten con el otro.
K. L. - Nosotros, en Itzarri, estamos totalmente de acuerdo con lo que propones: confianza en las personas, libertad, trabajo en equipo, fuera relojes... Tú, Koldo, les dices a los jóvenes: «Haced lo que os gusta». Eso es difícil, pero es bienestar y felicidad. En el fútbol, donde parece que todo y todos se mueven por dinero, hay un montón de jugadores que no juegan y, pese a estar forrados, son infelices.
U. L. - «Nadie ha aprovechado esta crisis para diseñar un nuevo mundo: todos quieren que pase rápido para volver a lo de antes»
K. S. - Porque no son actores, no se sienten parte de la organización.
K. L. - Y piensan: «Joder, yo lo bueno que tengo no lo puedo poner al servicio del equipo». Y ves entonces que esta gente no juega por dinero.
U. L. - Sorprende que usted, futbolista, repudie, como Saratxaga, la competitividad.
K. L. - Pues sí choca, porque además tengo una personalidad proclive a la competitividad. Yo intento canalizar mi competitividad para que surja sólo cuando la necesito, en un partido o en un combate. Pero no es trasladable a todos los ámbitos de la vida.
K. S. - La capacidad de crear, de aportar, de decidir, de ayudar, de compartir, de empatía... Eso es fantástico. Pero no lo es la capacidad de querer ser siempre el primero en todo. Yo, hace 30 años, ya luchaba para que a mis hijas no les dieran notas. ¿Para qué? Yo quiero que mi hija sea feliz, no la primera o la mejor en esto o en aquello. ¡No la voy a querer más por eso! ¡Yo sólo quiero quererla! Ya desde la enseñanza se fomenta la competitividad. Este mundo es pura competitividad, y así nos va: mejores notas, mejor coche, casa más grande... ¿Queremos más? Pues seamos más humanos, más creativos, más empáticos... Por ahí tenemos que ir.
K. L. - El problema surge cuando se asocian dinero, progreso y felicidad.
K. S. - Ganar más dinero no es mejorar. Una empresa necesita ganar dinero, pero no únicamente. Una empresa, y un gestor, y un trabajador, lo que tiene que hacer es generar para la sociedad: empleo, conocimiento, bienestar... Y para eso tiene que sobrevivir. Se puede sobrevivir engañando, traficando, machacando, exigiendo... o como nosotros, que sembramos, porque la cosecha siempre llega. Si tú eres generoso, recibirás generosidad. El que sólo busca dinero sólo tendrá frustraciones, nunca estará satisfecho. El que va al monte sólo a por setas, por muchas que coja, pensará que podía haber cogido más. Disfruta más quien sale a pasear y se encuentra unas setas: ése vuelve feliz. No hay que buscar el dinero, sino encontrarlo. Si no lo buscas, te vendrá.
K. L. - Yo encontré el dinero hace tres años, y nunca mejor dicho: estaba en Cuba cuando supe que me quería el Athletic. Hasta entonces no jugaba por dinero, ni lo hago ahora.
U. L. - Ganar dinero y crear empleo, ¿son incompatibles en tiempo de crisis?
K. S. - Si sólo quieres maximizar el beneficio, lo son, pero ésa es la visión a corto. Yo estoy hoy en 16 organizaciones [Saratxaga lidera gbe-ner elkartea, asociación que fomenta un nuevo estilo de relaciones en las organizaciones basado en las personas], y no hemos echado a nadie. Muchos, en plena crisis, nos hipotecamos, pedimos créditos, nos metemos en más jaleos, y eso que tenemos al 30 o al 40% de las personas sin trabajo pero seguimos ahí, perdiendo dinero, pero mirando al futuro. Si maximizásemos el beneficio, habríamos echado a gente para recuperarla cuando escampe. Ya lo hice, durante meses, con Irizar, en Brasil, en China, en Marruecos, y es para mí un orgullo. Nadie en el mundo había hecho eso. Tomamos una decisión, creímos en las personas, confiamos en ellas. Sembramos, y recogimos: tras aquello, la gente nos devolvió aquella confianza con creces. Y es lo que estamos haciendo este año y medio en estas 16 organizaciones: sembrar a costa de muchas pérdidas para la propiedad, porque ésa es la mejor siembra de cara al futuro.
K. L. - En Itzarri, en nuestros primeros años, nos resultaba dificilísimo pagar los sueldos, durante meses. Éramos los últimos en cobrar las nóminas. Tuvimos suerte de no hipotecarnos. Confiamos todos en el proyecto, nos unimos, y por suerte ahora estamos empezando a encaminarnos. Creímos en lo que estábamos haciendo, mantuvimos la ilusión de las personas...
K. S. - Las personas son lo más importante. Por tanto, no tomes tu primera decisión contra las personas. La empresa que siembre durante esta crisis, la que apueste por las personas, la que confíe en ellas, va a salir muy reforzada. Porque estas personas son conscientes de la delicada situación y de tu esfuerzo gracias a la transparencia: conocen la realidad con todo lujo de detalles. Transparencia y confianza, no hay más. Aunque me gusta el fútbol [Saratxaga lanza una mirada cómplice a Koikili], me gusta más la metáfora del baloncesto para la transparencia. Sería imposible mantener un equipo de baloncesto 40 minutos en juego y en forma si no hubiera un marcador que estuviera diciendo: pierdes 63-70, te faltan 4 segundos de posesión y te quedan 2:53 de partido. En una empresa, exactamente igual: las personas necesitan manejar una información que les haga sentirse parte del proyecto. Es algo tan sencillo como pasar de ser a títere a actor.
U. L. - Caparrós, tan autoritario, tan intervencionista, tan severo, ¿encaja en el perfil de líder cercano que Itzarri y Saratxaga promulgan? No parece.
(Koikili se toma sus buenos cinco segundos; Saratxaga aguarda con curiosidad y sonrisa pícara).
K. L. - El míster es una persona con una cierta edad y unas maneras muy definidas de dirigir. Pero en estos tres años yo noto que ha dado un paso adelante en esto de contar y hablar con las personas, de compartir impresiones... Ahora te prepara: este partido no vas a jugar pero el siguiente sí, vete preparándote, entrena bien... Te está motivando. Caparrós es de la vieja escuela, pero he estado con él en alguna charla orientada a esto de que hablamos y era gracioso: yo hablando de la confianza, de la transparencia, de la comunicación, y el míster al lado. Antes él no era abierto a estas cosas, pero ya va metiendo cositas. Al final, está trabajando y compartiendo once meses con 25 jugadores, 25 personas. Por desgracia, en el fútbol hay mucha jerarquización: directiva, cuerpo técnico, plantilla... Los grupos están marcados de arriba abajo y hay bastantes problemas. Muchos entrenadores no saben si dar confianza a los jugadores o si marcar una distancia desde el principio...
K. S. - Es curioso: 25 personas, once meses al año y lo poco que dialogan los entrenadores con los futbolistas. No sé de qué escuela provienen esa distancia y esa jerarquía, pero no tiene sentido. Como si por ser cercano al jugador te costará más decirle que no va a jugar. ¡Al contrario! Seguro que se lo explicas mejor y él lo entiende mejor. ¡Es la confianza!
K. L. - El modelo antiguo tiene los días contados: es muy difícil que un equipo confíe en ti si tú no confías en tus jugadores.
K. S. - La clave es la educación. Es muy difícil que un profesor de 50 años trate de tú a tú a 40 ó 50 estudiantes, o que les escuche, o que les deje participar... Tratar de tú a tú a un chaval no es perder autoridad. ¡Qué coño! Alguien que tiene capacidad de líder nunca pierde autoridad. El que pierde la autoridad es quien no tiene capacidades, quien lo que tiene es miedo, poca confianza en sí mismo. No cualquiera puede ser profesor. Por eso la evolución es tan lenta, por eso el cambio es tan lento en el mundo educativo. Pero nuestro modelo se impondrá, te lo aseguro. De aquí a 15 ó 20 años todas las organizaciones serán así, porque no queda otro remedio.

