En una ocasión, en una conversación cotidiana que teníamos, decía Joana que no entendía y no consideraba adecuado ir de víctima. Estábamos hablando de la valoración negativa que hacía el alcalde de una ciudad acerca de la realidad económica de la misma —no diremos cuál, sino solo que se encuentra fuera de la Comunidad Autónoma Vasca—, una valoración bastante acorde con la realidad. Así que la idea de Joana de no tomar el fácil partido del conformismo y la pasividad era dinamizadora y movilizadora de energías, al contrario que la opinión que acabábamos de leer, que resultaba inmovilizadora, y todo ello en el terreno ahora especialmente difícil como es la economía en cualquier nivel.
Hoy también esta idea de Joana nos sirve para conectar con nuestro tema, «continua sensación de siembra», y ayudarnos a pensar: ¿queremos construir nuestro futuro o nos conformamos con que nos lo construyan? ¿Vamos de víctimas o queremos ser y somos protagonistas de nuestros proyectos, actores de la película de nuestra vida? Y ya en esta tesitura, otra pregunta que podríamos hacernos es: ¿hasta dónde pensamos que llega el futuro?
Porque, al igual que nuestros antepasados romanos tenían una cultura según la cual el mundo era plano y terminaba abruptamente en el cabo de Finisterre, la cultura que hoy impera es la de la rentabilidad a corto plazo, es decir, el futuro se concibe con un muy pequeño recorrido. O quizá estaríamos más acertados diciendo que, actualmente, la noción de futuro no forma parte de las ideas que siguen, y de las realidades que persiguen, la mayor parte de las organizaciones. Esto es tan evidente que pocas o ninguna de las personas que nos visiten lo pondrán en duda.
Pero no nos quedemos en las apariencias y las evidencias, y avancemos un paso más. Vayamos a los motivos: ¿por qué ocurre así? Y esta respuesta hemos encontrado en el libro donde Koldo Saratxaga ha plasmado su experiencia, ideas y sentimientos del NER, Un nuevo estilo de relaciones. Para el cambio organizacional pendiente:
Hay cosas que son contradictorias: ya he comentado —y las encuestas lo avalan— que la mayoría de las organizaciones están infectadas del virus de lo urgente. Un virus del que, por cierto, ningún escalón de la organización escapa. En esta situación de achique continuo, de presión diaria, de orientación a la cosecha a corto plazo, ¿cómo se pretende tener alguna idea de futuro válida? Con esta dinámica, es imposible tener unos cimientos y generar un crecimiento que nos garantice el futuro.
En el programa formativo que ahora ha terminado en la Cámara de Gipuzkoa, desarrollado por K2K emocionando y más organizaciones de gbe-ner Elkartea, y destinado a directivos, el tercer encuentro tenía este título: «Pensando en el futuro: sembrar para recoger, mirar lejos, pensar en global». Fue impartido por Ainara, por parte de K2K emocionando, y por Jorge Darpont, coordinador del proyecto Ingemat. Si leemos la meta, el para qué, de las horas de este tercer encuentro, encontramos este objetivo triple:
Conocer la experiencia DE realizar de manera participativa y abierta la reflexión estratégica de la organización, DE ligar de manera clara y real la actividad de cada equipo a la estrategia y DE hacer el seguimiento continuo y efectivo de la misma.
Al ver este término de «reflexión estratégica», los directivos y ejecutivos que nos lean pensarán en meticulosos y detallados documentos con reflexiones y planes estratégicos y en los cuadros de mando para su seguimiento. Sobre este aspecto, bien está recordar otra útil experiencia e idea de Koldo, reflejada en el libro citado:
Sabéis que no soy muy amigo de planes estratégicos ni de nada que tenga que ver con que el futuro quede definido en aspectos cuantitativos. Me gusta más tener claras cuáles son las ideas que queremos compartir y cómo hacer de ellas nuestros valores de futuro, ya que esto sí me garantiza más el éxito en este mundo cada vez más imprevisible.
En todas las diferentes organizaciones de Irizar en el mundo, así como en todas con las que ahora colaboro, la idea es, por supuesto, conocida y compartida con todos los integrantes. Damos por hecho que estamos en un mundo global y que, por tanto, debemos estar todos con las antenas puestas en todas las oportunidades que ofrezca un entorno tan amplio, cambiante y complejo. Esto nos debe llevar a ser flexibles y polivalentes y a responder como un todo. El mercado y los clientes son algo que atañe a todos sin excepciones. Es la cultura de que los clientes están en el día a día y son la garantía de futuro. Y no son los jefes los que indican lo que debemos hacer e intuir, sino el mercado.
Es decir, que quien nos va a examinar de estrategia y futuro no es el papel, ni el jefe, sino la realidad. ¿Tenemos esto en cuenta y estamos dispuestos a aceptar el reto y a activar nuestras energías o vamos a limitarnos a la pasividad y al victimismo y al mínimo esfuerzo de intentar la rentabilidad cortoplacista?
Deseamos muy feliz comienzo de semana a todas y a todos.





