Hoy está en nuestra actualidad una firma sin conexión con el sector de las organizaciones empresariales. Es Fernando Ayala Vicente, historiador dedicado a la investigación de la política moderna y contemporánea en Extremadura, materia de la que ha publicado varios libros.
Fernando Ayala puede representar a las personas que un buen día encuentran en su viaje a Koldo Saratxaga, por cualquier casualidad o porque el destino lo ha programado, y comparten la crónica de ese encuentro o coincidencia, como en este caso desde el periódico digital Extremadura 24 horas.
A través de su crónica, comprobamos de nuevo que es cierto que las ideas de Koldo son muy sencillas de comprender, como él mismo reitera, y pueden ser compartidas por todas las personas. La importancia que esto tiene es mucha cuando se quiere compartir un proyecto y caminar unidos en equipo.
Pero aún hay otra cosa de igual importancia, y así lo hace ver en sus notas Fernando Ayala: sentir. Sentir la necesidad del cambio, sentir las ideas... no sólo saber. Éste es el conocimiento en esta nueva era del conocimiento.
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«La era del conocimiento», FERNANDO AYALA VICENTE
De esta forma se refería Koldo Saratxaga, un experto vasco en comunicación, en una conferencia a la que asistí recientemente en el Palacio Euskalduna de Bilbao aludiendo a la importancia de las personas en los proyectos y como se diferencian de las empresas que, como nos comentaba, no tienen alma. Son la simple suma de bienes y servicios.
Mientras, la creatividad, los sentimientos, el sumarse a la energía, el no ser un peso, integrarse, relacionarse... deben ser lo contrario a lo que habitualmente observamos: buscarse un nicho (un despacho, una mesa, un lugar para estar sin participar...). Nos pidió que no nos dejemos llevar, ni que nos movamos sólo en función de estadísticas que evitan ser críticos.
Además vivimos en entornos pequeños, Extremadura, el País Vasco, España... son diminutos si queremos establecer comparaciones globalizadoras. No estamos en la era de producir. Ahora con las denominadas Tecnologías de la Información y de la Comunicación se hace casi cualquier cosa en todos los lugares del mundo. Por eso, se insiste en priorizar el valor de las personas.
Por ello es importante participar de la «teoría de la huerta»: sembrar para cosechar. Como en el mundo real, los resultados no son nunca inmediatos. Es importante tener modelos, saber qué se quiere. La medida del tiempo en nuestro mundo ha variado. Cada cosa que nos rodea. Cambia rapidísimamente. La velocidad es cada vez mayor. Dejan, pues, de tener sentido expresiones como «Nunca ha llovido tanto desde hace 60 años». ¿Y qué es eso? Un suspiro en la Historia de la Humanidad.
Koldo nos invitaba a ser actores de la vida. A diseñar el futuro. A no dejarlo en manos de unos pocos. Todos somos capaces de innovar. Unos más que otros. Crecer en conocimientos evita hacer todos los días lo mismo. Hay que pensar antes qué hacer, qué quiero a que tengo.
Adolecemos habitualmente de problemas de comunicación. No hablamos. Estamos educados para intervenir sólo lo justo. Sólo si te preguntan. Hay, por tanto, que aportar, que recibir, que compartir.
Un líder debe ser un gran comunicador, si es posible sincero y sensible. En caso contrario es tan sólo un jefe. Para ello hay que sentirse seguro. Creértelo. Saber quiénes son realmente tus compañeros de viaje.
Trabajar en equipo (que no es lo mismo que en grupos). Motivados. Con retos. Potenciar la incertidumbre que genera la creatividad frente al miedo al futuro. Sentir más que saber.
Estas reflexiones configuran una dinámica de pensamiento que me llevó hacia el terreno de lo que dio en llamar el caos controlado, organizado, frente a lo pasivo. Es decir, estamos en la era del conocimiento, donde lo importante son las personas, la vida, el sentimiento, el movimiento que supone compartir tus inquietudes. El ser consciente de nuestras limitaciones y la necesidad que hay de complementarse. La tranquilidad que da saber que el trabajo realizado será reconocido por aquellos a los que de verdad va dirigido. Otros prefieren la inactividad de la estabilidad, sin percatarse de que es mucho más interesante la producción. Optan por el ser en vez del hacer.

