«Realmente, el trabajo en equipo, de verdad, es un gran cambio organizacional. Por algo se lleva escribiendo y hablando en la última década, tan insistentemente, de su necesidad.
Egiaz eta benetan, talde-lana organizazio-aldaketa galanta da. Zerbaitengatik idazten eta hitz egiten da hainbeste haren beharraz azken hamarkadan.»
Koldo Saratxaga, Un nuevo estilo de relaciones
Bienvenido y bienvenida visitante: si estás en esta página, probablemente tengas unas buenas dosis de carácter y capacidad para emprender, al igual que te reconocerás como persona que puede tomar decisiones, asesorad@ por tu mente, tus emociones y tu experiencia (=conocimientos).
Hoy nuestra página se escribe en el contexto de unas muy malas cifras de empleo. El índice de paro ha subido en muchas economías, en la española entre ellas. En la principal economía mundial, la estadounidense, ha sobrepasado las peores expectativas y las consecuencias llegan hasta Wall Street, nos dice la información económica, pues la debilidad de la economía retrae las inversiones.
Las cifras las hacen realidad las personas, es otro mensaje que nos llega hoy, como casi todos los días, pues vemos por un lado el plano humano y laboral (paro), y por otro, el financiero (disminuye la inversión, el crédito).
En la economía de Euskadi, los datos son malos, pero según Confebask el ritmo de destrucción de empleo se ha ralentizado.
Los malos datos florecen todos los días, como producto de la temporada de crisis en la que vivimos. El hecho de conocerlos nos proporciona una buena cancha para adquirir fortaleza emocional; estos datos cada día mantienen elevado el listón de las dificultades que superar o lo elevan más, como hoy.
A este aspecto se referían también los empresarios de Confebask en sus declaraciones; así decía su secretario José Guillermo Zubia: «En cualquier caso, “una vez que cobre impulso” el crecimiento, éste genera un “optimismo” que ayudará a su vez “a tirar” y a que esa mejoría sea más rápida». Nos está diciendo que la confianza en nosotros mismos, al igual que contar con la confianza de las personas que tenemos alrededor, es un gran motor. Cuando carecemos de esta confianza, carecemos también de su impulso, viene a decirnos Confebask.
La falta de confianza, tanto autoconfianza como en los demás, y la menor capacidad de iniciativa significan que, en definitiva, nos hemos descentrado respecto a lo más importante que podemos hacer y que es construir nuestro futuro. Se presupone que, primero, hemos decidido que queremos tener un futuro, y no un futuro cualquiera, sino el futuro que de verdad nos gustaría tener.
En las muchas veces que hemos reflexionado acerca del modelo Saratxaga, siempre nos ha llamado la atención este importante beneficio del trabajo en equipo para desarrollar un proyecto compartido: su potencial para centrarnos en sacar adelante el proyecto.
Ante una circunstancia, ya sea una simple discusión de las que pueden presentarse cotidianamente, un encargo, una acción comercial, etc., la pregunta de si sirve para poner nuestro proyecto en el futuro —y la respuesta que demos— puede ser la llave mágica que nos evite distraernos en discusiones que no llevan a ninguna parte, en encargos que nos quitarán un tiempo precioso que necesitamos para hacer otras cosas, etc. Y a la inversa, nos servirá para afinar mejor en muchos temas en los que se presentan opciones de efectividad no comprobada o dudosa.
Ése es un gran pensamiento estratégico que nos ofrece el modelo Saratxaga y de cuyos beneficios podemos aprovecharnos en todo proyecto, sea cual sea su contenido.
En nuestra página hoy ha coincidido el modelo Saratxaga con datos del entorno económico como el paro, con sentimientos como la confianza en las personas y con acciones como el trabajo diario por nuestro futuro. Todas estas realidades están unidas al largo plazo, aunque a veces con nuestras decisiones las tratemos como flor de un día, cosa del corto plazo. ¿El resultado? Podríamos describirlo como el dar vueltas en torno al mismo sitio, porque no avanzamos. Un ejemplo que hemos leído hoy en Un nuevo estilo de relaciones (cap. 5), merece la pena releerlo con atención:
«El gerente de una organización de unas cuarenta personas me dijo que ellos, dos años atrás, habían intuido que podían tener un incremento de la demanda y decidieron incorporar a nuevas personas; creo recordar que me habló de unas ocho o diez. Como repetía constantemente “ellos”, “ellos”… quise aclarar quiénes eran ellos y quedó claro que eran los tres o cuatro que llevaban la sociedad. Por el tipo de servicio que realizan las personas que allí trabajan, necesitan un periodo de entre seis meses y un año de formación para estar preparadas. Pues bien, ocurrió que, pasado ese tiempo, las cosas no fueron como habían previsto y entonces su reacción fue despedir a los últimos incorporados, lo que, a continuación, generó mal ambiente en la organización y desconfianza hacia ellos.
Cuando le pregunté por qué habían tomado esa decisión tan drástica que, además de lo dicho, suponía perder todo lo que habían invertido en esas personas y quedarse con una sensación de fracaso, su respuesta fue que económicamente no podían afrontar los gastos que suponía ese exceso de personas.
Le hice unos números del importe que suponían los salarios de un año de esas ocho personas en el conjunto de su actividad y de lo que podría suponer sobre su patrimonio, y le esbocé la foto que, con visión a largo plazo, hubieran podido tener hoy si hubieran peleado, todos juntos, por crecer y mantenerse unidos. Acabó reconociéndome que, en los ocho años de actividad que llevaban, siempre habían tenido resultados positivos y que, realmente, tomaron esa decisión no por motivos económico-financieros, a corto o medio plazo, sino porque ―“ahora lo veía claro”, me dijo― les había faltado visión de futuro y ser conscientes ―y más si cabe en su sector― de que las personas son lo más importante. Y que actuaron dejándose llevar por la cultura imperante.»
Unido a esto anterior, recordamos el siguiente párrafo de la entrevista a Koldo en Dato Álava que hemos leído recientemente en esta página:
«Cuando uno presenta un ERE, no tiene que pensar lo que le ha pasado en los últimos cuatro meses —donde el 80% de las firmas ha visto reducida su actividad—, sino en los últimos cinco años. ¿Dónde están todos esos beneficios? ¿Se han estropeado en cuatro meses?»
Si estás en esta página, además de tus cualidades personales, de las que te hablábamos al comienzo, es que estás dispuesto a que te hablemos asumir un compromiso a largo plazo como el que significa el estilo Saratxaga a la hora de sostener una actividad que aporte éxito a sus protagonistas:
«Entendiendo por éxito no sólo el económico, sino el que mantiene a las personas ilusionadas y enganchadas al proyecto común y no a su carrera personal y particular únicamente.»
El NER, Nuevo Estilo de Relaciones, necesita de las personas con sus emociones, sus brazos, sus cerebros... una inversión de tiempo en personas y proyectos. Los clientes no se consolidan de un día para otro, la confianza no se gana en un segundo, etc. Koldo nos lo dice gráficamente con el ejemplo de la huerta: «¿Tú siembras hoy y recoges mañana? ¡Claro que no! Pues en las organizaciones empresariales y con las personas es lo mismo».








