Si nos preguntaran: ¿tú por qué trabajas?, cada persona tenemos una respuesta. Esa respuesta indica el motor de nuestra actividad, aquello que si un día nos falta, nos haría parar.
Desde la inercia, hasta la capacitación profesional, ganar dinero, estar en el candelero, dedicarnos a algo que nos satisface... Estas respuestas y otras surgirían si lo miramos desde nuestro lado.
Pero también podemos responder desde el lado del cliente. Ayer pensábamos en el servicio al cliente y la relación gratificante en cuanto a las emociones y eficiente en cuanto a la economía. Esto es lo corriente y existen más oportunidades de lograr esta meta en determinados sectores, como el ejemplo del supermercado y su sección de pescadería. Los buenos pescados son distinguibles de los malos y está claro lo que vamos a conseguir de este producto —salvo si hacemos un experimento en la cocina o no conocemos a la persona para quien se destina—.
Es muy diferente cuando lo que se «vende» no puede pesarse ni calibrarse; por ejemplo, en el caso de los músicos contemporáneos, que han visto muy perjudicado su negocio por la piratería. Pero ¿es porque el público no valora la música o porque si le facilitan suprimir un coste opta por esto último? Hará falta la perspectiva del tiempo para valorar el gran cambio que se está produciendo en el ámbito de la comercialización en este sector y sus repercusiones en todos los aspectos para la música y los músicos.
En definitiva, todos estamos sujetos a la ley del mercado y hemos de convertir en liquidez los significados emocionales y los significados materiales de nuestra actividad.
Se dice que «el valor real de la empresa se mide por la capacidad de generar dinero que tiene» y también que «la cantidad de dinero que usted gana es la medida del valor que otros han colocado a su contribución al mercado».
Esto nos sirve a todas las personas, independientemente de nuestra posición en el mundo laboral y económico: empresarios, trabajadores por cuenta propia, por cuenta ajena, profesionales, etc.
Sin embargo, aunque la suerte es un factor importante, no lo es menos nuestra libertad y capacidad de decisión o de proveernos de las capacidades que nos permitan decidirnos por aquello que queremos en cuestión de trabajo.
Hemos releído hoy la entrevista «Las empresas caerán como moscas porque tienen un modelo caduco» y aquí hemos encontrado el equipaje que necesitamos guardar en la mochila o en el zurrón para andar sin perdernos por sendas, trochas, autopistas, montes, llanos, secanos y marismas:
«El profesor tiene que ser un animador que facilite la comprensión, la comunicación, la participación, la discusión desde niños, el respeto de otras opiniones.»
Estos valores que nos pone delante Koldo como resultado de la educación que considera más deseable hoy en día: «la comprensión, la comunicación, la participación, la discusión desde niños, el respeto de otras opiniones», nos han parecido los más adecuados para conocer el mundo laboral, para saber elegir el trabajo, los clientes que queremos, para evaluar cómo vamos, para identificar oportunidades y espejismos.
Ahora sólo falta que pongamos manos a la obra, como se dice coloquialmente, y nos lancemos a la experiencia de considerar que es posible realizar sueños como el de relacionarnos como personas en el trabajo, ganar dinero, servir, formarnos, etc. y ser felices.








