Aquí estamos un día más, desde esta ventana abierta, aún recibiendo ecos de la presentación de gbe-ner desde distintos puntos informativos, como el que hoy compartimos: portal de Economía Solidaria, una web dedicada a la divulgación y la acción en cuestiones como las finanzas éticas, el mercado social, el consumo responsable y el comercio justo, entre otras.
Economía Solidaria ofrece la entrevista de Juanjo Basterra a Koldo Saratxaga, publicada en el diario Gara el pasado sábado: «Creer en las personas es esencial ante el modelo actual imperante».
Hoy, como todos los días, nos hemos dado nuestra caminata por la Red. Son noticia en materia de trabajo datos como estos dos: «Los emprendedores 'pinchan' en la burocracia. El papeleo de las Administraciones provoca que sólo el 14% de los que quieren poner en marcha un negocio llegue hasta el final» (Cinco Días); y «El 60% de las familias españolas tiene dificultades para llegar a fin de mes» (Cinco Días). No nos han sido indiferentes estas historias anónimas relacionadas directamente con las personas y con los resultados de sus esfuerzos y sentimientos. De eso es, en definitiva, de lo que nos hablan ambas noticias.
Todo nos ha llevado hoy a querer compartir en esta página un rasgo del estilo de trabajar que estamos aprendiendo enmarcada en algo tan apasionante como es el trabajo en equipo. ¿Recuerdas las prácticas que aparecían en los libros de texto de tu etapa escolar? Más o menos en esa línea va la propuesta, ya que hay que reconocer que, aunque se habla mucho del trabajo en equipo, las buenas palabras naufragan antes de llegar a la realidad, y a la hora de la verdad el trabajo en equipo puede ser una realidad exótica. Si no hay equipos en tu organización o en tus relaciones, al menos puedes abrir la puerta mental a este esquema que te proponemos.
Nuestra propuesta es actuar con conciencia y confianza en el valor de las personas a tu alrededor.
Te invitamos a pensar que los integrantes del equipo —o las personas con las que te relacionas— son personas perfectamente capaces de hacer su aportación a las metas del equipo y no necesitan que nadie les trate con superioridad, les «dé lecciones», les hable como si conociera lo que saben, dando por sentado que sabe más que ellos, etc. Todas estas actitudes son corrientes, no hay que documentarlas en especímenes encontrados en alguna organización aislada.
Así nos muestra Koldo Saratxaga en su libro cómo se confía en las personas a la hora de trabajar. Lo ejemplifica con la experiencia de su encuentro con tres estudiantes:
«Como es habitual, y más con su edad, les parecía que tenía que ser complicado y no acababan de ver eso de que las personas saben cuál es su trabajo en el equipo y no necesitan jefes que las controlen y les digan lo que tienen que hacer, sino que, como son responsables, lo hacen. Entonces se me ocurrió hacerles la siguiente propuesta.
“Imaginad que vosotros tres estáis trabajando en Irizar desde hace unos meses y os llamo para haceros el siguiente planteamiento: ‘Mirad, estoy pensando que dediquéis, los tres como equipo, una gran parte de vuestro tiempo durante más o menos un año, a buscar por el mundo oportunidades de compra, de nuevos proveedores, de una familia de productos de la que hoy compramos, por valor de unos diez millones de euros. ¿Vosotros cuánto creéis que podréis mejorar sobre la situación actual?’”.
Recuerdo que el que estaba frente a mí, de pelo rizado y con sus pendientes, con una gran agilidad mental, dijo sin titubear: “Un treinta por ciento”. Yo miro a los otros dos y les digo: “¿Qué? ¿Vosotros estáis de acuerdo?”. Se miraron entre ellos, miraron al primero y dijeron: “Sí, sí, de acuerdo”.
“Bien, ahora vamos a ver otro escenario. Estáis en Irizar, yo os llamo a los tres y os planteo lo siguiente: ‘He pensado que a partir de ahora vais a dedicar la mayor parte de vuestro tiempo, durante más o menos un año, a la búsqueda de nuevos proveedores por el mundo de unas determinadas familias de productos, con un importe aproximado de diez millones. Quiero que logréis una mejora del treinta por ciento. ¿De acuerdo? Pues en marcha, ya podéis empezar cuanto antes’”.
A continuación les pregunté: “Ahora, en cuanto salgáis de aquí y crucéis la puerta: ¿qué vais a decir?”. Inmediatamente, el mismo del pelo rizado, me contesta: “Este h… ¿qué se cree?”. Entonces se volvieron a mirarse entre ellos, movieron la cabeza de arriba abajo y me miraron, sin más comentario. Tuve la sensación de que se fueron satisfechos.»
En suma: escuchar, dejar hacer, pensar que las persona son las que mejor saben hacer su trabajo. Esto permite que las personas se vayan sintiendo dueñas del proyecto, lo sientan como algo propio y, en consecuencia, le aporten todas las energías que aportarían a algo propio.
Todo ello se encuentra también en consonancia con el planteamiento que guía la meta de no despedir a nadie, algo que se ha destacado estos días pasados con respecto a gbe-ner. Afirma Koldo que cuando una empresa despide a una persona o a varias, todos los demás quedan tocados, porque saben que otro día pueden ser ellos los despedidos: «A algunos los echarás, pero los demás quedan tocados, porque no saben cuándo les va a tocar a ellos. Y si el día de mañana las cosas vuelven a ir bien, estarán marcados porque no saben cuándo volverán a sacar otra vez el hacha.»
Lo mismo aplica al trabajo cotidiano: si a una persona se le cortan las alas del esfuerzo, de la creatividad y de la superación con un «darle lecciones» o dar por descontado que no sabe o no vale o no quiere, esa persona dejará a un lado sus capacidades y posibilidades, y se limitará a hacer lo que le «ordenen y manden» para no tener problemas.
Este ejemplo de liderazgo que nos da Koldo Saratxaga es difícil de seguir y de encontrar, pero no imposible. Desde este punto, nos explicamos que haya quien considere elevado el nivel de liderazgo de este estilo que llamamos NER, el Nuevo Estilo de Relaciones, tan elevado que piense que sólo está al alcance de Koldo Saratxaga, prácticamente.
Nosotros no pensamos así, sino que queremos poner en juego todas las energías para hacer intervenir en nuestras relaciones esta confianza y esta humildad. Contamos con la gran fortuna del ejemplo directo de Koldo Saratxaga, estas ideas no son un ente ideal o ficticio, todo lo contrario.
Sin embargo, ¿somos capaces de ser humildes? Si pensamos que la humildad es la verdad, en el sentido de atenernos a la realidad, pensaremos también que la humildad es la inteligencia verdadera, pues nos conduce a certezas.
Parafraseando la conocida afirmación «Mientras hay vida, hay esperanza», diríamos que «Donde hay personas y se unen, hay esperanza». Ésta es nuestra respuesta hoy a los retos difíciles que vamos encontrando.
Y aunque las palabras remiten a valores que parecen abstractos: confianza, humildad, unión, estamos también hablando de realidades tangibles como economía, progreso, civilización, humanidad, personas.














